Normalidad

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Se conocieron en alguna tarde de algún lugar, se reencontraron entre alguna jugarreta del destino, eligieron caminar juntos sin tomarse de la mano, acompañar sus soledades mientras el tiempo les fuera mutuo. Trabajaron como colegas durante el día y jugaron a ser amantes durante la noche. Cada atardecer se desvestían los cuerpos y las almas en medio de sexo y tertulias; cada mañana se vestían de realidad. Ella se sentía una niña en su presencia, casi dos décadas la distanciaban del hombre que perturba sus noches, él se sentía muchos años más joven, como un adolescente en éxtasis, frente a la mujer que velaba sus días; juntos, no tenían edad, ni prejuicios, ni condiciones, ni pasado y por supuesto tampoco futuro.

Estaban inmersos en un limbo donde podían sentir casi cualquier cosa: amistad, atracción, pasión, lujuria, rabia, miedo y hasta odio; lo único que no podía entrar en aquel mundo creado era el amor. No obstante todo era una farsa, él le pidió lo único que ella no podía darle, le pidió que no lo amara, pero ella ya estaba enamorada; no tenía elección, amar era su forma de vivir, poner el corazón en cada palabra, en cada acto, en cada sonrisa, era su forma existir. Por eso ella mintió, juró dejar el amor fuera, cuando fue lo primero que existió y cada día a su lado perfeccionó el arte de amar en silencio. Él también mintió, y de la peor forma, les mintió a los dos, juró no enamorarse pero lo hizo; primero se enamoró de su cuerpo, luego quedó cautivado por su mente, pero la verdadera traición fue amar loca y perdidamente su todo.

La verdad se engendró en los sueños, nació de la tragedia y llegó al mundo en silencio; entre la noche y el alba tomó forma, rompió el tiempo y ganó su espacio. Frente a frente, con la vista trabada en la infinidad de una mirada, por primera vez fue él quien retrocedió, quien desvió la mirada, quien rompió el silencio, y por primera vez ella fue refugió. La primera lágrima abrió el camino, las otras muchas se lloraron desde dos corazones y finalmente el amor inundó el mundo. Todo lo que habían conocido pareció extraño, era como si nunca antes se hubieran visto, pero se reconocieron, y en la enternidad que dura un instante se amaron.

La mañana los encontró abrazados, con los corazones entrelazados, ambos sabían la verdad pero prefirieron vivir su mentira y como cada día se acomodaron el pelo, se alisaron la ropa y salieron al mundo cubiertos de normalidad.

Comentarios

  1. Mabel

    31 mayo, 2017

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida

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