De gaviotas y cadáveres

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Gaviotas reidoras, argénteas, sombrías, cormoranes, corre limos y algunas palomas, esperando que bajara la marea para volar a la arena alisada por el reflujo de las pequeñas olas que marcan la retirada del agua. Con la marea baja aflora la comida, el banquete de cada día de estas aves que se sirve con la bajamar.

–        Allí, allí. Junto a las rocas hay un cuerpo flotando.

El que gritaba era un joven de unos 30 años, vestido con un tanga azul marino y una camiseta blanca, sin mangas. Parecía muy agitado y no dejó de señalar hasta que los vigilantes de la playa se montaron en la lancha neumática y se dirigieron hacia el lugar que él indicaba, en el que sólo se veían unos reflejos blancos y azules que parecían más una prenda de ropa semi sumergida que un cuerpo.

Como parecía que aquel mes de junio era el de las tragedias en la mar, unos minutos más tarde los vigilantes se afanaban el subir un cadáver a su barca y al tiempo, el que se mantenía en la torre de vigilancia avisaba a la Policía del hallazgo de un cadáver en las rocas que protegían el arenal.

En unos minutos había en la arena representantes de todos los cuerpos de seguridad, aparentemente coordinados, pero los únicos que estaban ejerciendo una labor proactiva eran los vigilantes de la playa que trataban de alejar a los bañistas de la zona de atraque de la lancha que ya llegaba a la orilla. Bajaron el cuerpo por indicación de la policía nacional que les ordenó que no se moviese el cadáver hasta que no llegara el juez y entre todos procuraron mantener a la gente separada del cuerpo que habían cubierto con una lona.

Una hora después llegó el juez y los policías nacionales voltearon el cadáver que tenía dos heridas justo debajo del omóplato zquierdo. En ese momento, saltándose el cinturón de seguridad, el joven del tanga, el que había descubierto el cadáver, se abrazó a su espalda.

–        No quería matarte que eres mi vida. Querías echarme de nuestra casa. Me habías engañado y te habías quedado con mi dinero.

La confesión espontánea del bañista y su gesto de abalanzarse sobre el cadáver fue suficiente para que los policías nacionales lo detuvieran y se lo llevaran al mismo tiempo que el cuerpo de su pareja era introducido en el coche fúnebre.

Las gaviotas con representantes de las cuatro variedades que visitaban a diario la playa, los cormoranes, los corre limos y algunas palomas que se habían atrevido a confraternizar con esas aves típicamente marinas, apenas se habían alterado por el tráfago de los humanos entorno al cadáver de uno de los suyos.

Comentarios

  1. Ébou.Riffé

    15 junio, 2017

    Qué le importaba a las aves, no?
    Aunque muchas veces son los humanos (somos) los que adoptamos ese rol de “aves” ante desgracias ajenas, ante el que pide la limosna…etc.
    Buen texto, para reflexionar.
    Un abrazo y voto bien ganado,
    Cariños!

  2. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    15 junio, 2017

    ¡Excelente! Un abrazo Felix y mi voto desde Andalucía

  3. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    16 junio, 2017

    Muy bueno, Fiz, tanto el tema como la realización. Me encanta tu habilidad para convertir una enécdota en Literatura.
    Mi cordial saludo y mi voto.

  4. Imagen de perfil de Celeste

    Celeste

    25 junio, 2017

    Me ha gustado mucho, Fiz. Un abrazote y mi voto, amigo.

  5. Imagen de perfil de eleachege

    eleachege

    2 julio, 2017

    Un episodio para una historia bien narrada. Un saludo Fiz y mi voto a tu escrito.

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