El caballero y la prostituta (Capítulo I)

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Capítulo I

Insignificante

1997

Después de su gran éxito como empresario, de pronto, John decide viajar hacia París, Francia. De paso se hospeda en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad y una vez allí, espera con anhelo pasar las tres horas faltantes para las 08:00 p.m., pero luego de dan vueltas y vueltas en la habitación comprende que no puede alterar el tiempo y camina despacio hacia la cama, llevándose la uña bucólica del pulgar, otra vez, hacia la boca. Toma asiento en el quicio de la cama y con mirada decepcionante divisa su reflejo a través del espejo que conlleva un borde con diseños de flores bañadas en oro. Y luego de sacar su pulgar de la boca y frotarlo en su muslo, gira la cabeza extrayendo los tersos y definidos hombros hasta dejándolos caer, pero al poco rato se deja llevar por la tierna brisa andante que se cuela inflando la suave cortina del balcón, y en breves instantes cierra sus ojos azules para acomodarse en la cama.

La sensación de la noche le despierta, y con mucho gusto entra a la ducha para tomar un baño de agua caliente. Justo a tiempo toca la puerta el botón con el traje acabado de planchar, mientras John sale de la ducha:

Está abierta con voz fuerte le abordo John, —déjalo encima de cama.

Y va secando su pelo rubio, pero muerto, con la toalla, y con otra toalla más grande sujetada a su cinturacamina despacio hacia la cama, pero esta vez observa asombrado el excelente traje negro de tres piezas, el botón le mira atentamente gruñendo los ojos y sale de la habitación dudoso, John aún sigue admirando el traje mientras lleva su dedo pulgar a la boca. Como de costumbre se desnuda frente al espejo y con cuidado comienza a vestirse. El reflejo le mostraba a un caballero o más bien a un hombre elegante pero de piel blanca maltratada, de traje negro y con guantes blancos en combinación con la camisa de fondo, inclinado un poco hacia su oeste al igual que el corbatín negro, el sombrero Bowler ajustado y de baja corona, casi un híbrido entre sombrero de copa y bonete plano, zapatos de semejante color y por último el bastón blanco. Pero más allá de su reflejo no podía escapar aun de su pasado, todavía seguía siendo insignificante.

Sale de la habitación despacio abrochando el ultimo botón del saco, el pasillo es poco estrecho pero desocupado, las luces pegadas en el techo daban ese tono color oro que rebotaba en las paredes, menos en la alfombra rojiza, lo espacioso le causa nostalgia pero mientras se encontraba en la habitación aun no la había sentido. Toma el ascensor que desciende vacío, presiona el botón del lobby, y mira de nuevo su reflejo en el extenso espejo colocado en el fondo del ascensor pero esta vez sonríe e inclina un poco más su sombrero. Al llegar al lobby la recesionista, una señorita de anteojos, piel pálida y pelirroja, se extrémese al verle pasar y no soportó saludarle:

Buenas noches señor John—, le dijo desde atrás del largo y alto mostrador de mármol. John la nota inquieta, se ríe y le saluda con una sacudida de cabeza hacia arriba y la señorita, más que conforme por el mínimo gesto, se derrite de pasión mordiéndose los labios al presencia que le ha saludado, John sigue riendo a carcajada simulando un no con la cabeza.

Que tenga una grandiosa noche señor, la limusina le espera afuera— le confirmó el portero abriendo la puerta de vidrio con largas empuñaduras de oro.

Gracias, yo también me deseo lo mismo—, y ambos se sonrojan.

John sale y detiene debajo de la carpa de pico, color rojo, que da entrada al hotel, y metiendo la misma uña del dedo a la boca percibe las luces de los coches al pasar, las luces de las lámparas que iluminan las calles, la luces de los pequeños edificios a su alrededor y las luces de colores en forma de letras que decían abierto las veinte cuatro horas del día pegadas en la ventana de cristal de un pequeño establecimiento de comida caliente en la esquina del otro lado de la calle. Todas esas luces sin añadir a la multitud de personas que pasaban caminando a su alrededor, le trasmitían nostalgia, no obstante, no la reflejaba en su rostro, pero le hacían sentir lustroso por fuera y oscuro por dentro, necesitaba una luz que le ilumine el alma de nuevo, antes la tenía pero poco a poco se fue apagando, el dinero para alimentar esa luz era necesario, y tiempo atrás John solo era un simple zapatero que apenas lograba comer una sola vez a día, y el amor no siempre le quitaba el hambre a la mujer que él amaba, por eso ella, poco a poco, se fue alejando de él.

Señor, ¡Señor John!—, le habló el chófer barrigón sosteniendo abierta la puerta trasera de la limusina.

John agita la cabeza despertando de la distracción, y observa encantado la lujosa limusina Cadillac Brougham D’elegance del 1987, un poco clásica por la década de antigüedad que cargaba, pero aún conservaba el brillo a través del negro enérgico que la cubría.

¡Es hermosa! ¿No?

Si mi señor, es una hermosa dama—respondió el chófer compartiendo el aprecio con él, con su típico gorro de chófer y sus relucientes guantes blancos que acariciaban la capota de la limusina. —Disculpe la molestia mi señor pero ya el reloj marca las 09:00 p.m., se le hará un poco tarde.

¿Sabes quién soy?— pregunto John y de pronto mira hacia arriba ¡Eh!…

David.

Sí, sí, David, ¿Sabes quién soy?— le inquiero nuevamente un poco serio.

Por supuesto mi señor usted es John el famoso John Smith— responde el chófer intimidado.

Pues tiene razón y desde ahora en adelante cambiara mi señor por mi compadre…— el chófer ríe de sorpresa —y seré su copiloto, no iré solo ahí atrás.

Claro como usted diga mí se…— John le clava la mira —¿Eh? como diga mi compadre.

Desde hace tres meses le había llegado a John la invitación a la boda de su viejo y mejor amigo Steven que se hizo famoso al igual que él, pues ambos son dueños de la marca de zapatos más reconocida del mundo llamada Mapache, la boda se realizaría en un majestuoso barco “bateaux” blanco sobre el río Sena. Una noche antes de llegar a parís John se encontraba en su estrecho apartamento en Nueva York, picado de rabia, porque le habían copiado parte de un diseño nuevo de zapatos que él había mantenido en secreto, Arrojo al suelo casi todo lo que se encontraba arriba de su escritorio, quedando solo la invitación encima de la mesa, de pronto, al tomar la carta con sus dedos, la rabia desapareció y sintió la vibración de querer esfumarse por unos días y alejarse del trabajo que tanto tiempo le quitaba, tenía una gran oportunidad entres sus manos y quería aprovecharla, no lo pensó dos veces, realzó la maletas y partió en el primer vuelo con destino a Francia. Pero lo que no recordó esa noche fue la promesa que le había hecho a su amigo.

¿Creíste que yo sería más normal?

¡Si!— dijo entre risas el chófer.

Pues te equivocas— y se contagia también de la risa.

¿De dónde proviene mi compadre? inquiero David girando hacia la izquierda.

Pues mis padres eran de Norteamérica— tira la mirada perdida por la ventanilla, sosteniendo el manubrio de su costado, pegado en la capota —pero nací y me crié en un campo de Latinoamericano. ¡Vamos! debe tener algún licor o algo de tomar aquí dentro.

Claro que si tengo, pero las botellas están atrás.

Tienes razón compadre— sonríe y le pregunta: —¿Y de dónde es usted?

Pues de aquí de París.

¡Ha! pensé que no lo era, lo digo porque no tiene ese acento francés.

También lo ha notado, es porque llevo mucho tiempo como chófer y la mayoría de mis clientes hablan diferentes idiomas, así que tuve que aprender varios idiomas también.

Entiendo además eso también le agrega algo más al sueldo.

“Je, je”— finge la risa con cara de fastidio —la verdad mi compadre es que mi sueldo anual no sobre pasa ni a los veinte mil dólares.

Entonces por eso está engordando para que le pensionen ¿Cierto?

¿Cómo lo supo mi compadre?—dijo sobre risas.

Mientras que John se distrae observando las estrechas calles y aceras de piedras rectangulares, y los pequeños apartamentos de no más de tres o cuatro pisos, y los franceses sentados en flacas sillas en las afueras de los bastos restaurantes.

Es acogedora la cuidad.

Sí, te hace sentir acompañado— responde David mirándole al rostro, y divisa el brillo en sus ojos al verle observar la cuidad —no sale mucho John.

Es que mi trabajo me quita mucho tiempo responde con media sonrisa.

Entonces ¿Para que trabaja tanto?— y le quita la mira de la cara cuando John la gira para verle…

¡Oh! Mierda…

¿Qué pasa compadre?

—Le prometí a Steven que iría a su boda acompañado.

Lo siento compadre pero creo que ya es tarde para cumplir con su promesa.

¡Espera! Creo que podemos arreglarlo, ¿Sabes dónde encontrar protis?

¿Protis?— rectifica David con los ojos brotados.

Sí, prostitutas.

¿Quiere ir con una prostituta a la boda de su mejor amigo?

Descuida cualquier mujer que este conmigo no se verá como prostituta.

Sé dónde— dijo David alzando las cejas aunque aún no estaba convencido de ir a buscarla.

Se tomaron alrededor de quince minutos en llegar a donde según David encontrarían prostitutas. El ambiente de penumbra les atrapo de inmediato, aquel lugar era oscuro y desolado a pesar de las variedades de mujeres en mini farda de cuero con matrices que resaltan en la oscura noche, y los pocos hombres desahuciados buscando una corta compañía sin ningún lazo de amistad u otros con deseos irreverentes expresándolos sin ningún respeto hacías aquellas mujeres, que solo tratan de sobrevivir a través de algo, que muy en el fondo, por más que parezca gustarles, lo detectan. El silencio aguarda entre los dos mientras la limusina desanda por aquellas calles infelices, aun no encontraban una mujer digna de aparentar la novia de John pero el tiempo seguía corriendo.

Mejor nos vamos, creo que ya he visto mucho en tan poco tiempo— dijo John molesto a ver tantas infortunadas mujeres.

Como diga mi compadre— y David acelera de espacio la limusina.

Pero en el filo de la oscuridad, los faroles enfocan hacia el fondo, y como si fuera una brillante luz que resalta en la penumbra de la noche, la ve cruzar la calle, una joven que apenas lograba, con pura lucha, caminar sobre unos torpes tacones altos, lleva vestido rojo que a penas cubría un poco sus rodillas, eran finos tiros que lo sostenían sobre los hombros, delgada pero no flaca, de considerable gusto, y las diferentes cuervas que no muestran demasiada exageración a pesar de llevar el vestido muy ajustado. La peluca roja de pelo corto le quitaba belleza a su rostro, aunque ella se tapó parte de su cara por la luz de los faroles.

¡Ey señorita!— le grita John un poco desesperado, —detén el coche.

La joven que ya iba pasando por la acera del lado de John, detiene abrupta-mente, casi se caí por los tacones. Se acerca a la limusina un poco asustada, mientras que John termina de bajar el cristal de la ventanilla.

Hola— dijo y su voz penetra en los oídos de John con una densa suavidad, y más con ese acento francés —me llamo Dalila.

Hola Dalila, soy John y quiero proponerte un trato.

La joven que se asoma a la ventana y pone sus manos en la puerta, mira con la decepción en sus ojos a John y al chófer, se queda pensando y luego tartamudeando un poco dijo: esto es una equivocación lo siento— se marcha tambaleante.

John se desmonta de la limusina dejando el sombrero y el bastón dentro, y le pide que parará, que detuviera, que no era lo que ella pensaba, la joven encuentra un poco de veracidad en la voz de John gira lentamente y camina hacia él.

Entonces ¿Qué es lo que quiege?— le mira de arriba abajo —dígame chófer.

¿Chófer? No, no, no soy chófer— dijo John sobre risas.

Ah, como quiega no me integesa quién es, ex-chófer John adiós.

Espera te pagare el doble de lo que pides por tu servicio.

La Joven sigue caminando.

¿El tripe?— y aun John observa como ella se aleja —¿veinte veces? Vamos ni siquiera sabes lo que harás.

La joven para y se queda en silencio pensando en si escuchaba la propuesta o no, hasta que la curiosidad le convence, de nuevo gira y cuando se acerca a John los tacones empiezan a traicionarla, un tambaleo digno de un fuerte terremoto en cada pisada, y justo cuando caería al suelo, John se le adelanta y la toma por la cintura y ella se sostiene de sus musculosos brazos, y allí John logra apreciar los encantadores ojos castaños, una vez bien parada ella se quita a manotazos los brazos de John.

¿Cómo te atreves a tocarme?

Pero si te estaba ayudado, te ibas a caer, un gracias no estaría mal.

No abra gracias paga ti, ahoga dime rápido que es lo que me propones.

Mi mejor amigo…— frena el cuento y piensa que no tiene que contarle toda la historia, —bueno mira te daré diez veces lo que cobras por tu servicios y a cambio pasaras la noche entera conmigo, no iremos a un hotel, iremos a una boda y tendrás que hacerte pasar por mi novia ¿Qué te parece?

Dijiste veinte, y cobro mil la hoga.

Vale te daré cincuenta mil.

Dalila pestañea como si hubiera caído un relámpago muy cerca de ella, pero luego disimula haciendo creer que no tiene mucha importancia, tardándose el responder. —¡Uhm!— pronuncia entre los dientes, con un dedo atravesando ambos labios.

No te hagas la difícil, es la mejor oferta que nunca te harán en tu vida.

¿Y tendré que soportar ser tu novia?— dijo con mucha decepción.

Pues sí y también tendrás que subir a la horrenda limosina— y le extiende la mano para el apretón que serraría el trato. Ella le clava la mirada intimidante gruñendo los ojos pero luego afloja el rostro y le estrecha la mano: —trato hecho, cincuenta mil.

Si de acuerdo, sube, dentro te daré más detalles— y le abre la puerta trasera del coche —Dame un segundo buscare mi sombrero y bastón.

Ella entra y John es quien le cierra la puerta y abre la otra, entra a tomar sus cosas y David sentado al volante rápidamente le susurra: —y ¿Qué dijo?

John ríe discretamente y le responde que había aceptado pero por un sueldo que David tardaría varios años en cobrar.

Entre calles y esquinas estrechas van de camino al arribo del barco, que se encontraba atracado cerca de un viejo pero reluciente puente de concreto sostenido por dos columnas en forma de tres medios anillos enormes. Faltaba poco para que zarpase y Steven preocupado dentro del barco observaba muy atentamente a los tripulantes que se iban uniendo a la boda, Anna la novia y casi presente esposa, siente la preocupación de Steven, al verle esperar impaciente cerca de la entrada del barco, deja la copa de chapan encima de la vajilla que sostiene el camarero que pasa a su alrededor, pide permiso a sus dos a migas que dialogaban sobre los recuerdos inolvidables que tuvieron en sus infancias, y camina hacia su futuro esposo, esquiva la mesa redonda de cristal, la única que tenía las sillas blancas de bambú aun sobre ella, adelanta el paso y casi choca con uno de los candidatos a suplente de padrino si John no aparecía en la boca, aquel suplente iba de camino hacia al fondo del barco, al lujoso bar con decenas de bebidas diferentes posadas en el estante, con dos hermosa mujeres como bartender y un mostrador hecho de roble al igual que casi todo el interior del barco. Anna se disculpa muy rápidamente y sigue caminando, le parecía estar yendo hacia el fin del mundo, pero al final llega y le pregunta con voz de amor duradero:

¿Qué le pasa a mi señor?

Steven se despreocupa un poco al escuchar la voz de su amada, y gira con una sonrisa en el rostro, dijo: —¡No Amor! no pasa nada solo que John aun no llega y casi partiremos.

Puedes retrasar en zarpe del barco si quieres cariño.

No, aquí hay personas que llegaron a este barco mucho entes que nosotros, no podemos, por un invitado que ni siquiera sabemos si vendrá, hacerles esperar aún más— la toma por la cintura —están tan ansiosos de que comience la boca que mira ni sentarse quieren.

Pues descuida mi príncipe, si John no se presenta de seguro tendrá una buena explicación— y con los dedos de la mano separados va navegando en su cabellera. Steven cierra los ojos y por un instante disfruta de la acaricia de su bella novia. Anna tenía rangos de raza Hindú, el pelo dormido y un tierno tono de piel india, Steven era un tanto más oscuro de piel que ella pero parecido hasta en la estatura a John, como si fueran hermanos.

Eso espero— dijo tirando la última mirada hacia la entrada del barco, le respondía a Anna pero se lo susurraba más al río que a ella misma.

Entonces Dalila comencemos con las reglas— le decía John un poco desilusionado a la joven mientras iban sentados de frente dentro de la limusina, a pesar de lo hermosa que le había parecido a John, él no quería demostrar interés por ella, al fin y al cabo es una prostituta y muy interesada por lo visto, sí tal vez solo fuera prostituta la conquistaría de una forma u otra, pero antes ya había pasado por esa especie de mujeres interesadas una y otras mil veces más después de quedar como millonario, y una vez antes de serlo.

¿Cuáles son? responde la joven echando un vistazo a través del cristal de la ventanilla.

Pues lo primero es que debes quitarte la peluca.

Dalila le clava la mirada amenazadora y responde con un: —¡Ok!—, y con su mano desmonta la peluca, y el pelo largo y lacio color canela se va deslizando por su cuello y espalda mientras zarandeaba la cabeza de un lado a otro, luego vuelve a pegar la mira hacia la ventanilla. John la observaba minuciosamente pero tratando de disimular su asombro. Aun no podía entender lo hermosa que era, y comienza a teorizar que debería ser por el maquillaje.

También debes quitarte el maquillaje, todas las personas que me conocen saben que no me gustan las mujeres tipo payaso.

Esta vez sí que la hizo enojar, ella le responde enfadada: —¿Qué? pego si es un poco de rugol y pinta labio rojo, No, no.

Vamos, son las condiciones del trato— dijo John sonriente y frotándose la barbilla.

¡Bien!— responde y saca una pequeña toalla de su pequeño bolso —yo también tengo unas cuantas condiciones, no puedes besarme ni abrazarme apenas podrás tomarme de la mano.

John le escuchó y al instante la sonrisa en su rostro se desvaneció. Ella cruzó los brazos y volvió a fija la mira hacia el cristal de la ventanilla, el ambiente se había tornado muy pesado en poco tiempo, ahora John quería aligerarlo, saca dos copas y una botella de chapan dentro de un pequeño baúl forrado de piel al igual que los asientos y todo el interior de la limusina.

Toma es chapan, ¿Sabes? creo que hemos empezado mal.

Dalila ríe sin parar: —Pues yo creo que hemos empezado muy bien.

Como digas pero toma la copa.

Gracias pego no tomo.

¿Siempre eres así?

¿Como?

Tan difícil de entablar una conversación.

¿Pego qué dices? Si estamos hablando. Es que odio a los hombres como tú, que se creen caballeros porque están metidos en sus trajes de niños ricos y piensan que con dinero pueden comprar lo que se le antoje.

¡Disculpa! Está bien que yo sea un poco insignificante desde tu punto de vista pero aquí la que vende su cuerpo por dinero eres tú, y ¡Sí! Que se te notó demasiado el interés por los cincuenta mil dólares que te propuse, tanto que no pudiste disimularlo muy bien que digamos.

Eges un idiota ¿lo sabes?

Como no, por eso estoy aquí y tu allá ¡Ja!— y se tira hacia atrás para recostarse del asiento.

Después de un largo silencio incomodo entre ambos la limusina detiene y por algunas bocinas que se encuentran por debajo de los asientos, David le informa con voz sospechosa que han llegado, se desmonta y rodela la parte delantera de la limusina para abrir la puerta a John y a Dalila, pero parecía que ni la quería abrir, John nota la sospecha y se apea rápido de la limusina, después de decirle a la joven que se mantuviera dentro de ella.

Al parecer el barco ha zarpado mi señor.

John le escucha pero no le responde y sigue caminando en silencio hasta cruzar la calle y para de frente al río Sena, y con las manos apoyadas sobre la barandilla que bloquean el paso hacia el borde del río, observar el reflejo de la luna llena sobre del agua que corre como niño que va de vuelta a casa después de dar su primer beso, tan claro es el reflejo que ni las nubes grises al alrededor de la luna, ni las luces de las lámparas del reluciente puente de concreto, ni las bastantes luces de los carros que pasan, y ni las luces que resaltan en diversos cuadros unísonos en los lujosos edificios alrededor de rió, pueden competir con el reflejo de la luna, ese mismo reflejo trasportar a John a través de los recuerdos hacia un río que dividía el campo en donde fue criado desde su nacimiento, esa noche John y Steven, dos intrépidos niños que jugaban a tenerlo todo sin tener nada, se escaparon para bañarse en aquel río, John no percibió la arrasadora corriente que poseía el río y sin pensarlo e ignorando la razonable voz de Steven que le advertía que no se metiera al río, se lanzó de clavada, y al caer, de inmediato fue arrastrado por la corriente, John era el más terco entre los dos pero no era más terco que la intrepidez de Steven cuando veía a su amigo en peligro, no detuvo en tomar la decisión de ir por él aunque también moriría en el intento. Se abrazaron muy fuerte mientras la corriente, de forma extraña, los empujaba a la orilla, tal vez fue el amor de amistad lo que les saco de ese río aquella vez. “Estarás bien” le decía Steven una y otra vez al cogerle por los hombres y arrástrelo hacia una pequeña sima a la orilla del río, hasta soltarle y recostarse al lado de él. “Estarás bien” por ultimo le repitió y John asustado observaba el reflejo de la luna llena sobre el río.

Te he fallado hermano— le susurro al agua que seguía corriendo, después fue hacia el coche y toca la ventanilla del chófer, David que le esperaba dentro de la limusina, baja el cristal y le pregunta que harán ahora y John solo le musitó algo al oído y luego, con un respiro profundo, abrió la puerta trasera del coche, pero antes de entrar ve a la joven observar las agujas de plásticos que están dentro de un reloj de plástico que llevaba en la muñeca que parecía de plástico, le sorprendido porque no lo había notado antes el reloj. La aguja más pequeña estaba estancada entre las diez y las onces y la más larga marcaba las seis.

¡¿Que?! ¿Quieres saber la hoga?— dijo la joven en mal tono antes de notar la cara de tristeza de John.

No, no, descuida, sé que la noche aún es joven y el día ya está muriendo.

Ok— y se sonroja.

Antes de ir la boda, iremos a otra parte— entre diente le mintió John mientras terminaba de entrar a la limusina.

Entonces ¿Que hacemos aquí?— pregunto la joven al recordar que el chófer había dicho muy claro a través de las bocinas de los asientos, que habían llegado.

John se pica la cabeza, nunca fue bueno mintiendo pero supuso que Dalila solo estaba un poco asustada, ¿Quién no? Pensó, y le respondió: —Eh, bueno paramos aquí porque al parecer a David que es el chófer le han dado una falsa dirección pero él nos dejará en otro lado mientras busca la correcta en el hotel, descuida no te pasara nada.

– Ok .

Te gusta mucha esa palabra.

¿Cual?

“Ok”.

¡Haa!— y vuelve a sonreír —Okmi amiga dice que un “Ok” esconde muchas cosas sí, cuando es una mujer quien la pronuncia.

Entonces imagino que tu “Ok” esconde un “jódete”— dijo John encerrando en comillas el jódete con los dedos de las manos.

¡No! Tonto esconde miedo y temor.

Bueno y ¿Qué puedo hacer para que no te sientas asustada?— pregunto con voz ligera mirándole fijamente a los ojos.

Puedes empieza contándome la verdad.

Lo siento, yo solo quería…— hace una pequeña pausa y de nuevo respira hondo y se recuesta del asiento —la verdad es que ya no iremos a la boda como lo abras notado, el barco en donde se celebraría ya ha zarpado, se ha ido.

¿Y de quien era la boda?

De la única persona que ha estado conmigo desde que tengo memoria…

Dalila le interrumpe: —¿Era tu ex-novia la que se casaba?

¡No!— le grita John con una sonrisa sobre los dolientes ojos —es mi mejor amigo.

No Entiendo, entonces ¿Porque mentirle a tu mejor amigo haciéndome pasar por tu novia? Si al parecer tu amigo es alguien muy especial paga ti.

Es que le prometí que iría acompañado a la boda.

Mientes John y las mentiras nunca no son buenas.

Sí, lo sé— afirmo arrepentido —pero no quería quedarle mal con la promesa y mira a hora: he llegado tarde y no podré asistir a su boda que es mucho peor.

¿Y por qué me mentiste a mí?

Porque a pesar de todo aun quería pasar la noche fingiendo ser tu novio.

¿Y eso por qué?

¡Dios! No acabar las preguntas.

¡Ok!— entre risas dijo Dalila.

¿Y ese “Ok” a que viene ahora?

Que ok está bien, creo que puedo fingir ser tu novia por esta noche, ¡pego aún el trato sigue en pie!

¡Genial! Entonces empecemos.

Sí, y ahoga que ya somos novio por una noche, te pediré que no vuelvas a mentirme, odio que me mientan, es gepurnante, lo detecto, paga mi es algo imperdonable.

John le quita la mirada de encima, y de los movimientos de sus labios sale un de acuerdo pero sabiendo que aún no le había dicho que él era un gran famoso dueño de una enorme marca de zapatos llamada Mapache, pero no le estaría mintiendo si no le contaba, pues solo estaría siendo deshonesto o desconfiado, además ella todavía no le había preguntado quien era, entonces para que tomarse el atrevimiento de decirle, y de hacerlo pues tal vez ella se interesaría más en lo material e iría más allá de fingir para enamorarle y sacarle más provecho. En resumen John lo único que quería era que ella fingiera ser su novia hasta el punto de que John le llegara a gustar pero sin ningún interés, y diciéndole quien era pues dudaría que lo lograse, así que de momento trataría lo más que pueda impedir que ella le formule esa pregunta.

Pues y ahoga que ya somos novio ¿puedo saber quién eres el realidad?—, le preguntó Dalila después del silencio que John había dejado al quedarse pensando que no podía dejar que ella le hiciera esa misma pregunto. Los ojos se agrandaron y de nuevo la miro fijamente a los ojos con la boca abierta, fue como si me leyera la mente pensó John sorprendido, pero luego agita la cabeza y le responde calmadamente:

Solo soy un simple desconocido que tuvo la suerte de heredar la riqueza de su padre, Siéndote sincero soy un don nadie, al menos eso pienso de mí mismo.

Ella se queda esperando a que John siga describiéndose, pero otra vez cae el silencio que tanto a ella le incomoda, y más cuando está muy cerca de alguien.

¿Así? pues que bien—dijo la hermosa joven moviendo la cabeza —pego déjame decirte algo al parecer ya no lo eres tanto ex-cho fer John— y ambos se ríen.

Que irónico ¿no?…— y de pronto se le olvidó lo que diría mientras y la miraba distraída-mente a la cara: —Wau eres bellísima.

Ella se espanta al escucharle como si se hubiese despertando de la realidad, y una tierna sonrisa se dibujó en su rostro.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    28 junio, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Imagen de perfil de eleachege

    eleachege

    28 junio, 2017

    Me gusto la narrativa que guía la trama y también los diálogos están logrados. Un saludo Geminix. Ëxito para tu novela y recibe mi voto a tu escrito.

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