Roberto Castaño era un tipo normal. De rasgos olvidables, contextura media, metro setenta y dos, pies tirando a grandes. No le gustaba pelear con nadie, mucho menos con su mujer, con quien estaba casado desde hacía veinte años. Tenía dos hijos adolescentes, con todos los conflictos propios de ese período de la vida. Le gustaba vacacionar en Mar del Plata, quedarse en el hotel de siempre, salir a comer con la familia.
Su trabajo era un tema aparte. La oficina era un caos. Un nido de víboras para todos los gustos, según él mismo le relataba casi todos los días a su esposa. No iba a poder ascender más que a supervisor de ventas, porque los hijos del dueño no querían estudiar y ningún trabajo les duraba, por lo que “de un momento a otro, estos pendejos inútiles me van a cagar”, decía con voz monocorde, mientras saboreaba un vaso de tinto berretón en cada cena.
De gustos no demasiado personales ni definidos, Roberto escuchaba un poco de tango, algún rock de los cincuenta, y no mucho más. Lectura, poco y nada. El diario, todos los días en el bar antes de entrar al laburo, y sin comprender demasiado lo que leía, para después comentarle a los compañeros y a algún que otro amigo o familiar algún titular que le llamaba la atención.
La rutina lo hacía sentir contenido y, de alguna manera, feliz. Por lo menos, esa era la manera de entender la felicidad que le habían enseñado. Eso de cuestionarse cosas, de ir al psicólogo, separarse de la mujer, permitir que los chicos se críen “muy libres y desbarrancados”, todo eso era para él una pérdida de tiempo de los que tienen “una calesita en la cabeza”. Así estaba bien, muy bien. Al fin y al cabo, la felicidad es vivir una vida ordenada, con salud, trabajo, sin desvivirse por los lujos, y cuidando los afectos.
Su mujer era una señora tranquila, agradable, que tenía un trabajo de medio tiempo en una inmobiliaria. Secretaria, no vendedora. Por eso, para ella, nada de comisiones. Total, con el sueldo de su marido alcanzaba, y así los chicos no quedaban descuidados. Le gustaba cocinar, inclusive cuando ya estaba harta. Había que reconocer también que la casa estaba siempre de punta en blanco gracias a su esfuerzo. Pero nadie lo reconocía mucho que digamos. La vida de la esposa es así, siempre apuntalando al marido, y ella se conformaba con eso. Incluso, pasaba momentos de satisfacción junto a su familia, así que…para qué andar causando discusiones?
Católico, sí. Si la madre y el padre de uno fueron católicos, lo lógico es ser católico también, o no? No de ir a misa y todo eso, pero sí de ponerse linda pilchita para el bautismo y la comunión de todos los niños conocidos. Aunque en el cotidiano vivir, no recuerden ni a Dios, ni a la Iglesia, ni al amor al prójimo ni una vez. Por lo tanto, sí, siempre católico.
Pero hubo un momento de la vida de Roberto Castaño en el que las cosas se complicaron. No es que haya existido un acontecimiento especial ni una revelación. Sólo que lo que siempre había estado en un lugar comenzó a estar en otro. Así de simple y de complejo.
No todos están preparados para afrontar estos cambios. Bah, nadie está preparado para nada, las cosas suceden, y uno las va enfrentando como puede.
Primero fue el gusto. Los fideos tenían otro sabor. No eran los de siempre, sin ser desagradables del todo. Tenían un fondo demasiado dulzón. Una bendición para los amantes de lo agridulce, pero no para Roberto, que era un tipo fiel a la pasta clásica.
Después fueron las vacaciones en Mar del Plata. O era un verano demasiado caluroso, o ventoso, o no sabía qué, pero el olor de la playa, del mar y de la gente ya no era el mismo. Comer en el puerto le empezaba a causar repulsión, cuando siempre había sido su actividad estival favorita.
Dejó pasar todo, creyendo que eran locuras del momento, como le decían sus amigos. A la vuelta seguramente todo estaría bien, y las cosas volverían a su lugar.
Pero precisamente al regreso comenzó su calvario. Comenzó a tener pesadillas todas las noches. Soñaba preguntas que lo inquietaban. ¿Soy feliz? ¿Me gusta lo que hago? ¿Amo realmente a mi familia? ¿Seré un monstruo si respondo “no” a alguna de las preguntas anteriores? Él, que odiaba preguntar y preguntarse, justo él, ahora tenía que pasar por esto.
La oportunidad aparece siempre, y en muchos casos, sólo una vez en la vida. La bifurcación se hace notar cuando llega. Algunos la enfrentan y eligen, y otros retroceden o toman un atajo. Roberto se mantuvo firme en su postura, y decidió continuar su vida sin sobresaltos.
-“Bueno, se me porta bien, eh? Nada de hacerse mala sangre por pavadas. Trabaje lo justo y necesario, y dedique más tiempo a su familia y amigos. Si algunos días se siente muy nervioso, con media pastillita de este ansiolítico que le voy a recetar, va a estar perfecto. Hasta luego, Roberto”.




Mabel
Cuando la tensión te hace ver cosas y pensar sin razonar, te agobias de tal manera que todo lo ves oscuro, no hay nada a tu alrededor que te haga sentir esa paz que te falta. Un abrazo María Florencia y mi voto desde Andalucía
Tiento
¡Excelente! Saludos.
Sosias
Hay que estar preparado para afrontar cambios,si estos se desean,pero si no es así …
¿Que tiene de malo vivir con alguien que no te hace problemas?
Felicidades y mi voto.
sncaltero
Un relato sobrio e interesante, a la vez. Mi voto desde Colombia.
enriccarles
HOLA MARÍA FLORENCIA.
EN PRIMER LUGAR PIDO DISCULPAS POR ESCRIBIR EN MAYÚSCULAS, PERO EN LOS COMENTARIOS NO VEO TRES BATURROS ENCIMA DE UN BURRO, NI CON GAFAS.
EL RELATO ES UNA PINCELADA COSTUMBRISTA QUE EN SU TRAMA NO DEVELA NADA EXTRAORDINARIO, SIN EMBARGO ALLÍ ESTÁ EL MENSAJE OCULTO, ¿LO COTIDIANO ES DESEABLE? ¿LA REBELDÍA ES UN PECADO CAPITAL? INTERESANTE…
ME HA GUSTADO, TIENE CUERPO Y UN DESENLACE ABIERTO.
SOLO UNA PEGA, LA REDUNDANCIA Y LOS REGIONALISMOS.
EN EL PRIMER CASO, LA REITERACIÓN DE PALABRAS EN UN MISMO VERSO O PÁRRAFO, CUANDO NO ES PARA ENRIQUECER EL RELATO, SOBRAN Y ENTORPECEN, COMO EN EL CASO: “…compañeros y a algún que otro amigo o familiar algún titular que le llamaba la atención….” REITERACIÓN DE ALGÚN
“… que reconocer también que la casa estaba siempre de punta en blanco gracias a su esfuerzo. Pero nadie lo reconocía ..”
REITERACIÓN DE RECONOCER Y RECONOCÍA, ADEMÁS EN EL CASO SE CONTRAPONEN, SE LE RECONOCE O NO SE LE RECONOCE.
EN EL CASO DE LOS REGIONALISMOS, A VECES ES BUENO DAR ALGUNA PISTA PARA QUE DESDE OTRA ZONA HISPANOPARLANTE SE COMPRENDA: LABURO, PILCHAS, OLVIDABLE, VACACIONAR, ETC QUE UN ARGENTINO O URUGUAYO RECONOCE DE INMEDIATO, PERO EL RESTO QUEDA SIN UNA EXPLICACIÓN INMEDIATA Y ESTO PERJUDICA LA FLUIDEZ DE LA LECTURA. TAMPOCO ESTOY DE ACUERDO CON EL TEXTO INSÍPIDO DE LO ESTRICTAMENTE SACADO DEL DICCIONARIO DE LA RAE. SOLO APUNTO QUE SUELE VERSE BIEN UNA AYUDA A COMPRENDER EL LUNFARDO U OTRO REGIONALISMO.
COMO HE DICHO, ME HA GUSTADO, UN PAISAJE DE LA MEDIOCRIDAD QUE ES COMÚN EN CUALQUIER LUGAR DEL MUNDO.
TE ENVÍO UN ABRAZO Y ESPERO NO INCOMODARTE CON LA CRÍTICA.
María Florencia Sassella
Agradezco los votos, y las críticas. Ayudan a mejorar.
GermánLage
Piloto automático o la “áurea mediócritas”; y, si en algún momento la rutina se rompe, para eso están los ansiolíticos. Me ha gustado tu relato, Mafia.
Mi cordial saludo y mi voto.
Fiz Portugal
Utilizas muy bien el tono `para plantear problemas existenciales. Saludos cordiales, tienes mi voto y te sigo.
gonzalez
Me gustó mucho, María. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.
eleachege
Los momentos que llamo cruciales en la pareja se presentan por lo general con “La comezón del séptimo año” y tiene continuación a través del tiempo. Sólo que debemos tener la suficiente comprensión, tolerancia para eximirlos sobre todo con una edad ya en avance. Buen tema en la palestra María Florencia Sassella. Un saludo y mi voto.
migueltr
Me gustó, como cuando pruebas un helado de un sabor exótico. Te gusta o no te gusta pero te deja un gusto indefinido en el paladar, ese gusto indefinido es el fondo del relato, dice mas en lo que no cuenta que en lo que relata. Material para una novel sin duda.
Gracias por un relato que me deja pensando en todas las posibilidades para Roberto.
Saludos!
María Florencia Sassella
Muchas gracias. Ojalá pueda desarrollarlo más!
José Alfredo Pulido Gonzalez
Saludos Maria Florencia, muy grato tu relato, sencillo y fresco pero real y profundo. Ciertamente llega ese momento en la vida de cada uno de nosotros donde nos preguntamos, si estamos satisfechos o no con lo que hemos hecho y lo comparamos entonces con lo que una vez soñamos. Allí entramos a decidir, si nos quedamos como estamos, si damos un vuelco total y drástico a la vida o si buscamos un punto medio que nos permita recuperar y volver a luchar por, al menos, una parte de nuestros sueños. Mi voto para ti desde Venezuela.