1
Cuando yo era tan sólo una niña, quizá de siete años, tenía un sueño recurrente con la misma persona. Era una mujer joven, alta, delgada, con un vestido largo y negro de cuello tortuga y llevaba una corona hecha de tallos en la cabeza. Me buscaba, me llamaba con la mirada y me perseguía, tenaz, durante todo el sueño. A veces tenía la sensación de que sólo quería jugar pero su obstinación por querer estar conmigo me asustaba y yo despertaba con el desespero de haber escapado de un “casi” secuestro. Yo, una niñita de solo siete años, indefensa, metida en un sueño que, de alguna manera, compartía sólo con ella. Estábamos las dos, yo queriendo despertar y salir de ahí y aquella mujer de semblante triste atesorando tenerme. Las imágenes del sueño no son claras. El entorno era oscuro y gris. Yo caminaba entre árboles plomizos buscando el regreso a casa, pero todo era sombrío y me era difícil reconocer el camino. Mis pisadas cautelosas sorteaban piedras, charcos, hierbas, tallos con espinas y algunas flores caídas, pisoteadas y rotas. El miedo siempre presente. Al principio del sueño estaba yo sola, pequeña, indefensa en medio de la maleza con la certeza de que pronto la vería llegar y por eso caminaba desconfiada. De repente aparecía ella, de entre los árboles, de la nada. Me miraba y me sonreía y sin hablar, sólo con el movimiento de su mano, me llamaba. Yo pretendía no verla y seguía por mi camino sintiendo su presencia pesada persiguiéndome. Al principio mis pasos eran lentos pero apresuraba mi andar por el miedo, y terminaba dando zancadas para escapar. Ella en cambio seguía detrás de mí sin hacer ningún esfuerzo al caminar. Al cabo de un tiempo me daba cuenta que estaba dentro del mismo sueño, otra vez, entonces paraba mi tenaz huida y gritaba intentando salir de aquella pesadilla, pero el grito era mudo. Tanto intentar al fin despertaba ahogada en mi propio lamento y encontraba a mamá junto a mí consolándome y con esos ojos amarillos, preocupada, me preguntaba en voz baja:
─ ¿Otra vez soñaste con esa mujer que te quiere atrapar?
Mamá, al notar la frecuencia con la que se presentaban las pesadillas, se atrevió a resolver el enigma culpando a papá y al abandono tajante en el que nos dejó.
─ ¡Tupadre ya debe tener otra y seguro pronto conocerás a tu madrastra, por eso las pesadillas con esa mujer! ─decía con incesante desprecio.
Yo, en cambio, le atribuí la culpa de los sueños repetidos al triste temor por perder a mamá. De todas maneras desde entonces aquellas pesadillas tuvieron un título: La pesadilla de la madrastra. Esos sueños repetitivos con la misma mujer duraron lo suficiente para crear preocupación en mamá y también la burla en mis hermanos que durante el día me gritaban con voz tenebrosa “la madrastra que roba niños te va a atrapar mientras duermes”, ellos reían pero en mí provocaban lágrimas de un pavor que no me dejaba vivir. La coincidencia de que esas pesadillas terminaran se presentó cuando papá organizó su nueva vida de soltero y nos otorgó el domingo como día de los hijos sin que conociéramos, o al menos no al principio, a la nueva o como decía mamá “la otra”. Esa casualidad me llevó, con recelo, a convertirme en el augur de mis propios sueños y por eso durante mucho tiempo me provoqué olvidarlos, pero fue muy difícil disimular no haberlos visto cuando la realidad me los presentaba en mis narices provocándome en el pecho el vacío inconfundible de la premonición. Entonces, con la certeza de que el miedo y el valor van siempre de la mano, desde la adolescencia me dediqué a escribir aquellos sueños que tendían a repetirse. Los escribo con la misma intensidad con la que los sueño. Les doy un inicio y les doy un final y les adorno intentando que se cumplan sólo sobre el papel y me ha ido bastante bien. En la realidad ya no se cumplen. Esto lo sé ahora, a mis casi cuarenta años.
La pesadilla de la madrastra nunca la escribí. Se quedó en el limbo, sin conclusión.
2
Hoy, todavía con las pijamas calientes de una noche larga me preparé un café sin azúcar y me dispuse a escribir, pues la mujer de las pesadillas de mi infancia otra vez se coló en mi mente después de tantos años. No me dejó dormir y yo quería torear esa certeza terrible del presagio, ahuyentar el presentimiento feroz de que ella me buscaba de nuevo. No pude escribir y el café no me lo terminé. El ambiente lo sentí pesado. Irrespirable. No sé si por mucho aire o poco pulmón. Caminé en círculos intentando resolver el enigma inconcluso de la pesadilla de la madrastra y cuestionándome por qué me es tan difícil escribir sobre aquello inclusive ahora que ha pasado tanto tiempo. Entonces, mi escritorio desordenado y lleno de documentos, me respondió la incógnita abriendo mi pecho, como en carne viva, con una revelación que dolió reconocer. Saltaron incandescentes varios papeles que me lastiman. Hay recibos pagados y otros todavía por pagar, hay diagnósticos médicos, prescripciones de medicinas que hasta el momento sólo me han cambiado el humor porque todo lo demás sigue igual. Son los papeles de mi sexto y último tratamiento de fertilidad. Nada funcionó. Me di cuenta que es imposible retroceder en el tiempo y quizá la única pesadilla que nunca escribí se estaba cumpliendo y se presentaba malvada ante mí. La mujer de aquel sueño he debido ser yo, obstinada en querer un niño.
Con este final el destino egoísta me ubica en una pesadilla que nunca imaginé vivir, arrebatándome el único sueño que siempre soñé con los ojos abiertos: ser mamá.




GermánLage
Hola, Fernanda. Me ha gustado mucho tu sueño; quiero decir, tu cuento. Original, muy bien construido y con un final, un poco triste, pero, a mi modo de ver, muy acertado. Bien venida a Falsaria.
Mi cordial saludo y mi primer voto.
Fernanda
Muchas Gracias…
eleachege
Buen imaginario y buen estilo al escribir. Bienvenida Fernanda. Un saludo y mi voto.
Fernanda
Encantada de vivir esta aventura de escibir,
Mil gracias,
Mabel
¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida
Fernanda
Qué gusto!, Muchas gracias.
Abraham
Me gustó mucho…sigue así! Espero sigas publicando más.
Fernanda
Gracias Totales!!!
Jenny
Gracias por compartir!!
Primeramente, que hermoso escrito, parecía que vivía el sueno también y hasta sentí el temor que tenias y quería estar ahi.
Tu estilo envuelve, hipnotiza y me finalmente me hizo llorar!
Sigue escribiendo y deleitando con tu talento!
JR
Fernanda
Gracias, Lindas palabras
Sheyla Erazo
Simplemente hermoso Mayfer…eres muy talentosa y llena de virtudes…sigue adelante!!!
Fernanda
Muchas gracias por leerlo.
Sonia
PRECIOSA la historia , bien escrita y relatada que al leerla senti un escalofrio que solo siento cuando vivo algo extraordinario. Por favor sigue escribiendo porque con este CUENTO has demostrado tu Gran talento y estoy segura de que este es el principio de Muchos LOGROS en tu vida. Me Siento muy orgullosa de ti hermanita 😇❤️🍾📚
Fernanda
Bellas palabras.. gracias
Hedy Cecilia
Esta bonito se.asemeja a mi situation sigue escribiendo 🎉😜😜😙😍