Bullying

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Me hicieron bullying.

Hoy empiezo así de directa porque quiero emplear el máximo de tiempo posible en hablar de este tema que como yo, han sufrido millones.

Mi padre era un auténtico personaje, tenia esquizofrenia y era alcohólico. También un maltratador. Y en mi colegio lo sabían. “No te acerques a ella”, “no queremos que nuestros hijo se junten, son familias muy diferentes”.

Me apartaron del grupo simplemente por ser cerrada. Porque me costaba hacer amigos. Yo era diferente porque había vivido situaciones diferentes. Y eso, cuando tienes 7 años, pues simplemente… Lo omites. Haces como que no ha pasado. Lo ignoras y sigues, porque te importa mas lo que echan en la tele que la gente que no te quiere un bien. Era eso lo que me había dicho mi madre y yo confiaba en ella.

Pasó segundo de primaria, tercero, cuarto, quinto, sexto… Y llegó la ESO. Todos queríamos encajar, todos íbamos buscando algo sin saber el qué.

Burlas, insultos, amenazas por la calle, fotos mías en Facebook sin yo saberlo, amenazas con un mechero. Todo el patio rodeándome, sin motivo alguno.

No recuerdo que en ningún momento hiciese daño a nadie. En ningún momento recuerdo hacer algo para ofenderles a ellos.

Todo el mundo sabía que yo era la “rara”. La que se pasaba horas viendo anime, la que escribía cosas estúpidas, la fan loca obsesionada con Harry Potter que nunca salía de casa.

Pero no sabían la situación que había pasado en casa. No sabían que mi padre nos dejó tiempo atrás ni que, aunque tenía un padrastro que realmente se portaba como un padre, no podía apreciarlo. Porque yo seguía encerrada. Seguía con mis historias, mis series. Mi mundo seguro.

Es muy fácil ganarte el odio de la gente. Son como ovejitas, que simplemente balan al son que indica el pastor. Y ese pastor alimenta su ego, fortalece su autoestima. Eso cuando creces dices “cosas de la edad”, porque en la adolescencia todos aspiramos a ser aceptados. Pero hacerlo a costa de otro… No, no está bien. Vivimos en un mundo con gente llena de inseguridades, simplemente porque nos han educado con el “haz lo correcto y evita los problemas” en vez de con el “márcate tus propios objetivos y lucha por ellos”.

Yo escribía, y según gente que conocí por internet no lo hacía del todo mal, (al principio sí, lo hacía fatal, pero fui mejorando). Me encantó escribir. Pero no quería darles más motivos para tacharme de “rarita”, así que me escondí. Mientras debía estar haciendo los deberes, escribía. Mientras debía estar atendiendo en clase o tomando apuntes, inventaba historias.

Llegaron las notas finales. 5 suspendidas. En casa yo era la que nunca hacía nada. La que ni estudiaba ni trabajaba ni ayudaba. ¿Para qué hacerlo? Me iban a criticar igual.

Con más voluntad que otra cosa las conseguí aprobar todas, pero la decisión estaba tomada: me iban a cambiar de instituto.

No me inmuté. Pensé que sería otra vez lo mismo, la misma mierda de yo contra el mundo y el mundo contra mí. Ya se cansarían algún día, porque yo ya lo estaba.

Llegó el primer día. Muchas preguntas, muchísimas. Recuerdo que una de ellas fue “¿Qué sujetador prefieres de encaje o deportivo?”, quién la hizo si lee esto ya sabrá quién es. En un momento dado me preguntaron qué quería ser de mayor. Y yo dije que escritora. Lo iban a saber de un modo u otro, daba igual. Cuanto antes mejor.

Como primera impresión, me parecieron unos cotillas todo sea dicho.

Eran niños (porque con 14 años aún eres un niño) que habían estado siempre en el mismo colegio, con las mismas personas. No habían salido apenas de su mundo pequeño y tranquilo pese a sus altibajos.

Una anécdota de los que más recuerdo fue en un examen de castellano creo, que no fue muy bien. Había notas más bajas de lo que se esperaban y se quejaron.

Tengo que reconocer que me hizo mucha gracia que les afectase tanto tener una nota u otra, porque yo con un cinco me conformaba, y si me apuras con un 4,5 estaba contentísima.

De las cosas que me voy a llevar de allí, este momento probablemente sea de los más importantes. Recuerdo que una chica que se llamaba Marta me preguntó sobre el examen.

-¿Tú no te quejaras por esta pregunta? Es que normal que saquemos mala nota, esto no entraba ni en el tema.

¿Para qué? Ya tengo un 4,8 y me sube a 5.

-Pues porque podrías tener un 6. ¿No prefieres un 6 mejor que un 5?

Me quedé muda. Puede sonar estúpido, pero en 14 años no me hice esa pregunta.

¿Era mejor un 6 que un 5? Para mí no, porque no me serviría de nada. La ESO no servía de nada.

Pero… ¿Y si lo tuviera? ¿Qué pasaría?

A mi no me aportaba nada, en esa época quería escribir por la tarde, aprobar los exámenes y aguantar la ESO hasta encontrar un trabajo.

Pero veía algo en esa clase. Algo que las otras no tenían. Hacían las cosas con ilusión. Estudiaban porque querían sacar mejor nota, no les valía un 5.

Seguramente fui la única “rarita” que vio eso en ese momento, pero me pareció algo tan bonito y genuino que por primera vez me alegré mucho de ser la rarita.

La importancia nunca estuvo en un 5 o un 6… Estuvo y estará siempre en no quedarse observando, sino en luchar por lo que quieres y te mereces.

Nunca más me importó que dijeran que era diferente. Yo soy diferente por unas razones que me han llevado a serlo, y me gustan. Porque yo las elegí así y quiero a mi vida con sus pros y sus contras, sino no sería la mía.

Así que, si alguien se encuentra en la situación que me encontré yo: id a por el 6. Siempre. Porque va a merecer la pena.

Comentarios

  1. Manger

    1 junio, 2017

    Eso, es, amiga Belén, siempre hacia adelante, sin confiarse ni conformarse. Mis más cordiales saludos junto con el voto.

  2. GermánLage

    1 junio, 2017

    ¿Si vale la pena ir a por el seis, por qué no ir a por el siete, o por el diez?
    Me encantó el relato, Belén, tanto por la forma ágil y desenfadada en que está escrito como por ese espíritu de superación que propugna.
    Mi cordial salufo y mi voto.

  3. Sol

    1 junio, 2017

    Yo no soy rara. Soy peculiar, y a mucha honra.
    He tenido la suerte de que nunca me ha importado mucho lo que pensasen o dijesen de mi. Incluso cuando era una cría y prefería pasarme los recreos leyendo a saltar a la comba.
    Pero es terrible que un niño sufra por esas cosas.
    Veo, que si el relato es autobiográfico, lo has superado. Me alegro
    Un saludo, Belén.

  4. Mabel

    1 junio, 2017

    Siempre hay personas que por su egoísmo o porque no saben, te dan la espalda y una tiene sus propios motivos que no tiene porque avergonzarse, cada persona es como es, pero la mayoría se creen superiores por el hecho de que tú tengas una falta, lo mismo la tienen ellas lo que pasa que no la perciben si no que se mofan de los demás por su falta de timidez. Pero la vida te va buscando un lugar en la sociedad y va creando de ti un ser distinto al anterior con voluntad propia y con tus propios sentimientos que ante esas personas que han provocado el desagrado de tu conducta, dejarlas en el lugar que les corresponde. Nadie es mejor que nadie ni peor, todos somos humanos y a lo largo de nuestra vida, que esta no es sencilla, nos han perjudicado pero todo sale adelante. Un abrazo Belén y mi voto desde Andalucía.

  5. LARRY

    2 junio, 2017

    Lucha, esfuerzo, soñar y estar en el entorno adecuado. Nadie es raro en ningún lugar, si es aceptado con las cosas que le gustan ó disgustan a los demás. Cada persona somos un mundo. Mi voto. Saludos.

  6. gonzalez

    4 junio, 2017

    Excelente, Belén, te felicito. Mi voto y un fuerte y cariñoso abrazo.

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