Whalt Whitman escondía kábalas en sus barbas blancas

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Debe haber sucedido un año desde que aquella alma llena de sabiduría que emergía de la librería Lerner respondió a una de mis necesidades. Al preguntarle qué me recomendaba leer para iniciarme en saberes previos sobre el ocultismo y esoterismo dispuso en mis manos un viejo libro manchando por las cenizas de cigarrillos: Historia de las doctrinas esotéricas de Jean Riviere.

Bastó una ojeada para llamar mi atención. Iniciaciones egipcias, los enigmas de los gitanos, Kábala judía, reflexiones sobre el origen del universo, contemplaciones de la vida austera, órdenes numerológicos y el enigma del Verbo. Prometí volver algún día y hablar con el anciano.

Nunca fue así y hace poco supe que había muerto. Mi negligencia me ha hecho perder una de las conversaciones más vitales de mi vida. Se ha transmigrado un genio, el universo como una mancha purpurea que se dilata en una sustancia aceitosa.

Me genera gran inquietud el saber que seres humanos de épocas remotas entendían, con el uso de diferentes lenguajes, las leyes naturales del universo mucho antes de que la ciencia moderna tan siquiera las contemplara: el Bereschith como aquel comienzo previo al Génesis explicando el origen del todo, del orden, del caos y del ser. Big Bang le llamamos y también genera incertidumbre el no poder asimilar que no debe existir una causa de la causa para explicar un estado. El eterno enigma.

Así como el universo es extenso, finito y diverso en manifestación de igual forma lo es la humanidad. El homo sapiens es un resultado, me explico, no es un hecho aislado. Por lo tanto en cada uno de nosotros existe cada una de las razas, culturas, migraciones, guerras, acuerdos, dudas, fracasos y éxitos que se han conglomerado y derrumbado a través de los años que se suman a nuestra historia. Somos la suma de un proceso continuo, de un Élan vital que, en una pequeña fracción de tiempo contrastada con otros tiempos de permanencia de especies que han habitado el Planeta Tierra, ha logrado avances inesperados y desproporcionados.

Y es que el decir que tú y yo estamos hechos de lo mismo que las estrellas, los soles, la luz y todo en cuanto existe en el universo no es una tendencia que hayan marcado exclusivamente los griegos, los egipcios, el Zohar, entre otros saberes practicados a la sombra de la sociedad sino que es también una herencia de otra herencia. Es saber y comprender finalmente que es inútil desgastarse por categorizar lo que concierne a lo humano, en definitiva el todo nos constituye y lo constituimos, un gran ejemplo es aquella montaña eterna llamada Walt Whitman.

Walt Whitman se arrodilla ante la Mujer y el Hombre, en su palabra y dogma todo está invertido: la naturaleza lo es todo y la divinidad le responde. En sus misterios, que halló primero en el espíritu y luego en el cuerpo, supo que el universo rotaba incesantemente en nosotros y que no era el tiempo sino las imágenes las que le daban forma. Todo es imagen.

Hojas de hierba, es para mí, pequeñas fracciones de saberes que nacen de la contemplación y de la comprensión de la lógica esoterista. Los talmudistas planteaban que el no-ser -demiurgo, cosmocrator, etc.- usó una cierta cantidad de silabas que deformaron en el Verbo mediante el cual partió la existencia, dichas silabas también le servían para hacerse conocer a su creación. Al ser materializado mediante la palabra o lenguaje el pensamiento del no-ser todo aquello que partió de el está previamente dispuesto y organizado por el mismo. En este sentido, también se incluyen las probabilidades ya que al ser estadísticamente complejas y variadas no logran, sin embargo, escapar de su adherencia al tiempo, la materia, la conciencia y a su propio estado azaroso. Acaso el futuro no es ya un tópico discutido por miles de años en los que hemos podido anticipar su consolidación. No es esta lectura un paso al futuro en la medida que cada línea que se anticipa no la hemos reconocido aún y se crean y disponen en continuidad según se va leyendo; no es la probabilidad la única que forma de manera continua y azarosa los estados del tiempo y la materia, lo es también en su suma las imágenes. Todo son imágenes, constantes imágenes que como hoy en día sabemos por entendimiento de la ciencia nos llega información siempre en pasado, la estrella que vemos hoy morir ya lo ha hecho hace millones de años luz.

Si no es de nuestros intereses el futuro tampoco lo debería ser el presente, Henry Miller, otro estudioso de los saberes esotéricos nos compartía esto: “El pasado contiene toda la eternidad”. Toda aquella eternidad no es más que la continua y absoluta dilatación del pensamiento de aquel no-ser del que partió la eterna rueda de la existencia.

“Mucho tiempo hemos sido engañados los dos,

pero, transfigurados ya, huimos velozmente como la Naturaleza,

somos la Naturaleza, hemos estado ausentes largo tiempo, pero

hemos regresado,

nos convertimos en plantas, en troncos de árboles, en follaje, en

raíces, en corteza […]”

 

Desde mi entender Walt Whitman comprendía aquel estado predominantemente Idealista de la realidad, la muerte es tan digna, rica y extensa como la vida. Y en este pensamiento en el que habitamos no somos más que imágenes que rotan; pero no comprendamos esta variación como un final de sino como una integración, no debe haber entonces miedo a la muerte desde el saber de Whitman ya que de una imagen que corresponde a la existencia humana pasaremos a otra imagen del reino vegetal o cualquier otro que esté entre las extensiones de todo aquello que pueda ser conocido con la palabra, con el Verbo.

La pereza me corroe como el óxido a los metales de mala calidad. Mi cerebro es una grieta. No quiero ahondar más sobre este tema el día de hoy y mucho menos espero guiar el pensamiento de otro, puede ser que en el uso de mis facultades todo lo dicho aquí sea especulación primordialmente absurda, sin sustento ni lógica. Aun así es mi forma de relacionar y abordar personajes, ideas e historias.

Para finalizar lo que intento decir es que todo gran aporte de figuras como Walt Whitman, de seres realmente humanos, se orienta a la naturalización de la muerte, a la mitigación del ego, a la contención de la jerarquía y al reconocimiento de nosotros como un elemento que se integra a un todo. El esoterismo no es entonces un quehacer malicioso ni pretencioso, es el entendimiento brindando de forma sutil mediante la simbología al ser humano de que en aras de ser una creación esto no lo devalúa como si de un esclavo y deudor se tratara sino que al ser una medida proporcional a la creación se funde con su creador en necesidad de un encuentro en la que la armonía se hace igualdad y semejanza.

En la simbiosis creador-creación nunca hay final mas siempre hay comienzo.

 

 

Facebook: Juan Pedro Pablo

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Fotografía: Miguel Ángel Vasquez Forero

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Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    20 mayo, 2017

    Muy buen texto. Un abrazo Juan Pedro y mi voto desde Andalucía

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