A veces la vida juega contigo, te regala un par de momentos distintos que por ser distintos son especiales, son casi etéreos. Descarga unos polvos tamizados de magia antigua en tus venas y así crees que flotas entre la realidad y tus miedos, olvidas afrentas, deseos, melancolías y te parece que te deslizas, que casi no rozas el suelo. Y entonces te vuelves valiente, temerario, aceptas los retos, y durante esos instantes crees que todo ha cambiado de color, que todo es posible, que quizás esa chica morena de la cafetería te mirara cuando salgas y te devolverá una sonrisa , o tal vez que tu jefe entenderá por fin lo que vales en su justa medida y que lo que tu sientes es para siempre , que no hay fisuras , que eras feliz y que por esas cosa que tiene la vida creías erróneamente que eso de la felicidad era un cuento olvidado para engañar a tus hijos.
Y así vas estirando los días porque un minuto es un siglo y el tiempo es siempre tu único enemigo.
Pero al final nada es eterno, todo es constante, y es inevitable que un día la vida pierda su interés en ti. Y un lunes, un martes o un miércoles, te despiertes con la sensación de que ya no hay tanta magia, que los colores vienen a ser los de antes y que en realidad no es que fueras tan feliz.
Es la realidad sometiéndote a su implacable dictadura, a ti y ocho mil millones de personas más.
Como bien dice Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio “





Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Lauper
Preciosa reflexión, saludos y mi voto
gonzalez
Me gustó mucho, Tono. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.