Nothomb comienza su trama cuando relata que un soldado de los USA, Kevin Marble, escribe desde Irak a la novelista belga, y le cuenta que cada día hay mas gordos en Mesopotamia que combaten la depresión con la comida. Si en Vietnam las tropas soportaron el horror con el opio, que no conseguirian al volver a su país, en Irak lo soportan con la comida chatarra que seguirán comiendo en todas partes. Marble señala que nadie se convierte en un repugnate budín humano por gusto propio, sino que es el saldo a pagar de una vida indigna.
“He cometido crímenes de guerra, he comido como un mostruo insaciable. Nuestras filas están llenas de asesinos tragones de mi misma calaña. Que no hayan engordado muchos de ellos solo demuestra que sus infamias, convalidadas por el código de honor militar, no pesan sobre su conciencia. Es que son peores que yo”.
El amortiguador moral ideológico de Kevin es que, quienes se mantienen delgados durante la guerra, es porque son más reprobables que los que se destruyen a si mismos con cucharadas de crema-mantecado y papas fritas-pexi.
“Nosotros al menos mostramos nuestra culpabilidad con las lonjas. Nuestros remordimientos y fallas no son discretos”. Marble ha engordado 130 kilos por vergüenza, frustración y transferencia de culpa y castigo. Eso pesa su infamia: “La grasa es el medio que he encontrado para dejar constancia sobre mi cuerpo del mal que he hecho con la guerra”.
Nohomb intuye las consecuencias políticas de esas confesiones. Si la huelga de hambre ha sido una forma de protesta, la voracidad autodestructiva, el atracón de comida, también puede serlo. El soldado Kevin no se ha deteriorado en vano -su Lento suicidio- revela una situación enajenante e injusta. Amelie, la belga, le sugiere que entre al Body Art, como protesta viviente (deteriorante) del nefasto consumismo imperialista.
La diferencia es que a Kevin sus lonjas le dan asco. Este desprecio de si mismo muestra que puede ser otro tipo de artista. El no representa la tragedia, él es la tragedia. La utopía de la gordura (euforia por comer) se vuelve autoagresión y la rebelión se derrumba, se contiene a si misma con toneles de manteca.
Entonces, la improbable ONG de Obesos sin Frontera o de Tragones Anónimos carecen de sentido. El planeta vuelve a ser el sitio absurdo, en el que por cada párrafo leído en este artículo han muerto ocho o diez personas de hambre y donde cada vez una mayor proporcion de gente amortigua la angustia de vivir con toneladas mortiferas de comida y diabetes embotellada. Igual que los Lemmings, aunque en cámara lenta.
CORTEX





Sosias
Veo que como buen terapeuta le interesa la tragedia de la muerte por inanición ,y ,como no,el problema de la obesidad cualquiera que sean sus causas. Es un contrasentido, un drama inmenso, tanto lo uno como lo otro.
Gracias por prestarle la atención que se merece ,tanto al que se muere de hambre, como el que se mata por hartazgo de comida.Los unos, nos producen una pena inmensa al ver sus cuerpecitos desnutridos, y todos deseamos ayudar para desterrar a ese jinete del apocalipsis.
Los otros, no se merecen nada? Ni tan siquiera pensando que obedecen a los mismos intereses?
Tanto el hambre como la obesidad tienen el mismo dueño:la posesión de dinero y poder de los más fuertes.Hay verdaderos dramas detrás de una persona obesa,y el trato que se les da es inmisericorde.Gracias y mi voto.
Mabel
Tenemos tanta ansiedad por la comida y tenemos tanta y en gran cantidad que no observamos que hay personas peores que nosotros que lo están pasando realmente mal. Somos muchas veces tan egoístas que no vemos el daño que hacemos y el cual provocamos continuamente. Un abrazo Alfonso y mi voto desde Andalucía.
Cortex
Gracias por tu disertación, Sosias. Totalmente de acuerdo. Los inocentes hambrientos, por la desigualdad de una sociedad egoísta y acumuladora. Y los otros, también acondicionados, desde niños, por el patrón del hartazgo golosinero y el dispendio; llegan a la edad de formar su personalidad y se vuelven “victimas conscientes” de su necesidad de comer para llenar su existencia. Una muerte por carencia y, la otra, por llenadera lenta, letal y colectivamente, suicida. Como los Lemmings.
Gracias, Mabel, una buena interpretación del drama goloso versus el egoísmo menesteroso de la desigualdad socio-política que prevalece en Latinoamérica,
Cortex
Eva Santana
Me gusta lo de en cámara lenta. Muy gráfico.
Cortex
Gracias, dona Eva: un suicidio colectivo, lento -silencioso pero obvio- del hartazgo por la vida.
Cortex