Le dijo que sería la última vez, y ahora debía alumbrar el camino tras haber matado al único sol de una galaxia, tomar posesión de su energía para canalizarla hacia un mísero planeta escondido.
Estaba con un hartazgo tal que se desbordaba de su alma. Decidió que ya no sería juguete del Amo nuevamente. Si su destino era la conversión en partículas atómicas, que así fuera. No regresaría a la Base Madre nunca más.
Habiendo pensado esto, se detuvo ante la estratósfera de un planeta azul desconocido y dirigió, por última vez, la energía hecha luz de un ser vivo cósmico hacia un punto indescifrable en la corteza terrestre, para que fueran guiados tres hombres portando obsequios con un propósito desconocido para su conocimiento.
Terminada la misión, apagó su chispa divina y cayó hacia la atmósfera, quemando sus alas y aterrizando en un bosque cercano.
Y así, cuando despertó, se sacudió las cenizas de lo que anteriormente fueran sus alas y comenzó a caminar, con rumbo incierto, en dirección opuesta a donde se hallaban varias gentes reunidas en torno a un pesebre…





Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Alex y mi voto desde Andalucía
Strophantus
Gracias, Mabel.