Menú para dos: Capítulo IV

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CAPÍTULO IV: ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Nos quedamos paralizados… ¿Aquello era un ser humano? Yo ni le ví la cara. Y casi mejor. Espantaba al miedo. Esta situación me trajo al pensamiento unos horribles recuerdos de la infancia, cuando Raquel se escondía en el viejo baúl del desván y salía corriendo detrás de mí. Se colocaba el vestido negro que acompañó a la abuelita durante sus años de luto por el abuelo. Le arrastraba por todos lados; parecía un alma en pena, hasta conseguía que me orinase encima, con la consiguiente bronca para ambos.

 

 

Tan absorto me hallaba, inmerso en la máquina del tiempo, que no advertí que Berta había desaparecido. Pensé que habría ido al coche para coger algo por lo que me apresuré a salir en su búsqueda, sin embargo, al llegar al aparcamiento ni rastro de mi amiga.¡Qué mal rollo! De repente sentí unos pasos. Giré la cabeza. No había nadie.

 

Volví a Recepción e intenté tranquilizarme. El abanto de negro regresó.

—Ya estoy. Dígame.

—Perdone, ¿ha visto a la chica que me acompañaba?

—Que yo sepa, usted ha llegado aquí solo, yo no he visto a nadie más.

—¿Pero qué está diciendo? Si acaba de pedirnos, a mi amiga y a mí, que la esperásemos.

—Insisto, no he visto a ninguna chica.

 

En esos momentos empecé a divisar el rostro al miedo, cosa que no me impidió agarrar a semejante esperpento por el

cuello de la camisa y exhortarle a que me explicase de inmediato que había sido de Berti.

—Salga de aquí o llamaré a la policía —me espetó.

 

Lo dicho, con el pánico intentando ganarme la partida, una enorme fuerza se apoderó de mí. No sé cómo lo hice pero volé escaleras arriba y registré habitación por habitación. La más recóndita estaba cerrada a cal y canto. No había manera de abrirla. Comencé a patearla… Acto seguido sentí una enorme frialdad por la espalda y gotas deslizarse a través de su curvatura. Timorato pasé los dedos por la zona… Y para mi sorpresa descubrí que me acababan de clavar un objeto punzante. El suelo se tiñió de rojo…

Comentarios

  1. Imagen de perfil de eleachege

    eleachege

    22 junio, 2017

    Te sigo en tu historia “Menú para dos”. Un saludo Celeste y mi voto.

  2. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    22 junio, 2017

    ¡Me has dejado anonadada! Un abrazo Celeste y mi voto desde Andalucía

    • Imagen de perfil de Celeste

      Celeste

      22 junio, 2017

      Ja, ja, ja…. Miedito del bueno. Muchas gracias! Un beso¡

  3. Imagen de perfil de Manger

    Manger

    22 junio, 2017

    Parece que esto se pone más escabroso, amiga Celeste. Seguiremos tu estela. Un abrazo y el voto.

    • Imagen de perfil de Celeste

      Celeste

      22 junio, 2017

      Bueno, hay que provocar de todo, miedo, risa, tristeza, etc… El caso es provocar… Ja, ja, ja… Muchas gracias! Un abrazo!

    • Imagen de perfil de Celeste

      Celeste

      23 junio, 2017

      Un poquitín, sí. Muchas gracias, Fiz. Un abrazote.

  4. Esruza

    23 junio, 2017

    !Uy! realmente sentí miedo.

    Un abrazo y mi voto

    • Imagen de perfil de Celeste

      Celeste

      23 junio, 2017

      Eso precisamente pretendía, ja ja ja. Muchas gracias, amiga. Un abrazote.

  5. Imagen de perfil de Eder Noriega

    Eder Noriega

    24 junio, 2017

    Muchas palabras terminadas en ABA, Se vuelve muy tedioso su lectura:
    Espantaba, colocaba, arrastraba, acompañaba, acaba, estaba, acababan.

    Yo ni le ví la cara: La palabra VÍ NO VA TILDADA.

    Nos quedamos paralizados… ¿Aquello era un ser humano? Yo ni le vi la cara. Y casi mejor. Espantaba al miedo.
    Un comienzo con muchos puntos…leo y me paro, leo y me paro, leo y me paro,

    HAY MALA PUNTUACIÓN, Debes corregirla. Aquí te dejo un ejemplo:
    cuando Raquel se escondía en el viejo baúl del desván y salía corriendo detrás de mí. Se colocaba el vestido
    Entre mí y se no debería ir punto seguido.

    —Salga de aquí o llamaré a la policía —me espetó.
    Te aconsejo que no uses palabras rebuscadas para los diálogos.

  6. Imagen de perfil de Arlequín

    Arlequín

    24 junio, 2017

    Vaya, parece que tenemos aquí todo un Seneca y un ilustre miembro de la real academia de la lengua cuándo él es el primero que no predica con lo que dice en sus propios escritos poniendo justo lo que tanto echa en cara y cometiendo los errores que según él no están bien.

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