Capítulo 1. El ángel caído

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Mi nombre es Oliver Thompson y actualmente resido en la vieja metrópoli de Oest West, al sur de Inglaterra, un lugar que siempre se había caracterizado por poseer un gran cúmulo de habitantes que daban vida y color a sus antiguas avenidas. Todo cambió la noche del asesinato.

Comenzé a correr aterrorizado bajo la sombría noche invernal, ni siquiera prestaba especial atención al camino que recorría. La ansiedad se aferraba a mi pecho y me asfixiaba lentamente, era un indefenso preso del pánico.

Sentía que me ardía la piel y mis piernas comenzaban a flojear, pero no podía detenerme.

Crucé la vieja ciudad de Oest West entre la espesa neblina y las arcaicas casas de madera desgastada, en el suelo varias botellas medio vacías de vino barato, seguramente pertenecían a la taberna de Pipes, también conocida como “Old Ale House”. Me dirigí hacia allí como un destello.

Crucé la sastrería de Anne que, misteriosamente permanecía cerrada, algo inusual en ella teniendo en cuenta que siempre se quedaba cosiendo hasta altas horas de la madrugada. Observé que el camión de “Valleries transportation service” había quedado detenido en mitad de la calle. No comprendía nada.

Logré alcanzar la taberna de Pipes entre incesantes sofocos. Estaba abierta.

Empujé la puerta hacia el interior con la esperanza de encontrarme con algún vecino, una alma humana capaz de aclararme las dudas que rondaban por mi cabeza, pronto descubrí que la taberna estaba desierta.

En las mesas redondas había numerosas jarras de cerveza tostada, a juzgar por la imagen, allí habían transitado personas hace poco tiempo. Solo los viejos cuadros colgados en las paredes eran testigos de lo que había sucedido. En la barra solo había varios vasos de whisky junto con algunos puros ya consumidos por el paso del tiempo. De pronto sentí unos sigilosos pasos seguidos de un silbido escalofriante. Eché a correr rápidamente, preso de la más temerosa angustia.

Mi cuerpo no podía más, pero mi mente no me permitía desistir. Seguí corriendo a pesar del dolor. Crucé el viejo puente de madera de Weiner que me conducía al cementerio del Oeste, era el único lugar más próximo capaz de ofrecerme algo de protección y cobijo. Naturalmente estaba equivocado.

Entre la grisácea niebla y los majestuosos robles que envolvían el antiguo cementerio se encontraba una valla de metal, alargada y elevada que daba paso al interior de aquel macabro lugar.

En la entrada había unas largas escaleras que conducían a las lápidas de mármol. Parecía que aquel lugar llevaba abandonado mucho tiempo, pues las malas hierbas habían crecido de una forma descomunal y las flores que adornaban las lápidas se habían marchitado.

Aquel lugar transmitía una extraña sensación, podía notar el llanto y el sufrimiento en mis propias carnes. Necesitaba salir de allí, pero, de pronto algo logró llamar mi atención. Era una lápida de mármol con una estatua de un ángel, era un ángel caído que estaba posado sobre una columna con relieves. Daba la sensación de que la postura de aquella estatua había sido construida a propósito, como si pretendiese expresar algo.

Mi corazón se paralizó cuando observé una lágrima recorriendo el rostro de aquel ángel. Me fijé, de repente, en la columna sobre la que estaba posada aquella figura. En ella quedaba grabada un nombre: “Emilie Thompson”

No podía creerlo…

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    3 junio, 2017

    ¡Impresionante! Es una historia que atrapa. Un abrazo Alma y mi voto desde Andalucía

    • Imagen de perfil de AlmaRebellisch

      AlmaRebellisch

      5 junio, 2017

      Muchísimas gracias, Mabel, te lo agradezco de corazón. Un enorme saludo.

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