Los marcados. Capitulo 2

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Apenas habiendo cumplido dieciocho años, me mude a vivir solo por primera vez, con motivo de estudios. Una noche de tantas en las que me costaba aprender a estar solo, cuando apenas había logrado dormirme, una sombra se apareció en mi habitación y me pidió que no encendiera la luz. Aquel espectro era, como se imaginarán, algo fuera de este mundo. Pues si, era la muerte. Y lo único que dijo fue que ahora trabajaría para ella, seleccionando y marcando a la gente que, a mi criterio, merezca morir. Antes de irse mencionó que recibiría mi pago por quincenas y que sería abundante, era todo lo que necesitaba saber. Mi mentor se pondría en contacto conmigo.

Deben considerarme una persona muy rara por no sorprenderme por la visita que tuve, pero si hubo algo que permaneció carcomiendo mis pensamientos durante mucho tiempo e incluso ahora sigue allí. ¿Cuál es mi criterio? Eso y por supuesto, el pago en quincenas. Me imagine yendo al cajero automático, introduciendo la tarjeta correspondiente y las palabras en la pantalla digital: “bienvenido a la cuenta de la muerte”.

Mi mentora resulto ser Arlet, la chica más antisocial de toda la universidad. Típico y peculiar. Apenas nos cruzamos por primera vez, toque su hombro y me golpeo. Luego se alejó. Al siguiente día se acercó a mí.

_ Oye, perdona. No sabía que eras tu a quien habían enviado_ ante mi mirada de desconcierto agregó_ no me disculpare por nada más. Jamás me toques.

Nuestra relación laboral había comenzado muy incómodamente.

Luego de las clases, nos veíamos en el campus y ella me enseñaba como era el empleo de ángel de la muerte. Todo era aprender lo más rápido posible y al primer intento. Arlet me enseño como volar, como evitar que la gente mortal me viera y lo fundamental: como marcar. Menciono a la gente mortal porque, lógicamente, una ventaja de ser un ángel de la muerte es que no puedes morir. La mayor desventaja que encontré era que no podía decirles a mis padres en que trabajaba.

Además de todo lo ya mencionado, Arlet también me explico cómo funciona el equilibrio entre la vida y la muerte en este loco mundo. Algo que nunca me hubiera imaginado, es que la muerte sea una persona, que camina junto a nosotros y no sabemos quién es. Al igual que nosotros, para esa persona es como una especie de empleo, vivir de matar gente. Aunque no intencionalmente. Por otro lado, me enteré de que en nuestra ciudad habitaban otros dos ángeles de la muerte, a quienes tampoco conocemos hasta el día de la fecha. Quizá sería mejor que no los conozcamos, a lo mejor son muy territoriales.

Sabiendo esto, llego el momento de actuar en mi primer caso, por llamarlo de alguna forma. Siguiendo cuidadosamente los pasos de mi mentora y teniendo en cuenta todo lo aprendido, la tarea era observar a un camionero durante el que sería el último día de su vida. Siempre los observábamos durante su último día, ya que ese sería el que decidiría su destino, puesto que el momento, lugar y circunstancias de su muerte ya estaban pautados de ante mano. Antes de cualquier trabajo, nos llegaban pequeñas cartas de color negro con letras blancas, con la información necesaria y relevante sobre el sujeto en cuestión hasta su ultimo día. Entonces los observábamos y luego debíamos decidir si marcarlos o no. En caso de ser marcados, al cumplirse el día siguiente eran visitados por la muerte, que posiblemente también cobraba salario por quincenas. Y por supuesto morían, a menos que realizaran el pronunciamiento.

En aquella oportunidad, una mujer que no era su esposa acompañaba al camionero. Este recibió una llamada de su casa y engaño a su pareja diciendo que viajaba solo y que llegaría a casa temprano. Sin embargo, se detuvo en un motel con su compañera de viaje. Allí, luego de lo que la gente va hacer a esos lugares, ambos se quedaron dormidos y yo realice exitosamente mi primera marca. Siempre debíamos esperar a que estuvieran dormidos o en alguna circunstancia en donde no tuvieran visión, ya que el único momento en que los mortales podían vernos era al ser marcados.

Al regresar de mi primer día de trabajo le consulte a Arlet algunas de mis dudas.

_ ¿Qué es el pronunciamiento?

_ Ya lo sabrás_ contesto fríamente_ Aunque ya debes imaginártelo.

_ Más o menos_ la verdad era que no tenía ni idea_ ¿alguien lo ha hecho?

_ Nunca he visto a una persona realizar el pronunciamiento. De hecho, no podemos, ya que solo se puede realizar enfrente de la muerte misma. En caso de ser así, nosotros recibimos una carta blanca con el nombre de la persona y la información del pronunciamiento.

_ Que sistemático_ dije intentando hacer un chiste.

_ Déjame decirte_ continuo Arlet_ que llevo cuatro años en este trabajo y esa carta nunca me ha llegado.

 

 

Esos son mis recuerdos desde que la muerte me visito aquella noche. Las memorias anteriores han desaparecido en su gran mayoría. Lo único que logro recordar es a mi familia.

Ahora nos encontrábamos caminando por el campus, al día siguiente de haber visitado a Rafael. Arlet, obviamente, sin hablarme, con sus audífonos al máximo volumen. Era la primera vez que iba a retirar mi pago por el cajero automático. Y allí estaba, una cantidad de dinero que ningún joven de mi edad planea siquiera tener a esta altura de su vida. Rei brevemente al recordarme imaginando las palabras “bienvenido a la cuenta de la muerte”. Aquello había sido un poco diferente. Mi risa se detuvo cuando me di cuenta de que la muerte realmente nos pagaba por esto.

Con el dinero en la mano me volví y miré a mi compañera muy fijamente, por lo que debió quitarse un audífono para escucharme.

_ Arlet_ comencé a decir_ ¿si yo hubiera querido un empleo un poco más…normal?

_ Eso hubiera sido imposible_ dijo mientras se quitaba el otro audífono_ porque si no aceptas el empleo, la muerte te asesina.

_ Vaya_ dije decepcionado_ mi vida no hubiera durado mucho.

_ Es por eso, Nil, que la respuesta siempre es si.

 

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    30 junio, 2017

    ¡Me encanta la historia! Un abrazo Gabriel y mi voto desde Andalucía

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