Me gusta estar aquí arriba, en la azotea de la torre Espacio, con todo Madrid a mis pies y Navacerrada cubierta de nieve a lo lejos. Me siento feliz y ligero. Podría volar. Casi me estoy replanteando lo que quiero hacer. Va a ser más fácil de lo que pensaba. Ni siquiera me da vértigo.
Sólo tengo que trepar a este murete, sentarme en el borde, así, de un brinco, sacar con cuidado los pies colgando en el vacío, quedarme un par de segundos en el borde, y luego sin pensar, sin parpadear, sin apenas respirar dar un pequeño impulso, ¡alehop!, y ya no sentir nada sólido bajo mi cuerpo, sólo una caída libre de cientos de metros y el viento silbando en mis oídos.
…
Increíble, esto sí que no me lo esperaba. Tras saltar con facilidad e ir cayendo como un bólido durante decenas de metros, noto que mi caída se ralentiza. Voy cada vez más despacio, y más y más despacio, hasta que me detengo del todo, justo a la altura del piso 39. Y me quedo ahí flotando, a unos centímetros de la pared acristalada, con cara de imbécil (me la veo en el cristal), y me pregunto qué le habrá pasado de pronto a la fuerza de la gravedad madrileña, que ha dejado de funcionar para mí, provocando que mi enésimo intento de suicidio sea también fallido. Miro hacia abajo y veo los coches como hormiguitas avanzando tan tranquilos por la Castellana y a los viandantes, más diminutos aún, caminando por la acera. ¿Esto quiere decir que de repente me he convertido en un superhombre y puedo volar? ¿O que me he vuelto loco de remate? El caso es que no sé cómo, pero vuelo. Mejor dicho, floto. Sea como sea, esto provoca que mi enésimo intento de suicidio sea un fracaso de nuevo.
Y mira que lo he intentado veces: por ahogamiento, cortándome las venas, tomando una dosis letal de somníferos, ingiriendo veneno, con una pistola, por atropellamiento, en fin, la lista es larga, y nada, que no hay manera. Que no me mato.
La primera vez un buen samaritano me rescató entre el oleaje cantábrico cuando ya estaba a puntito de ahogarme. La segunda, una rotura repentina de las cañerías del edificio provocó una inundación y un amable bombero me sacó de la bañera llena de agua rojiza cuando me faltaba poco para desangrarme y una transfusión de urgencia me salvó la vida. En otra ocasión, la combinación de barbitúricos con ingentes cantidades de alcohol me produjo unos vómitos que expulsaron todas las pastillas de mi cuerpo. Otra vez, me equivoqué con la dosis de cianuro por un par de miligramos y sólo tuve un terrible dolor de cabeza durante tres días y una desagradable diarrea. Y recuerdo aquel día en que la pistola se encasquilló cuando ya tenía el cañón dentro de mi boca. Bueno, la lista es larga.
Por eso tuve la genial idea de lanzarme desde la azotea del rascacielos más alto de la capital, y por eso estoy aquí ahora, flotando en medio de la nada. Pensé, ingenuo de mí, que era imposible que esto fallara. Quién podía imaginar que me iba a convertir en una especie de Superman de forma repentina, a saber por qué extraño influjo astral, y que me pondría a flotar a la altura del piso 39, con unos cien metros de caída libre por debajo de mí.
Mi problema ahora es cómo salir de esta situación. No puedo llegar hasta el edificio, no puedo ascender, y por muchos aspavientos que hago con brazos y piernas, no consigo caer al suelo. Con un poco de suerte, moriré por deshidratación o desnutrición, a no ser que…
¡Oh, no! No puede ser, esto no me puede estar pasando a mí. Lo que me faltaba, alguien se está descolgando desde la azotea, haciendo rapel por el lado curvo de la torre; debe de ser un bombero, y viene derechito hacia mí.
Menos mal que llevo mi afilada navaja multiusos en el bolsillo. Espero que el peso de mi rescatador sea suficiente para caer en picado. Pero eso con un poco de suerte…





Ébou.Riffé
El tipo murió hace raaaaaaato, quizás en el primer intento, pero aun no se entera.
Me encanta. Muy bueno.
Saludos!!!!
alice
Gracias por tu comentario, @ebouriffe, pero está muy vivo en este relato.
He intentado aplicar la técnica del realismo mágico, no sé si con éxito…
Un abrazo
Mabel
¡Tremendo! Un abrazo Alicia y mi voto desde Andalucía
Elayha
me gusta tienes una buena intuición 😉 😉
alice
Gracias @joaquinesteban, y por qué dices lo de la intuición?
Elayha
Significa que tienes una buena perspectiva de hacer historias 😉
gines
Muy original… gracias por la aclaración de la cara de imbécil…venía muy a cuento.. jaja.. También me ha encantado lo de la gravedad madrileña… No sabía que existían competencias autonómicas en ésta materia… En fin… felicidades un gran texto… mi voto … te leo…
alice
Jaja, muchas gracias @ginescarrascoso, la verdad es que me divertí mucho escribiendo este relato, sobre todo siendo una situación en teoría trágica, me pareció adecuado tratarla con humor. Y casi me salió solo.
Un abrazo