Dicen que cuando confiesas tus pecados, ya no te pertenecen a ti nada más. Por eso, voy a contarles un secreto que por meses me ha estado torturando… Debo confesarles cómo sucedieron las cosas aquella noche.
Después de haberme duchado tenía pensado dormir, a pesar de la fiesta que ensordecía al vecindario en un bullicio de música escandalosa. Como de costumbre, encendí mi Mp3 y me coloqué los audífonos, sonaba Happy Together de Miley Cyrus.
-¡Mierda! ¿Puede ser la vida más cruel conmigo? -pensé en voz alta.
Esa música me recordaba a mi vecino, un modelo de catálogos. No hacía falta más presentación, estaba como le daba la gana… era el hombre ideal para mí. El único detalle era que “un nosotros” era imposible.
De todas formas, seguí acuchillando mis oídos con la canción; y decidí, al menos para calmar mis penas, ver por un orificio de mis persianas.
¡No podía creerlo! Davis estaba en bóxer. Sin saberlo, me estaba dando el mejor espectáculo en vivo que jamás había presenciado: bailaba como todo un gogo-dancer; y de imprevisto, apareció una mujer morena que le arrancó su prenda interior y lo llevó a la cama.
La temperatura empezó a subir con las expresiones de la mujer y las embestidas que Davis le daba. Y aunque odiaba la perversión, comencé a masturbarme; fue algo espontáneo, y cuando tomé consciencia del asunto ya no podía parar.
Los cuerpos esbeltos y sudorosos, la excitación de Davis, las piernas de la mujer desafiando la gravedad y las expresiones faciales ofrecían la mejor película erótica que jamás antes había visto.
-¡Voyerista de mierda! -me dije a mí mismo.
Frente a ellos tenían un espejo, y de vez en cuando, fijaba la mirada allí para obtener una visión más amplia de ellos… Y vaya que la experiencia en tercera dimensión. ¡Todo un espectáculo!
Llegó un momento en el cual decidí enfocarme en el espejo, pero una imagen sobreexpuesta de alguien con túnica negra y manos ensangrentadas entorpeció mi visión.
-¿Qué fue eso? -pensé en voz alta. Y a consecuencia del impacto, me lancé en el piso y apreté los ojos lo más fuerte que pude, intentando borrar la imagen que se había arraizado en mi mente.
Cerré las persianas y me vestí con intención de irme a dormir; pero algo me decía, una y otra vez, que debía visitar la casa de mi vecino, que debía indagar sobre lo ocurrido.
Medité sobre el asunto y reté a mi subconsciente; pues era él quien insistía en ir hasta la casa de al lado. Al final, pudo más la locura que la cordura. Sin razonarlo mucho me coloqué los zapatos y salí de mi casa.
Los padres de Davis siempre iban de paseo los fines de semanas, y él, acostumbraba a dejar la puerta principal abierta para que sus ardientes amantes entrasen sin ninguna complicación.
Así pasaba las noches, mientras unas salían otras entraban.
-Ahora es mi turno -dije, y no pude evitar soltar una risita ante mi ocurrencia.
Ingresé sigilosamente, pero cuando iba a subir las escaleras sentí un impacto sobre la nuca.
Con torpeza me incorporé, y pude ver a la persona de túnica negra correr hasta esconderse. Creo que fue la adrenalina la que me hizo ir tras ella, pero volvieron a impactar otro golpe, esta vez, sobre la zona posterior de mis rodillas.
Cuando volví la cabeza ya era demasiado tarde, sólo sentí un dolor sordo inundar mi cara… Todo estaba oscuro, había perdido la visión.
Al despertar estaba en un armario y por más que intentaba salir no podía, las puertas hacían las veces de unas persianas, y eso me facilitó la visión.
Me tranquilicé un poco al ver que estaba en el cuarto de Davis, pero mi paz se esfumó cuando vi a mi vecino y a su acompañante sexual amordazados; a merced de la persona de túnica que los amedrentaba con un cuchillo, un bate y una sierra eléctrica.
Y mientras ellos más se quejaban, más la persona de túnica acercaba los mortales utensilios a su cuerpo. Entonces, Davis, en un intento desesperado por hablar; soltó un balbuceo mientras meneaba su cuerpo en la cama.
Pero eso, lejos de asustar a la persona de la túnica, la enfureció y comenzó a pegarles con el bate por sus zonas genitales. Una y otra vez, sin piedad…
Cuando se cansó empezó a apuñalarlos, y esta vez, le quitó la mordaza a Davis.
-¡Eres un hijo de puta! Enfermo degenerado.
El sujeto no se inmutó ante aquel comentario. Sólo se dedicó a encender la sierra eléctrica… Y picó a la mujer en trozos grandes. Ante aquel suceso yo tapé mi boca y retuve las ganas de llorar, estaba temblando de pavor.
-¡Mátame! ¡Mátame! Enfermito.
Y esta vez el sujeto accedió a las provocaciones: comenzó a apuñalarlo una y otra vez, justo en el corazón. Luego que Davis comenzara a convulsionar lo dejó en paz, pero antes de retirarse de la habitación tomó un poco de sangre y dibujó un corazón en la cabecera de la cama, colocando las iniciales D y A.
Poco a poco fue retirándose, tarareando la canción Happy Together. Cuando por fin se había ido, golpeé lo más fuerte que pude las puertas, y salí; un tanto para salvar mi vida y otro tanto para salvar a Davis.
-A-a-asesino -dijo, mirándome…
Yo salí corriendo hasta llegar a mi casa; asustado le conté todo a papá, quien me hizo jurarle que no volvería a mencionar nada de aquello.
Él se encargó de limpiar mis huellas, él se encargó de limpiar mi nombre y que ni siquiera sospecharan de mí… ¿pero… habrá borrado el asesinato que según Davis cometí?





Mabel
¡Impresionante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía