Desde que cambió la luna no hubo un solo dia de calma,la lluvia acompañada del viento sur no daba tregua.
Todo esto era una gran bendición, según para que cosas.Se llenaban los barriles y sus duelas sueltas y desgajadas se hidrataban volviéndose prietas y fuertes.
Sus panzas redondeadas recogían el agua de las tejas que serviría para lavar los platos y preparar la comida de los cerdos; también tendría en condiciones los cantaros y las pipas de madera para encerrar el vino de la cosecha.
Era una gran regalía la lluvia.
Al viento mucho que agradecerle, les proveía de “argaso” algas, para abonar las leiras,correa, golfo,bocho, todas ellas muy apreciadas por su valor nutritivo, que alimentaría la tierra en la próxima cosecha.También se aprovechaban los “crebados” que vomitaba el mar en forma de madera para el fuego.
En algunas ocasiones llegaban hasta la”mallente” pleamar ,unos botes de latón con mantequilla o mermelada, producto de algún naufragio de barcos mercantes.
En fin ,todo era bueno para el pequeño pueblo costero.
Sin embargo, en aquella semana de tantas cosas buenas,los niños no paraban de meter sus pequeñas manos en la bolsa del pan, pero no había nada.
La abuela miraba con pena como hurgaban una y otra vez en aquella tela cosida,colgada con cinta catalana de un pequeño clavo.
En la cocina ,con la ventana mirando al mar ,había dos hombres jóvenes escudriñando las nubes, la subida y bajada de la marea,la bolsa del pan, flaca como perro pulgoso, y las caritas de los niños con ojeras.
Sin decir palabra, empezaron a vestirse la ropa de aguas bajo la mirada preocupada de la abuela…





Mabel
Muy buen Cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
veteporlasombra
Esperando la segunda parte como niño el pan. Un saludo.
Cortex
Yo también, una hogaza de pan sazonado con alga espirulina y mosto.
Mi voto.
Cortex
Esruza
Pues, qué le digo Sosías, yo también espero lo que sigue, va mi voto
Saludos
VIMON
Buen texto, esperamos la continuación. Saludos y voto.