El catalizador

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EL CATALIZADOR

Estoy viajando en el convoy que me lleva de vuelta a Las Heras. Después de mucha investigación y arduo trabajo, todavía no hemos llegado a la cura para le enfermedad que está azotando al mundo en una pandemia sin precedentes. El virus se llama Quimera y ya destrozó al %15 de la población mundial.

A mí alrededor, veo soldados del ejército, compañeros de trabajo y bolsas de cadáveres en el suelo de la camioneta, cadáveres que siguen en estudio.

-¿Escuchaste la última noticia Pablo?-Pregunta Carlos, un colega de mi localidad.

-¿Qué pasó?-Pregunto curioso.

-Dice que el contagio del virus se expandió tanto que ya está en el sur de Argentina y que hay grupos extremistas que creen que ya tenemos la cura pero no queremos esparcirla.

-Que estupidez, somos tan inmunes como ellos.

-Te digo para que te cuides la espalda.

-No te preocupes amigo, vamos a volver al laboratorio central la semana que viene y vamos a encontrar la cura para el virus.

-Eso espero amigo ¡Estamos en el 2020! ¡Tiene que haber una solución!

El camión militar me deja en mi casa y me despido de los soldados y compañeros. Inserto la llave en mi puerta y en el primer pequeño empujón noto que se abre. “Qué raro” pensé “No recuerdo haber dejado mi casa abierta”. Cuando ingreso a la misma me doy cuenta que todo está destruido. Mis muebles, adornos, vidrios, espejos… todo. Al parecer hubo una búsqueda incesante. No vinieron a mi casa a robarme. Vinieron en busca de algo.

Cuando asumo la sorpresa alguien toca a mi puerta, es mi hermano Cristian.

-Pablo ¡tenes que venir a casa ahora!-Parece agitado.

-Cristian ¿No ves cómo está mi casa?

-Si ya sé cómo está pero tenes que ir a casa ahora. ¡Rápido!

Me uno a él y vamos a la casa de mi padre. Una vez allí me doy cuenta que al igual que la mía, la casa de mi papa fue saqueada.

-¿Qué está pasando?-Pregunto desesperado e impotente.

-Pasa Pablo, papá te llama.-Me dice Cristian e ingreso a la habitación. Cuando veo a mi papá casi no lo reconozco.

-¡Papá! ¿Qué pasó? ¿Qué te hicieron?-Lo veo lastimado y con sus ropas desgarradas.

-Ese grupo de inútiles vino a casa buscando una cura que dicen que vos y tus compañeros tienen que tener.

-No lo puedo creer ¿Todo esto es por ese estúpido rumor?

-¿No es verdad?-Pregunta y su voz suena quebrada.

-No, claro que no papá. Si fuera así ya estaríamos trabajando en un antídoto.

-Escuchame Pablo.-Dice y me agarra por la nuca.-Siempre fuiste especial. Si no encontras la solución, convertite en la solución.

-Papá ¿De qué hablas?

-Sos tan igual a tu madre.-Dice, acariciándome el pelo.-Nunca vi a ninguno de los dos resfriado o estallando en fiebre. Siempre fueron fuertes.-Dice y se queda sin aire. Al cabo de dos minutos me encuentro llorando a mi difunto padre. Hay una mezcla de emociones en mí, enojo y deseos de venganza por un lado y por el otro, tristeza y melancolía.

Un par de minutos después un grupo de uniformados del ejercito entra en la casa buscándome y me arrastran del cuerpo de mi padre hasta el mismo camión que me había traído desde Comodoro hasta a mi casa hace más o menos media hora. Mi hermano me grita un adiós pero no alcanzo a despedirme cuando ya soy metido dentro del camión. A continuación, otro soldado me pone un chaleco antibalas.

Pregunto qué es lo que pasa y que es lo que quieren, pero nadie me presta atención. Solo después de un momento en el camino, uno de los soldados decide hablarme.

-Disculpe doctor Morales, pero tenemos que sacarlo de Las Heras inmediatamente.

-¿Por qué?

-Por precaución. Ese grupo extremista está atacando a los doctores y complementarios que trabajaron en el laboratorio central de Buenos Aires, creen que les estamos negando un antídoto para el virus. Ya mataron al doctor Sandoval.

-¿Carlos? ¿Mataron a Carlos?-Pregunto impresionado y el soldado me confirma con un gesto. No puedo creer lo que me está pasando. No puedo superar una muerte cuando otra me cae encima.-Y ¿Cuál es el pl..-Soy interrumpido por una explosión fuerte del lado izquierdo del camión. El estallido causa que el camión se de vuelta y quede ruedas arriba.

Después de unos minutos de desmayo, los ruidos de disparos me despiertan e incrementan la intensidad del dolor de cabeza que me amedrenta. Me agacho cubriéndome con el camión volcado y veo a los soldados devolviendo el fuego.

-¿Puede empuñar un arma doctor?-Pregunta el soldado que me puso el chaleco.

-¡Claro!-Respondo con firmeza recuperándome del mareo y el dolor. El me pasa un rifle de asalto moderno y comienzo a devolver el fuego yo también.

Siento mucha adrenalina al disparar a mi enemigo. En lo que parece unos segundos de paz puedo distinguir las figuras de nuestros contrincantes. Tienen ropa informal negra y gris y armas ak-47.

El fuego es continuo y los disparos no cesan. Uno de los soldados se acerca a mí.

-Doctor, tenemos una idea, es peligrosa pero por ahora es lo que nos conviene hacer. Nos vamos a meter a la zona de cuarentena con las máscaras y los vamos a perder ahí. Ellos no tienen el equipo para entrar en esa zona.

Accedo al plan, nos ponemos las máscaras y nos preparamos para partir. Uno de los soldados arroja una granada y la explosión crea una divergencia que nos permite escapar de la balacera. Con las máscaras puestas, avanzamos a la zona de cuarentena. Tenemos poco tiempo antes que los extremistas nos encuentren, asique corremos cuán rápido podemos.

Por fin llegamos al lugar tenebroso. Un barrio entero fue clausurado ya que esta infestado de Quimera. Rompemos las vallas e ingresamos al lugar. Veo mucha niebla en el ambiente, es densa y pesada. El barrio está completamente muerto, así como la gente tirada en las calles. Veo mujeres, niños, ancianos y hombres muertos en el suelo. El virus Quimera tiene un componente que afecta la pigmentación de la piel asique los cadáveres no parecen ser humanos.

Después de correr un poco más, tropiezo y caigo, lo que causa que mi mascara se enriende en un escombro del asfalto y para cuando me pongo en pie me encuentro a mí mismo respirando Quimera sin parar. El miedo me carcome y me debilita, el pánico se apodera de mí, siento que me quedo sin aire, sin respiración… en realidad estoy respirando, no me estoy ahogando, en realidad… no siento absolutamente nada. Me siento normal. Los soldados me quedan mirando sorprendidos.

-¿Doctor se encuentra bien?-Me pregunta el soldado que había ideado el plan.

-Sí, me encuentro perfecto. Eso es lo extraño.

-¿Una reacción tardía?-Pregunta otro soldado.

-No.-Le contesto sorprendido.-Inmunidad total soldado, soy inmune. La reacción más tardía ha sido de cinco segundos. Quimera nunca tarda tanto en apoderarse de un vehículo.

No lo puedo creer. A mi mente se me vienen las palabras de mi padre “Nunca vi a ninguno de los dos resfriado o estallando en fiebre. Siempre fueron fuertes” A eso se refería, él sabía que yo era inmune. “Si no encontras la solución, convertite en la solución” Ahora todo tiene sentido y mi papá lo sabía.

-Voy a hacer eso papá.-Digo mirando al cielo.

-¿Disculpe doctor?-Dice uno de los soldados.

-Hay que irnos chicos. Hay que volver al laboratorio en Comodoro. Acabamos de encontrar una cura.

-¿Qué cura doctor?

-Yo… Voy a desarrollar el antídoto a partir de mi sangre.

-Pero doctor, usted es la primera persona que muestra inmunidad desde que se esparció el virus.

-Eso quiere decir que se va a convertir en el hombre más buscado en todo el planeta doctor y eso va a ser peligroso.

-Para eso los tengo a ustedes.-Les digo sonriéndoles.

-Claro doctor, no se preocupe. Le cuidamos la espalda.

Ahora me encuentro en el viaje más peligroso, pero aun así más importante de la historia contemporánea. Un pobre doctor de una pequeña ciudad de Santa Cruz, es la primera persona inmune a Quimera. Y voy a compartir mi inmunidad con el mundo, voy a sanarlos a todos… Voy a convertirme en la solución.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    22 junio, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo Emanuel y mi voto desde Andalucía

  2. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    23 junio, 2017

    Me ha gustado tu relato, E. E; está desarrollado con gran habilidad y muy bien escrito.
    Mi cordial saludo y mi voto.

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