Ocurre que llevo, pero esto ya lo sabes, casi dos años sin anafranil y cuatro más alejándome del pegamento. Es decir, Pancracio, estoy portándome como Dios manda en los manuales de psiquiatría, con casi todo. Ahora apenas echo de menos mis terrores nocturnos pero diarios, ni ese ácido sabor en la boca a dípteros necrófagos tras mis pesadillas. Debería decir que ya no recuerdo lúcidamente ese sabor. Todos los cadáveres (también Facunda, aunque esté viudita y coleando) están tan lejos de mí, en sentido espiritual, desde que estoy bajo tu vigilancia, en sentido farmacológico y en sentido espiritual también, que ni su olor físico, el de Facunda y su aura, en sentido olfativo-literario, identifico en el recuerdo. A esto tú lo llamas, cuando te haces comprensible, dar un paso en la buena dirección. En esa dirección, tan buena que ya tiene carriles en ambos sentidos, hemos logrado mitigar mi más reaccionario e inofensivo trastorno -insisto en eso de darte las gracias o las muchas gracias, doctor, por tu silenciosa ciencia y tu paciencia estrangulada-, hemos mitigado esa obsesión mía por responder a los desconocidos cuando me piden la indicación de una calle o preguntan por la hora o me guiñan un ojo por si la cosa acaba en sexo (a cualquier hora la calle sirve para), el verso de José María Eguren (¿me permites escribirlo sin pronunciarlo? un muerto es una pasión que perdura) aunque pienso que un muerto es una pasión que perdura por mucho que disimule mi silencio, el del muerto y el de tus terapias.
Te lo he advertido. He recaído, y me avergüenzo, en desvíos en el tratamiento y te lo quiero contar antes de que veas las consecuencias y me mates, porque me matan las suposiciones con las que explicas mis consecuencias, sí, y me mata también tu mirada freudiana y vanidosa, valga la redundancia, que bien sabes que me recuerda a la de ese deletéreo intrigante que perdura llamado Yo (que es la causa de esta disculpa, no su pretexto) –siempre me digo que no debo aburrirte hablando y hablando y llorando por él (el Yo) en mis sesiones pero me mata no haberle dicho adiós cuando él (mi Yo) dijo adiós a la cocaína levantándose la tapa de los sesos con un buen tiro mal cortado-, esa mirada que Yo tenía bajo los efectos de la coca. A veces Facunda, que también piensa en la coca cuando escribe para no pensar en Yo cuando yo leo, me escribe algún correo desde su más allá de esposa y su más acá de luto. Yo sé que cada línea que me dedica significa mi muerto es mi pasión que perdura, pero yo me quedo en lo de la pasión y de ahí voy a todas las noches en las que me dijo que no. No puedo ir a otras noches, pues todas las noches en las que me dijo que no son todas las noches en las que me dijo algo, como ya le he dicho en todas las sesiones, ya querría yo ir a alguna noche en la que me hubiera dicho sí o en la que por lo menos no hubiera dicho Yo (el mío). A veces creo que esto será más difícil para ti, es como si las cosas ocurrieran a cámara lenta, otras veces es como si no ocurrieran; como si un detective anduviera sospechando nada constantemente y se dedicara a confirmar nada, constantemente también; como ser vigilante de una piscina en el desierto del Gobi (¿te acuerdas, le pregunté ayer a Facunda, de nuestras peleas allí?) sin agua ni bañistas y sin noches, y Facunda bajo el sol pasando las páginas requemadas de una edición setentera de la revista Paris Match; días que duran más que la rotación de la Tierra. También se da que todo ocurre en un plano planísimo diferente al mío, a una distancia insalvable. Porque aunque aquí me veas todos los días llevo meses sin venir. El problema es que no sé dónde estoy mientras vengo a la oficina sin estar aquí y mis cojones se cuadriculan entre los muslos perezosos que los incuban todo el santo día, cual gallina vieja, muda de tanto cacarear a su propia sombra. Creo que lo que ocurre no es que mi cabeza este en otro lado, sino que ha aprendido el mecanismo de no estar en ninguno. Una lamentable resignación sin indignación ni solución.
El revolcón emocional ocurre por sorpresa; viene porque una frase me pilla desprevenido en mi más autista estado de oficinista: “yo fui feliz cuando era niño”.
El jueves pensé todo esto. El viernes lo pensé más. El viernes por la noche fui a la tertulia del Café Rocamadour; la camaradería habitual se convirtió en peloteo a José María Eguren porque al final logró publicar su primer libro de poemas; evité vomitar en público, y con la discreción de una señorita de la alta sociedad lo hice en privado, como cuando les di el espectáculo en Amsterdam (porque yo en Amsterdam dormí una noche entregado a la taza del wáter del hotelucho, como un héroe que descansa después de salvar el mundo en los brazos de su amada), y maldije la falta de talento de esta nuestra tertulia, hasta que una herida de Cupido volvió a sangrar en el cuerpo de Facunda: estuve a punto de hacerle una transfusión de sangre para ver si recomponía la insustituible dignidad de los corazones rotos, pero por mucho que lo intentara solo salía de mi cuerpo whisky. ¡De más de doce años! No se curó ni nada, de hecho parecía aquello un fin de fiesta en la casa del Doctor Mengele, había sangre de Cupido por todos lados.




Celeste
Ay, qué bueno, Luie!! Me ha resultado de lo más entretenido. Un merecidísimo voto para mi amigo, el Gran Luie. Besitos!
Luie Speler
Muchas gracias!
Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Luie Speler
Muchas gracias!
Penélope
Imprescindible Luie Speler: Esto es una Genialidad. Pero espera que hay más: Al alcance de muy pocos.
Recibe un cordial saludo.
Luie Speler
Muchísimas gracias P…. Besos.
Lourdes
Voy siguiendo tu rastro y miguitas a miguitas voy encontrándolo. Una pista? : Lo he leído más de dos veces. Cuando eso pasa…(sólo si lo recuerdas)
En fin…la locura se disfraza de genialidad, o es al revés? da igual, en cualquier caso amo la locura!
Besos
Luie Speler
Besos!
eleachege
Excelente ejercicio para una sesión terapéutica. Preciada narrativa Luie Speler. Un saludo y mi voto a tu escrito.
Luie Speler
Gracias LHG!
Fiz Portugal
Buen relato, saludos cordiales. Tienes mi voto y te sigo.
Luie Speler
Muchas gracias!
GermánLage
A esto, Luie, yo le llamo Literatura (con mayúscula).
Un cordial saludo y mi voto.
Luie Speler
Muchas gracias!