Son curiosos, los sentidos. Y para los que escribimos, es muchas veces un reto el transmitir a nuestros hipotéticos lectores las sensaciones que por ellos percibimos.
El color de un objeto puede describirse, y cualquier persona imaginará sin problemas la diferencia entre un rojo brillante y un rosa pálido.
Lo mismo que las sensaciones que se nos transmiten por el tacto: la dureza o blandura, suavidad o aspereza, la frescura o el calor.
Los sonidos empiezan a causar problemas. Si es agudo o grave, intenso o débil, forma parte de la experiencia de cualquiera, pero al llegar al timbre, nos quedamos sin palabras. Una voz “aterciopelada”, o “tierna”, o “fría” como el hielo. Ni el terciopelo, ni la ternura, ni la frialdad, son atributos propios del sonido.
Pero cuando nos metemos en un verdadero laberinto es con los olores. Describir un olor a quien no tenga experiencia previa de él, es intentar describir el rojo a un ciego.
Relatamos los sentimientos que nos provoca: es agradable, nauseabundo, persistente, embriagador.
Tomamos prestados adjetivos de otros sentidos: fresco, cálido, dulce, punzante…
Pero no hay más referente válido para un olor, que él mismo. No se puede describir de manera satisfactoria el olor a naranja, o a alcohol, a carne podrida o a rosas frescas, a quien nunca lo haya experimentado.
Pongamos por caso un ejemplo, una manzana.
Su color es verde amarillento claro, con un brillo atrayente. Su forma, redondeada, pero sin llegar a ser esférica, con dos hoyuelos en los polos.
El tacto de su piel es liso y casi resbaladizo. Su pulpa es firme y húmeda, con la consistencia precisa para que nuestros dientes se claven en ella sin esfuerzo.
Si cae del árbol, origina un sonido sordo, casi inaudible al chocar contra el suelo.
Su sabor es dulce, con un punto de acidez.
¿Pero, a que huele?:
A manzana, solo a manzana.





Desafinado
Sutil. Me has fascinado.
Sol
Muchas gracias, desafinado. Me alegro que te haya gustado
Luis
Bellísimo texto, Sol, por cierto, ¿a qué huele el Sol? Un abrazo y mi voto, sin duda!
Sol
El sol huele a arena caliente, a brillo cegador, a vidrieras transparentes.
En resumen, huele a sol.
Gracias por leer y comentar.
Manger
Muy bueno el planteamiento de tu artículo, Sol; es cierto que los sentidos se solapan a veces entre ellos, se ayudan unos a otros, creo que para paliar en parte su propia incapacidad para identificar según qué cosas. Pero no siempre aciertan en dar con la solución, nos dejan con el despiste en el cerebro. Mi felicitación y el voto, junto con mis saludos cordiales.
Sol
Creo que se denomina sinestesia al fenómeno de percibir sensaciones correspondientes a otros sentidos: oler los colores, saborear la música.
Hay personas que realmente padecen (o gozan, vete a saber) de esta anomalía. Pero en literatura, e incluso en la vida cotidiana, frecuentemente hacemos uso de esta licencia.
Muchas gracias por leer y comentar.
GermánLage
Un texto muy sutil y curioso, Sol. En el futuro lo tendré presente al escribir, tanto por las observaciones que contiene sobre los sentidos como por el modo de exponer las ideas. Un bello texto.
Mi cordial saludo y un “me gusta” más para ti.
Sol
Muchas gracias, Germán. Me satisface que te haya gustado. Un cordial saludo.
Mabel
Muy buen relato, me encanta. Un abrazo Marisol y mi voto desde Andalucía
Sol
Gracias, Mabel. Eres siempre muy generosa con tus votos y tus comentarios.
Un saludo
ContarEnBreve
Qué gran descripción, gran maestría. Saludos y ahí va mi voto.
ther
Increíble
Magali.Barletta
Fantástico. ¡Me encantó!. Un beso grande Sol.
elereide
Buen escrito. Me gusta.
VIMON
Hay que aplicar la sinestesia, Sol. Para mi la manzana verde canta canciones del campo…
Sol
Muchas gracias a todos por dedicar vuesstro tiempo a leer y comentar. Un saludo afectuoso