Habían transcurrido diez años para cuando regresé al país. Luego de bajar del avión y recoger el equipaje, voy hacia la ciudad para reencontrarme con familiares y amigos. En el taxi, dentro de periódicos y revistas ilustradas, escojo un diario y mis ojos por casualidad rodaron hacia un obituario que rezaba:
“Hoy se cumple un año más del sensible fallecimiento de…”
Leí repetidamente todo su contenido, mientras el corazón aceleraba los latidos al recordarme ese escrito, a un amor que me dejo huellas imborrables en la niñez y adolescencia de un ayer.
Hace frío en esta madrugada de celebración de la natividad de Jesús de Nazaret. La calle real ataviada de faroles con alumbrado de brillante colorido, muestra entre cruzados de un lado a otro, los hilos que portan cintillos de colores. Las casas recién pintadas se adornan con luces navideñas y coronas de espigas, que cuelgan de ventanas y balcones para la vigilia festiva. A los primeros destellos de la madrugada que anuncia el amanecer, van entrando grupos de devotos a la iglesia buscando el calor interno del templo que oficia la Misa de la Aurora.
Al entrar o cruzar el altar hacen la señal de la cruz y entre rezos de media voz buscan asientos en los banco calzados al piso. Al fondo del presbiterio de la eucaristía resalta a la vista el tallado en bronce y madera de Jesús en la cruz, y a cada lado de la pared delante de un retablo de vírgenes y santos, vemos a San Pedro del lado derecho y San Pablo del lado izquierdo. Más cercana y a la vista de feligreses, se muestra la imaginería mariana de la Sagrada Familia de Nazaret con la Virgen María de rodillas en el pesebre ante el naciente niño Jesús.
Es cuando ella entra a la Iglesia y la miro a través de la penumbra interna, vestida de un rojo suave tallado al cuerpo y con su mantilla negra. Al buscar asiento, se arrodilla, se santigua y abre un misal para sumirse en la oración. Me corro unos asientos en el banco y me coloco detrás. Llega el momento en que mis sentidos se envuelven en la suave fragancia que emana de su cuerpo. Mientras, develo el perfil de su rostro nacarado revestido de una blonda cabellera en oro, descansando sobre su grácil cuello de gacela. Tal vez sintió la mirada perturbadora y con la inquietud se volvió hacia mí. Por segundos su mirada azul de cielo me alegró la vida cuando me sonrió y la reconocí. Era ella, la misma, que recién llegada a la ciudad y ambos con apenas nueve años jugábamos a los novios, que más tarde, y en plena juventud fermentaron unos amores delirantes, tormentosos, opuestos a su rango aristocrático. Pero fue una sonrisa desierta, sin mensaje alguno ¿No me reconoció o lo consideró un desliz a su predicamento de joven casada y de fe cristiana?
Ahora con esa cautiva mirada de mujer ajena y nueve años después de un largo desencuentro, vuelvo a hacerla mi novia, aunque quizás jamás llegaremos a intercambiar una frase.
Desde esa madrugada y con ese ímpetu de adolescente en la orfandad, retorno con el mismo misticismo para amar a la gloriosa dueña de mis pensamientos. Es una concepción del amor furtivo, platónico e idealizado, pero apasionado que se ha forjado en mí. Un amor no correspondido, un amor sin esperanzas. Tan es así, que al sentirse reconocida en mis poesías, es posible que se sienta lastimada en su dignidad y por ello deje de hablarme o de saludarme. Para entonces, ya no contaré con esas breves alegorías, que me alegraban la vida e iluminaban mi existencia. Tal parece definitivo el aislamiento entre el pensar y el sentir, entre la filosofía y la teología, entre ella y yo.
En una noche de sueños y desvelos percibo en la distancia que nos separa, los silentes sollozos que se asoman a su ventana mal cerrada y en esa narcosis, escalo los muros de la celosía que la aprisionan para regalarte un pedazo de quietud que sosiegue las angustias. Adosados nuestros cuerpos en la oscuridad, percibo que el palpitar de su corazón, no calma los sustos de un cielo oculto entre nubes, que no quiere pecar por cómplice de un amor imposible. Solo la luna nueva se abre caminos para pincelar por reflejos nuestros cuerpos y sentidos. Pero los sueños despiertan y la prosa se acaba y se queda blanca. Blanca como la nada. La nada que se va nadando en el océano, la nada envuelta en las aguas que busca el azul celeste para deificar su cuerpo.
Ya extraviado y negada la existencia por la entrada de la crisis, me entrego al paroxismo del insomnio con un largo viaje por los cosmos en busca de los misterios de la razón y la fe, viéndome con las escenas más monstruosas del mal en los infiernos y la expiación de culpas en el purgatorio. Es a mi entrada al Paraíso que la miro, ya cerca de traspasar el Empíreo. Al instante regreso a la realidad y me doy cuenta de las ganas de vivir y luchar por los dones que nos da la vida. Pero fue todo tan lleno de oscuridad y suspenso viajando entre círculos y cuadrados, que me parece haber vivido por muchos años las tragedias de la “Divina Comedia”. Pero los acontecimientos se sucedieron en los mismos términos de aflicción y pesadumbre que me llevaron al forzado destierro.
Hoy de regreso a la ciudad, ya en la madurez de la vida y con la tristeza que me consume el alma, he venido hasta aquí para cavar en definitiva, la tumba donde reposaran los recuerdos de un amor imposible. He cubierto de claveles la lápida que los abriga y en la losa que la identifica he mandado a esculpir:
“Hoy se cumple un año más del sensible fallecimiento de un amor no correspondido que…”
Sin embargo, nuevamente percibo muy cerca de allí las sombras escondidas de una silueta. La misma silueta que buscaba entre líneas de mis escritos las baladas dirigidas a la ingratitud de un olvido inmerecido. Quizás aún le abrumen los pesares por sus sentimientos encontrados. Pero en esta hora y aunque la siga amando, me conformo con saber de ella a la distancia.





Celeste
Es una preciosidad, Ele. Todo lo que escribes rezuma puro sentimiento. Mi más sincera enhorabuena por tan bello texto. Un abrazo y mi voto.
Manger
Muy bien, amigo escritor. Un abrazo.
Mabel
¡Qué belleza! Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Esruza
Se exactamente de lo que estás hablando, me entristece mucho. Excelente escrito.
Felicitaciones y mi voto
Gian
Me gusta tu forma de escribir. Tienes mi voto.
eleachege
Celeste, Manger y Mabel, gracias amigos por la lectura y comentarios. Muy amables, un saludo.
eleachege
Esruza espero que haya sido algo momentáneo. Gracias y nos leemos.
Un saludo Gian. Estaré pendiente de tus escritos.
Nix
¡Me transporté! Saludos, cariño.