Los gorriones y el ardor

Escrito por
| 74 | 14 Comentarios

Cuando tenía ganas de sexo, Laura vomitaba un gorrión. Sentía un cosquilleo en la garganta, el plumón le raspaba en la campanilla y el gorrión salía por su boca, acabado y perfecto, piando y sacudiendo las plumas. Todos eran machos, con sus manchas negras y blancas en la cabeza. Le ocurría en cualquier sitio. Si iba en el autobús, guardaba lo más discretamente que podía el gorrión en el bolso y al bajarse en la siguiente parada lo liberaba. Si le ocurría yendo por la calle, simplemente abría la boca y dejaba que saliera volando. Si el vómito le acometía dentro de casa, tenía mucho cuidado de proteger al gorrioncillo de las garras de su gato, que ya lo presentía y a menudo esperaba agazapado junto al sofá el momento preciso en que su humana regurgitara un pajarillo para lanzarse a por él. Laura lo refugiaba en el hueco de sus manos y corriendo abría la ventana y lo dejaba partir. Le solía ocurrir una vez al mes, cuando su necesidad de sexo era elevada.

Pero un día se enamoró y sus necesidades aumentaron. Ya no era una vez al mes, sino que cada dos o tres días le sobrevenía el vómito pajaril, incluso cuando dormía, y entonces se despertaba angustiada, el gorrión piando y aleteando dentro de la boca, y en cuanto la abría, su gato atrapaba al gorrión y le asfixiaba limpiamente para luego ir a esconderse bajo la cama y devorarlo con tranquilidad. Harta de despertares angustiosos y plumas esparcidas por toda la casa, Laura empezó a dormir con la puerta cerrada y el gato maullando desesperado en el pasillo.

Laura no era correspondida por el objeto de su amor y sus ganas de sexo fueron aumentando hasta que los vómitos se sucedían cada hora. Apenas salía de casa, porque le daba apuro andar expulsando pájaros en cualquier parte: comprando el periódico en el quiosco de la esquina, mientras hablaba por teléfono en el trabajo, en la frutería al ir a pagar a la cajera… Desesperada, optó por encerrarse en casa y vomitar tranquilamente sus gorriones. Cuando el acoso del gato fue inaguantable, decidió dejarle que se comiera todos los pájaros regurgitados, hasta que llegó el día en que el gato se hartó y ya no hacía caso de los pajaritos que volaban por toda la casa y salían a la calle en cuanto veían una ventana abierta.

Un frío día de invierno, Laura dejó de vomitar gorriones. En la casa sólo quedaban tres pájaros revoloteando por el salón. Laura abrió la ventana y dos salieron volando a la calle. Sólo quedó uno posado en la lámpara de hierro forjado, piando y mirando a Laura. Ella le tendió la mano y el gorrión se posó en su palma. Laura le acarició el plumón del pecho con suavidad, sonrió y le miró con ojos golosos.

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Ninfasu

    Ninfasu

    12 mayo, 2017

    Me encanta! muy original, me ha sorprendido sobremanera. Un saludo Alice :)

  2. Imagen de perfil de Albatros Negro

    Albatros Negro

    12 mayo, 2017

    Raro. Una pregunta, ¿el gorrión es un símbolo de algo? para intentar descifrarlo.

  3. Imagen de perfil de gines

    gines

    13 mayo, 2017

    Curiosa historia, yo diría relato atrapador… Como el gato…

  4. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    13 mayo, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo Alicia y mi voto desde Andalucía

  5. Imagen de perfil de Desafinado

    Desafinado

    13 mayo, 2017

    Me ha encantado tu fantasía. Y he reído. Muy bien escrito.

  6. José Méndez

    14 mayo, 2017

    Excelente narrativa

  7. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    14 mayo, 2017

    Bellísimo relato, Alice. ¿O debería decir excelente metáfora de la creación artística?
    Mi cordial saludo y mi voto.

  8. Imagen de perfil de ContarEnBreve

    ContarEnBreve

    14 mayo, 2017

    Me ha gustado mucho y ciertamente me ha recordado a Cortázar y al Realismo Mágico. Mi voto.

  9. Imagen de perfil de alice

    alice

    14 mayo, 2017

    Muchas gracias a todos por vuestros votos y comentarios :)
    Un abrazo

  10. Imagen de perfil de VIMON

    VIMON

    18 mayo, 2017

    Un relato excelente,Alice, de una imaginación desbordada.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Abrir la barra de herramientas