Cuando aprenda a morir,
no habrá azucenas que cortar para tu alma;
ensillaré en el lomo de la muerte
algunos besos que en mi piel dejaras.
Sacudiré la espiga de tu aliento,
donaré para tu cuerpo mis dos alas;
seré el guardián de tu alma cuando viajes
sobre la extensa muerte hasta la playa.
Allí esperaré sediento de tu vida,
y habrá risas de viento y de campanas;
será otro amanecer, nuevos latidos,
un solo corazón y solo un alma.
Cuando aprenda a morir,
tendré tu aire aleteando a mi espalda,
sacudiendo el dolor de aquellas rosas negras,
y aspirando el aroma de mis rosas blancas.
Desbordaré sobre tu piel ligera al viento,
la invisibilidad de mi nostalgia;
la nutriré con llanto de mis ruegos,
y esparciré sobre tu nada, la esperanza.
Y luego, no habrá muertes futuras
para dos cuerpos que viven con un alma,
atados por el hilo de un orgasmo,
atravesando un corazón que no desangra.





Mabel
¡Qué pasional! Un abrazo y mi voto desde Andalucía
pattypeluza
Que bello cuento de hadas. Así quisiera vivirlo. Hermoso poema romántico que te hace sentir única si te lo dedican. Excelente.
bordadora
Muy pasional y temible para aquellos que todavía no aceptamos la muerte. Estupendo poema. Un abrazo y mi voto.
Esruza
Un poema muy lindo y sentido. Saludos y tienes mi voto.