¡Ah!, que incomparable forma:
Sinuosa, esbelta, insinuante.
La jarra de púrpura ubérrima
que al espíritu eleva o enardece.
Yo la quiero de cerámica roja
como la producían los monjes:
anacoretas tercos, laboriosos,
que atrapaban los espíritus sabios
–liberados por las vides–
convirtiéndolos en vahos,
en caldos de expansiva oleada:
de calor y púrpura embriagadora.
CORTEX





Mabel
Muy buen poema. Un abrazo Alfonso y mi voto desde Andalucía
Cortex
Mil gracias, queridísima Mabel.
Cortex