“Las ausencias, soledades, lejanías y vacíos se acumulan cada día, y pesan, pesan mucho, aunque no se quiera. A veces, es válido querer verse libre de ataduras y recuerdos imposibles de olvidar”
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Se encontraba sola en su habitación y en la casa, completamente a obscuras. El lugar donde habitaba se encontraba lejos de todo y de todos. De repente, empezó a sentir los dolores del inminente parto. Su embarazo era de alto riesgo y sólo tenía 7 meses de ello.
Se vistió rápidamente y, como pudo, tomó su maleta, arreglada previamente; bajó dificultosamente la escalera y subió a su auto. Era una empresa difícil, pero tenía que hacerlo. Los dolores eran cada vez más fuertes y estaba asustada, pero pensó que lo soportaría, su umbral de dolor era bastante alto, pero sabía que la empresa era bastante difícil y peligrosa.
Enfiló hacia la carretera. Sentía un sudor frío que empapaba todo su cuerpo. Tenía que resistir, tenía que llegar a como diera lugar. No había nadie que pudiera ayudarla.
El trayecto se le hizo eterno, a pesar de ser relativamente corto. Respiró hondamente para lograr tranquilizarse. Los dolores eran insoportables y vio, sintió, con angustia, que empezaba a sangrar ligeramente, estaba a punto de entrar en pánico, pero siguió adelante.
Llegó al hospital, donde su hermano acostumbraba dar consulta. Olvidó el celular, como de costumbre, así que, tendría que arreglárselas sola hasta que alguien pudiera avisarle, después de todo, nunca tenía gran apoyo por parte de los hermanos.
La recibieron en urgencias y fue trasladada inmediatamente a labor de parto. Fue difícil y muy doloroso. Después de la intervención de los médicos, se desmayó por el intenso esfuerzo. Después, la trasladaron a una habitación.
Cuando despertó, aun exhausta, preguntó por su hijo. Los médicos se miraron mutuamente antes de informarle que su hijo no se había logrado. Sintió un dolor indescriptible con la noticia, era más de lo que podía soportar, no podía ser posible, y un grito desesperado salió de su garganta.
Le aplicaron un sedante y, antes de que le hiciera efecto, lo vio a “él” aparecer en la puerta de la habitación, con una gran sonrisa y tres rosas hermosas en la mano, no le habían informado nada todavía. después no supo más.
Despertó, sobresaltada, en su misma habitación, que seguía completamente a obscuras. Un sudor frío empapaba todo su cuerpo y, se dio cuenta de que todo había sido una terrible pesadilla, además, no estaba embarazada.
Cuando se había ido a dormir, había estado pensando en el aborto espontáneo que había sufrido años atrás y, aún sentía dolor por ello. Hay recuerdos que nunca se olvidan.





GermánLage
Me habías puesto la piel de gallina, Esruza. Menos mal que al final todo quedó en una pesadilla. Excelente la intensidad en la escritura; excelente el relato; excelente el final. Mi enhorabuena.
Un cordial saludo y un voto más que merecido.
Manger
Menuda presión, amiga… Menos mal que no hubo tal bebé y todo quedó en un mal sueño. Mis saludos y el voto.
Mabel
Los sueños son tan profundos que muchas veces escapan para liberarse y se convierten en esas pesadillas andantes. Un abrazo Estela y mi voto desde Andalucía
Esruza
¡Ay, Sr. Germán! cómo me gustan sus comentarios tal halagadores, espero no envanecerme. Gracias.
Manger: Espero no haberlo desilusionado, también son muy bienvenidos sus comentarios. Gracias
Mabel: Muy bonito comentario, gracias.
Gracias a los 3 por sus votos.
Cortex
¡Wow!! Qué laborioso relato.
¿Y dónde quedó la figura del hermano, el médico?
Mi voto… merecidísimo.
Cortex
Celeste
Me ha gustado mucho. Un abrazo y mi voto.
Caropeth
A veces tenemos pesadillas bastante feas y reales, menos mal que sólo son sueños. Muchos abrazos y mi voto!! 😉
LARRY
Que intensidad para esta pesadilla y que drama. Menos mal que solo fue un mal sueño. Mi voto. Saludos.
eleachege
Me ha gustado mucho la concepción y redacción de tu relato Esruza. Saludos y mi voto.
Esruza
Gracias Carito, Celeste Larry y Eleachege.
Un abrazo.