Bebí un sorbo pequeño, limpié mis labios partidos con el puño de mi manga rota y miré al suelo resbaladizo que me reflejaba, e impasible sin apartar los ojos, pude oir a lo lejos el tic tac lento del agua en el silencio.
Luego me sobresaltó la cortina de felpa que se movió como si alguien se hubiese ido. Sé que era lo mismo que ya me venía persiguiendo desde algún tiempo largo, mudo, entre los muebles polvorientos del sótano profundo.
Sentí las incómodas escamas en mis manos mientras arañaba las paredes húmedas buscando la superficie. Se podía percibir la noche, sin ventanas.
En el cuello no quedaba una sola vena sana.
Entonces se cruzó el brevísimo recuerdo de su aparente timidez detrás de sus gafas redondas oscuras a lo Lennon, aquél día frente a la repostería Monsieur Vatel, y el corte de su traje negro que resaltaba su exquisitez. En ese momento había sucedido una pausa en el mundo de más de seis mil años, y un aire denso nos trajo hasta el lugar más recóndito de este socavón.
Bajé la cabeza y volví a succionar de su cuello, esta vez hasta la saciedad, y ahora mi decrépita figura iba recobrando su lozanía y un aire más fresco me devolvía físicamente a aquél lugar; todo comenzaba de nuevo.
Mari Freire




Mabel
¡Impresionante! Un abrazo Mari y mi voto desde Andalucía
Mari Freire
Gracias Mabel, muy amable. Un abrazo.
GermánLage
Un relato muy bien escrito, Mari; me ha gustado mucho.
Mi cordial saludo y mi voto.
La_femme (mari freire )
Muchas gracias Germán, Saludos cordiales.
Nana
Oh, Mari!!! Un gran tema, unas imágenes hermosas, una historia bien armada. Me ha enganchado y me ha hecho viajar durante más de seis mil años!!! Un fuerte abrazo 😉