-Disculpa, me había dormido. ¿Qué haces amor? -me contesto luego de dos horas con cinco minutos sobrantes.
-Mientras dormías, yo soñaba contigo, amor. Recién dejé de amarte; pero comprende que lo digo en un sentido literalmente figurado, es decir: dejé de abrazarte con las neuronas, de besarte con los pétalos de la vulgaridad, de idealizarte, de manosearte, de odiarte, de olvidarte y de matarte y de hacer todo aquello que termine en “arte”. Dejé de hacerlo, porque justo estuve antojado de un cigarrillo, entonces, me levante de la cama, y aproveche para ver la lluvia por la ventana. Y que, curiosamente este acto de unir las casualidades haya fecundado un destino relacionado con nosotros; como podía imaginar que algo tan trivial pudiera tener tanta importancia: un cigarrillo que compartimos-porque era el único que me quedaba-, en una ventana cualquiera, entre charlas inútiles, termináramos amándonos en mi cama, en una noche de lluvia. En fin, estuve amándote por la forma en la que me hiciste feliz, y no te enteraste. Mientras dormías, yo soñaba contigo, lo sé, ya lo dije, pero ahora tal vez, estés despierta y yo dormido.





Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Corban
Muchas gracias Mabel por su constante apoyo. Un saludo cordial.