La soga (revisitada) – Capítulo II de X

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Anteriormente…

II

Larry volvió a la mansión algo desorientado. Poco dado a las salidas sin horas de vuelta, tuvo que esperar a que el sueño venciera a la incombustible Sra. Woodstock, y suerte tuvo que Michaels se ofreciera a llevarla a casa porque no se tenía en pie. Se duchó y repasó algunos borradores con un cúmulo de sentimientos bailando al ritmo de los recientes acontecimientos. Se sentía como el culpable de las absurdas obsesiones de unos cuantos viejos que no tenían otra cosa mejor que hacer que martirizarlo sin conocerle siquiera; en vez de la casa, parecía él el maldito.

Se tomó la medicación, por necesario, y como punto de inflexión con que se iniciaba la clausura de aquel día extraño. Subió la segunda planta, y antes de que el efecto adormecedor de las pastillas le amodorrara, realizó una llamada.

—¿Mamah?

—Larry… ¿Cómo estás, cariño mío? Tenía tantas ganas de oírte…

—Yo también, Mamah. Estoy bien. Ahora me iba a dormir.

—Cuánto me alegro de que estés bien, cariño mío… te echamos tanto de menos… Hace mucho que no vienes a vernos, ¿es por el trabajo, cielo? Tu pobre corazón… Necesitas tranquilidad. Nunca olvido el día que te recogimos… no sabíamos nada de ti, cielo, ni tú tampoco… ¿Sigues sin recordar nada, cariño mío?

—No, Mamah. A veces pienso si realmente tuve recuerdos del pasado alguna vez.

—¡Claro que sí, cielo! Todos tenemos un pasado, y estoy segura de que el tuyo te proporcionó tu nueva oportunidad para vivir… No te aflijas, cariño mío. Eras tan pequeño… Perder la memoria es una especie de liberación. Dios, nuestro padre y señor, ha bendecido tu espíritu al apartar recuerdos que podían entristecerte.

—Pero se cobró una factura con intereses, Mamah.

—¿Por qué dices eso, cielo?

—He empeorado, Mamah. Ahora me encuentro fuera de la ciudad, por decisión médica. Dice que el aire campestre me puede venir bien.

—Tienes que cuidarte, cariño mío. ¡No hagas tonterías!

—Voy a colgar, Mamah, se me cierran los ojos.

—Descansa, cielo. Soy tan feliz por haberte escuchado… No olvides nunca que te queremos muchísimo. Sigue avanzando y no te dejes vencer por esta prueba que Dios ha puesto en ti. Puedes hacerlo con tu fuerza, tu constancia, nuestra ayuda… Dulces sueños, cariño mío. Te quiero.

Larry colgó. No creía que Mamah le hubiese oído despedirse porque las lágrimas le ahogaban tanto que no dejaban salir el sonido. Siempre que hablaba con ella le sucedía lo mismo… Al menos, le había servido para apartar a un lado el incidente del albergue. Cerró los párpados y se echó a dormir.

De repente, volvió a abrirlos.

Voces.

Niños pidiendo auxilio de forma caótica y desgarradora.

Larry se quedó pasmado. Miró a un lado y a otro, y solo encontraba oscuridad… Sin embargo, las voces se escuchaban por el techo, desde las ventanas, bajo la mesita de noche, la cama… por todas partes.

A continuación, a las voces les siguieron unos golpes.

Como si hubiese metido los dedos en un enchufe, Larry pegó un brinco y se sentó en la cama.

Golpes huecos, fríos, sin orden ni pausa, se intercambiaban con los gritos por todos lados, al igual que estos. Alarmado, Larry encendió la luz y comenzó a ponerse tan nervioso que ni siquiera podía articular el meñique.

El pánico cedió el testigo a un hábito insólito, como si hubiese llevado toda la vida acompañado de tan peculiares fenómenos. A excepción de la cantinela con sus enfermizas estrofas de chillidos y timbres aflautados, y unos aporreos empeñados en robarle protagonismo a las voces, allí no pasaba otra cosa más que el tiempo. El escritor se preguntaba si realmente estaba soñando, algo que podría solucionar rápido con algún pellizco o un par de bofetadas, pero eso le privaría del gozo de disfrutar una alternativa más desconcertante:

¿Y si estaba ocurriendo de verdad?

Lentamente, se resolvió a superar su nerviosismo, dobló el meñique y se levantó.

Ya se encontraba a medio metro de la puerta cerrada y los gritos seguían incesantes; los golpes, tan perennes como incoherentes. Larry no quiso tentar más a la suerte y decidió volver a la cama, ahora que se veía con fuerzas para esconderse bajo las mantas.

Al volverse, el corazón le dio un vuelco.

Una sombra, la sombra de una silueta humana, acababa de surgir de la ventana y se estaba deslizando por la pared.

Ahora estaba realmente muerto de miedo. Deseaba haber nacido avestruz; esos malditos bichos siempre tienen un agujero cerca donde meter la cabeza para solucionar los problemas, pero en la habitación no había agujeros; solo voces, golpes, y una sombra que se paseaba por la pared. Como pretendiendo disimular su pavor, Larry dio minúsculos pasos en dirección a la ventana. No por saltar porque tampoco tenía agallas para ello; buscaba el aire que sus pulmones demandaban con tanto ahínco porque apenas podía respirar.

Por el rabillo del ojo, divisó el exterior.

Nada. Tan chocante estaba transcurriendo la noche que ni las farolas estaban encendidas, ni ninguna lámpara alumbrando las puertas de las casas. Nadie cuya sombra se proyectara en alguna parte, y por imposible que fuera físicamente, dentro de su habitación.

Cuando se cansó de mirar por la ventana, la sombra seguía allí, deslizándose por la pared hacia la puerta. Se diría que estaba disfrutando de lo lindo a costa del amedrentado escritor.

Temblando por los cuatro costados, Larry la siguió con la vista y presenció, estupefacto, cómo la sombra se colaba por el resquicio entre la puerta y el marco, hasta salir de la habitación.

Al rato, y gradualmente, las voces se fueron aplacando. En cuanto se hubieron callado por completo, los golpes cesaron con el mismo ímpetu como habían aparecido.

Y luego, no hubo nada más, salvo el silencio roto por una respiración profunda y anómala, afectada por las memeces de una típica noche campestre y caprichosa, plagada de sonidos blancos o negros, nunca grises: El cansino ulular de algún búho cercano, el kikirikí inoportuno de los gallos que no entienden de cambios de hora, el motor de un tractor solitario surcando por una carretera interminable…

…rematado por un síncope que le hizo perder el conocimiento.

…continuará

Comentarios

  1. Fiz Portugal

    5 junio, 2017

    Me gustó, la descripción te traslada al lugar donde se desarrolla la acción e incluso puedes ver la sombra. Saludos cordiales. Espero con interés la continuación. Te doy mi voto.

    • Agaes

      16 junio, 2017

      …y al fin un rato para dedicar a mis compañeros escritores. Puedes creer que la descripción de la sombra proviene de un suceso real…? Un día a las 4:25h de la madrugada, una sombra se deslizó delante mío a un ritmo tan enfermizo como insólito. A continuación, un intenso olor fétido invadió mi dormitorio. Tras pestañear unas cuantas veces, descubrí a mi preciosa labradora negra que me había dejado un «regalito» cerca de la puerta —risas. Un fuerte abrazo!!!

  2. Mabel

    5 junio, 2017

    ¡Excelente historia! Un abrazo Agaes y mi voto desde Andalucía

    • Agaes

      16 junio, 2017

      Gracias, querida Mabel. Otro fuerte abrazo andaluz!!!

  3. GermánLage

    5 junio, 2017

    Está tan bien escrito que no queda otra opción que seguir leyendo hasta encontrarse con el frustrante «continuará». Esperaremos pues, amigo Agaes, a poder seguir dusfrutando.
    Mi cordial saludo y mi voto.

    • Agaes

      16 junio, 2017

      de veras que lamento tu frustración, querido compañero, por lo que espero y deseo que sea proporcional a tu satisfacción… un fuerte abrazo!!!

  4. Celeste

    15 junio, 2017

    Por fin te encuentro. Agradecida eternamente por tus votos. Voy a ponerme al día con las cositas que has publicado. Y te voy comentando. Mi voto lo tienes siempre.
    Un beso, amigo.

    • Agaes

      16 junio, 2017

      Me alegro de que me hayas «encontrado» —risas!!!! Gracias por tu confianza inmerecida. Espero que nunca dejes de escribir!!! Un fuerte abrazo!!!

  5. Celeste

    15 junio, 2017

    Menudo historial tienes! A ver si se me pega algo, ja, ja, ja… Repito, muchísimas gracias.

  6. Arlequín

    15 junio, 2017

    Por fin te encontré amigo. Precioso. Cuentas con mis votos incondicionales. Un fuerte abrazo y muchas gracias.

    • Agaes

      16 junio, 2017

      Y de nuevo me alegro de que me hayas «encontrado» —risas!!!! Que no te quepa duda alguna que pienso seguirte muy, pero que muy de cerca!!! Un fuerte abrazo, nos seguimos leyendo!!!!

  7. Helkion

    12 noviembre, 2019

    Jajaja, muy bueno, Agaes. La atmósfera de tensión que experimenta el bueno de Larry está perfectamente dibujada. Y también la del ambiente rural… ¡Qué molestos pueden llegar a ser todos esos ruidos nocturnos cuando no estás acostumbrado a ellos! 😀

    Muy bien escrito también, como siempre. Lo único, una coma en la segunda línea, detrás de «…y suerte tuvo». Creo que quedaría mejor si la enviaras al mundo de nunca jamás. 😉

    Voto confirmado. 🙂

  8. Agaes

    14 noviembre, 2019

    Hola, Helkion, amigo!!! Celebro verte por aquí!!!
    Pues anda, una coma que se ha ido a nunca jamás… Me pregunto quién la habrá puesto ahí… —risas.
    Un fuerte abrazo!!!

  9. MadreMar

    30 noviembre, 2019

    Hola Agaes. Acabo de leer el primer y el segundo capítulo y por lo que respecta a este segundo y en relación a la sombra deslizándose por las paredes, me ha trasladado a esa película «The woman in black», protagonizada por un Daniel Radcliffe jovencísimo, recién salido de la saga de Harry Potter. Me encanta esa atmósfera lúgubre y siniestra que tan bien describes. Por lo demás, ¡pobre protagonista, el enfermo y aterrorizado Larry!. Parece que lo quieres matar antes de tiempo… 🙂
    Seguiré leyendo
    Saludos
    Lourdes

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