Sangre de Dioses y Reyes - Nueva perspectiva

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Cuentan que hace muchísimos años, una terrible sequía se extendió por las tierras de los quechuas.

Los líquenes y el musgo se redujeron a polvo, y pronto las plantas más grandes comenzaron a sufrir por la falta de agua.

El cielo estaba completamente limpio, no pasaba ni la más mínima nubecita, así que la tierra recibía los rayos del sol sin el alivio de un parche de sombra.

Las rocas comenzaban a agrietarse y el aire caliente levantaba remolinos de polvo aquí y allá.

Si no llovía pronto, todas las plantas y animales morirían.

En esa desolación, sólo resistía tenazmente la planta de qantu, que necesita muy poca agua para crecer y florecer en el desierto. Pero hasta ella comenzó a secarse.

Y dicen que la planta, al sentir que su vida se evaporaba gota a gota, puso toda su energía en el último pimpollo que le quedaba.

Durante la noche, se produjo en la flor una metamorfosis mágica.

Leyenda de Amaru – Dios de los Dragones

Después dijeron que aquel hombre y aquella elfa habían llegado tomando el camino real, conocido como el camino del inca en tiempos antiguos, habían ingresado por el sur, tomando la senda de los talabarteros y comerciantes de la zona, era de madrugada, y los venteros abrían sus puestos para recibir un nuevo día, los dos extraños ingresaron a la posada más cercana posible. Las mañanas eran frías y la temporada de helada azotaba los reinos del sur y los reinos del norte en el nuevo continente, el extraño se detuvo ante la posada del viejo Umbar.

Los desconocidos entraron a la vieja posada, dentro ya hacían un montón de hombres tirados en el suelo, el aire hendía un aroma asqueroso. Entonces el ventero lo reconoció de inmediato. Se trataba de Agueon el cazarrecompensas.

– ¿Espera tú eres?

Agueon lo miro con ojos serios.

– ¡Maldito infeliz, como tienes el descaro de venir aquí! ¡Hijo de perra, debería matarte!

– Calla. – Arguyo Agueon con una vos un tanto amenazadora. – Solo busco posada y comida para los caballos, te pagare bien, además no vengo solo.

El posadero fijo sus ojos en muchacha, la analizo, y se dio cuenta de quién era.

– ¿Hablas enserio, trajiste a una elfa hasta esta tierra? – Inquirió Umbar, mirando al cazarecompenzas.

– ¿Algún problema con ello Umbar?

– No, solo que ya sabes lo que piensa la gente de los elfos, y además no me haré responsable de ella, si la terminan violando. – Comento el ventero con tono serio.

– No te pedí que la cuidaras, para eso estoy yo. – Contesto el cazarrecompensas con vos fría y seca. – He escuchado que tienen problemas con las lloronas. ¿Es eso cierto?

– Pues tú dirás. ¿Ya viste los carteles?

– Dame los detalles más tarde. ¿Está bien? La niña esta algo cansada y yo también necesito descansar. ¿Así Umbar? – El posadero volteo su faz contra Agueon, este lo miro amenazante. – ¿Porque tanto destrozo por aquí? ¿Qué fue lo que ocurrió?

– Veras, ayer llego un brujo desde el este de Valimar (Europa), y bueno se armaron unos destrozos, hubieron dos muertos, y el brujo al final se retiró, dijo que estaba buscando a una elfa. – Contesto el posadero.

“¿Ahora tendremos que cuidarnos de los brujos del Este de Valimar (Europa)? Esto se está volviendo en un problema” – Pensó Agueon mirando los destrozos de la posada –entiendo Umbar.

– ¿No estarás implicado? – Pregunto el posadero. – No quiero más destrozos en mi posada.

– No, de lo contrario no estaríamos hablando en este momento. – Contesto Agueon con vos áspera, el brillo de sus ojos hendía la quietud de la posada dándole un toque siniestro. – ¿Y bien, me darás una habitación, o nos quedaremos mirándonos las caras?

– Mierda, supongo que no puedo dejarte varado. – Gargajeo el posadero – adelante la habitación del segundo piso.

Agueon extendió la mano y le dejo 500 coronas Valeran con 4 monedas de plata Lotem.

– ¿Y esto?

–Monedas Valeran de Valimar y con las 4 monedas de plata Lotem, creo que es suficiente para dos. ¿No crees?

– ¿Fuiste ahí? – Pregunto Umbar intrigado. – ¿Y cómo saliste vivo? ¿Además te apareciste después de 5 años? ¿Dónde te perdiste?– Pregunto el hombre mientras limpiaba los platos y los ordenaba.

– Eso amigo, no debiera de importarte.

– Como sea, que el diablo se lleve tus recuerdos. – Comento Umbar mientras miraba de reojo al caza recompensas. – Toma la llave y vete de aquí, y no quiero que me armes un desastre, la última vez que te pusiste a pelear todos terminaron muertos.

La elfa al lado de Agueon se conmociono.

– Si elfa, desconozco como conociste a este hombre pero es un asesino.
– Estas hablando más allá de lo que deberías Umbar. – Dijo Agueon con vos amenazante. – Sabes muy bien que aquel incidente paso por que se sobrepasaron conmigo. ¿Que querías que hiciera? ¿Qué me ponga a bailar y me dejara cortar con una espada?

– Solo te pido que no repitas la misma escena. – Respondió el posadero con vos preocupante. – Ahora toma la llave y no molestes.

– Entendido, Irela ve a ver a los caballos llévalos y dales de comer, – la elfa asintió dio la vuelta retirándose. Irela acaricio a los caballos del cuello, y estos se calmaron, los llevo al establo lo más rápido que pudo, podía oír el vocifero de la gente que la miraba pero los ignoro.

Desde hace mucho los elfos se habían vuelto esclavos de los hombres, muchos Elokhars de las tierras Meridionales, servían a duques y a condes en el este, muchas elfas se habían vuelto prostitutas, la vida para un elfo era la esclavitud.

Irela vio los rostros de los pobladores, en estos solo había desprecio ante la elfa, pero a ella no le era extraño la reacción de la gente, puesto que en los Reinos Meridionales ya había estado acostumbrada al maltrato de los hombres contra los elfos dimensionales o lyrianos como se les conocía, y trataba de hacerse fuerte cada día, había sido golpeada en varias ocasiones por los patrones a los que servía, hasta el día en el que escapo.

Entonces desde aquel día, había sido buscada por numerosos caza recompensas; había pasado 2 semanas desde que había escapado de los reinos de Valimar, hasta que luego fue encontrada por un caracañado y dos custodios que la persiguieron y fue así como se había llegado a cruzar con Agueon, que la había salvado y había llegado a matar a los dos custodios y al caracañado, luego el mismo hombre le había dicho que la secuestraria para sus propios propósitos.

Irelia miro al resto de personas, pero los ignoro, y luego prosiguió con su labor, al terminar las personas desviaron la mirada y prosiguieron con su labor cotidiana, la elfa camino tensa, se dirigió a la posada y luego se introdujo al interior de esta, Agueon le hizo un gesto para que Irela subiera directamente a la habitación diciendo.

– Irelia, espérame arriba, preparare comida. – Dijo Agueon mirándola de reojo. – ¿Umbar por favor? ¿Puedes dejarme usar tu cocina? – Inquirió Agueon.

– ¿Bueno si tú quieres? pero…..

– Tranquilo, tendré cuidado. No destrozare nada, es solo que ella no come lo mismo que nosotros, así que le preparare algo en especial. – Agueon sonrió y luego se dirigió a la cocina, miro a Irela y luego le hizo una señal con la cabeza para que se retirase, ella obedeció y se retiró.

Al cabo de 15 minutos Agueon había subido a la habitación. Irela se levantó asustada pero luego su temor se disipo al darse cuenta de que se trataba del caza-recompensas. Agueon dio una sonrisa y le dejo la comida.

– ¿Qué es?

– Verduras, vegetales, he hice una torreja de plátano, adelante come, no hay carne, es comida buena y fresca. – La elfa miro, se lo pensó un rato, frunció el ceño con desconfianza y luego tomo el plato. Dio el primer mordisco y sintió los sabores entremezclados y luego prosiguió.

Agueon dio una sonrisa y luego miro a la calle.

– Irelia cuando termines de comer me acompañaras al palacio real.

La elfa lo miro atemorizada la idea de ir a un palacio lleno de hombres la atemorizaba y los recuerdos del pasado le regresaron, pero el cazador la miro certeramente, le tomo del hombro y con una mira firme hizo que verdisipará todas sus dudas.

– ¿¡Hey, tranquila!? No pasara nada, estarás conmigo, si uno de esos hombres te toca tendré que verme obligado a usar la espada, además yo no soy un cortesano o un brujo para andar con formalidades. ¿Ahora puedes confiar en mí?

Irela asintió tranquila y prosiguió con su desayuno.

– ¿Agueon, dime porque me salvaste? ¿Por qué te di pena?

– ¿Porque te salve? – Inquirió Agueon sarcásticamente. – Te salve porque le prometí a tu tío protegerte, y eso es lo que haré, además no siempre dependas de mí. Habrá momentos en los que no pueda estar contigo y tendrás que protegerte tú misma; por lo cual te enseñare a defenderte, además ya va siendo hora de que aprendas a manejar tus habilidades. – Respondió Agueon dando una sonrisa afable, mientras miraba la calle y se levantaba. – Irelia muéstrame tus brazos.

La elfa extendió las manos; el hombre se acercó, y luego le toco sus brazos, toco los alrededores y pulso con su dedo pulgar puntos específicos de su brazo entre ellos: el anconeo, el cubital posterior, el extensor común de los dedos y por último el braquio-radial.

– ¿Uhm? ¿Ya veo?

– ¿Que ves?

Agueon sonrió y luego dio una risa ligera.

– Tienes tus puntos vibracionales cerrados – la elfa lo miro asustada, pero Agueon sonrió diciéndole. – No te alarmes, eso no es malo, solo tendremos que abrir esos puntos con trabajo físico, cada mañana tendrás que mover los dedos 60 veces. ¿Entendido?

Irela asintió, luego Agueon la soltó.

– Escúchame elfa, termina tu comida, tomate tú tiempo, en lo que te explico cómo funcionan los campos vibracionales o mucho mejor conocido como la energía de vibración. – La elfa miro con ojos extraños al caza-recompensas, y luego dio una sonrisa afable. – Bien la energía de vibración es energía del universo, captada por el recibimiento de todos los seres vivos; plantas, animales, hombres, roca, agua, fuego, tierra y éter; todos esos elementos incluyendo al hombre conforman la energía de vibración. Los incas en los tiempos antiguos se prestaban de esta energía para poder comunicarse con el universo, el meta-verso, y con la tierra, gracias a ello podían conocer los siglos de las estrellas y captar la resonancia de todas las cosas.

– ¿Pero cómo logras hacer eso? ¿Ósea captar la resonancia? – Pregunto la elfa intrigada.

– Tu mismo ayer me dijiste que solo era con los espíritus elementales, además nunca mencionaste al éter.

Agueon alzo la ceja, y negó con la cabeza dando una sonrisa.

– Nunca te lo mencione por que no hacía falta; además lo que te dije ayer fue casi todo una mentira – contesto mirándola a los ojos. – Disfrute mucho diciéndote todas esas cosas, y lo disfrute aún más, sabiendo que lo hacía por tu bien.

– ¿Por mi bien?

– Si, por tu bien, capte tu atención diciéndote cosas que te fascinaban de tu mundo y tú te tragaste todo el anzuelo. – Dijo Agueon, mirándola con una sonrisa burlona.

– ¿Cómo? – Pregunto la elfa extrañada. – ¿Pero entonces? ¿Qué hago con lo que me dijiste hace 8 horas?

– Guárdate esa información, de todas formas, si te las guardas para ti, no tendrás que recurrir a ellas nunca más. Mi maestro, el anterior “espíritu de las montañas” me engaño de un modo similar; me engaño con mi sensualidad y mi avaricia, me prometió todas las mujeres del mundo, y me prometió poder ilimitado, y yo me trague el anzuelo. – Explico Agueon, mientras observaba la salida del sol. – ¿A lo mejor piensas que conoces el mundo del todo?

– Conozco el mundo tanto como puedo, y tanto como me lo dicta mi mente.

– No es suficiente. Lo que yo te voy a enseñar es el verdadero camino del guerrero, porque si te enseño el camino del asesino, nunca estarás abierta al mundo, y para el camino que te quiero enseñar necesito que seas abierta y fluida, cuando aprendas a librarte de la fuerza de tu propia voluntad, podrás entrar y mirar atreves de los surcos del tiempo y extraer lo que más te convenga y sea de tu beneficio, ¿Sabes porque?

La elfa meneo la cabeza dando una negativa.

– Porque si sigues el camino de un “asesino”, tu espíritu nunca estará en paz, y ese bucle seguirá y nunca podrás quitártelo, será como una enfermedad y te llevara a una serie de asesinatos sin sentido; para los guerreros antiguos; la senda del guerrero era una fuerza que podían visualizar. A través de eso veían la energía tal como fluye en el cosmos y en el universo. La consideraban una fuerza omnipresente, que intervenía en todos los aspectos tanto físico como cuántico del espacio, era lo que impulsaba todo, pero lo que resultaba de valor para los incas y para muchos pueblos antiguos, era que aquella fuerza tenía la capacidad de comunicarse a través de muchos idiomas, donde la pura abstracción era perceptible e íntimamente ligado al individuo. El individuo siempre podía usarlo como un consejero, los guerreros se dan cuenta de esto y usan esa fuerza como la única consejera en los momentos de guerra, pero para que puedas escuchar a esta consejera necesitas de un comportamiento impecable, y solo los practicantes más disciplinados en este ámbito son capaces de escucharla. – Explico Agueon, mientras tomaba su espada y la desenvainaba. – Otra unidad de este camino era el sistema cognitivo de los sabios o como se les conocía en ese tiempo los sabios Q’eros. Ellos percibían y comprendían los designios del tiempo, y la energía de vibración les era tan práctico como cuando manejamos una espada o una lanza. Para ellos los conceptos de tiempo-espacio y el modo en que los utilizaba no eran los mismos fenómenos, era más una forma de vida, que cuando era el momento la usaban.

– ¿Entonces el espacio para ellos era como un punto infinito? – Pregunto Irela mientras dejaba de lado su comida para poner atención a su maestro.

– Exacto. – Afirmo Agueon. – Junto con todas las criaturas vivas que existen en este mundo. El espacio era para ellos mucho más accesible, algo casi práctico. Era como si tuvieran un mayor porcentaje en el ámbito astral y material. Para mí el tiempo y el espacio no son oscuras abstracciones. – Agueon tomo la espada nuevamente y luego hizo brillar las numerosas runas de su espada curvilínea. – Para mí el tiempo y el espacio son formulaciones; forman parte integral de mí, y del todo, a esto se le llama la “rueda del tiempo”, y muchos guerreros lo usaban, y su manera de explicar la “rueda del tiempo” era que el tiempo era como un túnel de anchura infinita, un túnel con surcos reflectantes, cada uno de estos surcos te lleva a una nueva consejera.

– ¿Y quién es esta consejera?

– Tu muerte. La muerte es la única consejera para un guerrero.

– ¿Qué quieres decir con eso Agueon?

– No lo sé. – Respondió Agueon dando una sonrisa. – Averígualo por ti misma.

Agueon tenía la razón, la elfa nunca había usado ese concepto de guerrero; Irela se encontraba en un bucle distinto a lo que era la senda de un guerrero elfico y la senda de un guerrero inca, aquellos pensamientos transmitidos estaban cargados de una sabiduría que nunca había escuchado, ni por los maestros más experimentados de su cultura. Aquel sistema de cognición era diferente, y con infinitas posibilidades.

– ¿Maestro, que me puede decir de un guerrero? – Pregunto la elfa tratando de sacar alguna explicación a lo que Agueon le enseñaba.

– Un guerrero sabe quién es, y su único pesar es saber que su vida es tan corta para poder hacer todas las cosas que quisiera, pero para él, eso no es un problema, solo es lastima, sentirte importante, lo hace a uno pesado, rudo y vanidoso, y para el camino de un guerrero se necesita ser liviano y fluido, cuando te veo, veo un campo de energía, como fibras de luz.

Irela levanto las orejas mirándose a sí misma.

– Tú no lo puedes ver, puesto que no tienes un espíritu disciplinado, tu arrogancia no te deja ver el espíritu que llevas. Ver y observar son cosas distintas, un guerrero lo sabe y lo usa como su mejor arma. De ese modo ante el ojo de un guerrero, un individuo aparece como un conjunto de fibras luminosas superpuestas las unas con las otras, y mientras más gruesas, más fuerte será tu espíritu; cuando aprendas a ver; veras que un hombre ya sea mendigo o rey, es un nuevo luminoso. Pero pocos hombres se dan cuenta de esto, son como cantaros que por fuera se ven hermosos pero por dentro no tienen nada, pero que comenzarían a gotear en el momento en el que los metieras a prisión y los llenaras de agua. Cuando un individuo no se preocupa por ver; las cosas le parecen superfluas, y le parecen lo mismo, sin embargo para alguien que ve, ninguna cosa es igual cuando la ve, y sin embargo es la misma.

– ¿Entonces cómo debo vivir, a que debo sostenerme?

Agueon dio una sonrisa, suspiro, miro el techo y tomo a una araña delicadamente dejándola en el suelo.

– Para un guerrero la forma de vida es distinta al de un asesino, el guerrero puede que no se preocupe de tomar una decisión, pero una vez que la ha tomado prosigue su camino, libre de preocupaciones, para un asesino su objetivo será lo primero y nunca estará arraigado a una vida gozosa, aun tenga amigos o amigas, siempre se sentirá turbado. Para un guerrero, siempre habrá un millón de decisiones esperándolo, ese es el verdadero camino del guerrero. – Explico Agueon. – Un guerrero piensa en su muerte, cuando las cosas pierden claridad, y la idea de la muerte es lo único que templa su camino.

Irela frunció el ceño, trato de formular una pregunta pero no encontró las palabras.

– La muerte está en todas partes, ¿acaso está en el filo de una espada? o ¿en la punta de una flecha? la muerte es algo que es susceptible, la muerte eres tú con tu cabello, la muerte es el posadero que nos recibió hace unos minutos, la muerte soy yo hablándote, la muerte no es nada. Nada. Y la segunda pregunta que tienes que hacerte es; ¿Tiene corazón este camino? Luego regocíjate y ríe, sabes por qué “ves” que nada es más importante que lo demás; un asesino no tiene honor, ni dignidad, ni familia, ni patria, solo tiene una vida por vivir, y el único vínculo con su semejante es el desatino controlado, dejándose llevar por una brújula moral tratando de hacerse valer por la sociedad, puesto que para ellos ninguna cosa es más importante que la otra. Un guerrero elige sus actos y actúa como si le importara, su desatino controlado le lleva decir que lo que él hace importa y le lleva a actuar como si le importara, y sin embargo el guerrero sabe que no es así, de modo que cuando completa sus actos se retira en paz, sin preocuparse en absoluto de si sus actos fueron buenos o malos, si dieron resultado o no; un guerrero puede optar a ser impasible.

– ¿Pero maestro, eso no sería ser alguien vacío? – Pregunto la elfa, Agueon lanzo su espada al suelo, la miro por unos minutos y luego dijo:

– No hay vació en el camino de un guerrero, todo está lleno a rebosar y todo es igual.

La elfa frunció el ceño nuevamente, tratando de dar sentido a sus palabras, se repitió cada palabra en su mente.

– ¿Aun no logro comprender?

– No comprendes porque aún no puedes “ver”, sin embargo cuando comiences a querer “ver” lo será todo para ti, y tu perspectiva del mundo cambiara de manera simultánea. – Respondió Agueon mirando su espada, luego emitió su psique en esta y la hizo levitar. – Un guerrero quiere eso es todo para él, sin más porque si, un guerrero acepta la responsabilidad de sus actos hasta del más sanguinario de sus actos, mientras que el asesino actúa bajo sus pensamientos de venganza, y nunca asume la responsabilidad de sus actos, solo es un ganador o un perdedor y dependiendo de esto se vuelve en perseguidor o en víctima. Estas dos condiciones prevalecen, mientras uno no “ve”, verdisipa la ilusión de la victoria o derrota o el sufrimiento. Un guerrero sabe lo que espera y mientras espera no desea nada y así cualquier cosa que recibe es más de lo que cualquier persona espera. Cuando te embarques en el camino del guerrero te darás cuenta de que la vida ordinaria se ira, y dejaras tu pasado, sin embargo ganaras sabiduría y conocimiento, y ambas serán tus más letales aliadas en este mundo, nunca lo olvides. – Dijo señalando su frente con la espada.

En ese momento Irela tubo la sensación de querer saber más, aquel conocimiento que consideraba vano, soso y banal, había resultado ser el conocimiento que su padre le había relatado hace milenios, cuando todavía era una niña.

– ¿Agueon, cuando nos conocimos por primera vez me mencionaste a los incas? ¿Quiénes eran? – Pregunto la elfa extrañada.

Agueon la miro directamente, su mirada penetro su alma con un brillo propio. La habitación se llenó de silencio, Agueon se quedó mirando a la elfa dimensional, su mirada era seria, el cuarto se llenó de un silencio total, la elfa insegura se arrepintió de la pregunta y trato de redimirse pero ya era tarde. Agueon la había atrapado con su mirada como un lobo cuando asecha a su presa, ambos elfa y hombre se miraron, Agueon dio una sonrisa gélida.

– ¿Irela dime? ¿Desde hace cuánto que no te bañas? – Pregunto Agueon dándole una sonrisa – Estas harapienta, mugrienta, pareces una pordiosera, si te ven así en el palacio real, nos echaran a los dos, y no nos conviene pasar hambre. ¿Entendido?

– ¿Si, pero?

– Pero nada, ten ropa, la traje desde Taniquiel. Pensaba botarlo, pero como viniste me decidí a no hacerlo, sin embargo apresúrate, desvístete chiquilla y aséate lo vas a necesitar no quiero que camines como una mendiga y mucho menos aquí. – Agueon había captado su atención en otro tema, el recordar al imperio incaico no le era muy ameno, y siempre trataba de obviar aquel tema.

– Agueon existe algo llamado privacidad, ¿me la puedes dar?

– ¿Oh por supuesto? – Agueon dio la vuelta y fijo su mirada en la calle.

– Me refiero a que salgas.

– No me saldré, apresúrate chiquilla, no te vas a infectar porque yo esté presente aquí. – La elfa vocifero, insulto, injurio, pero no salió nada de todo eso, Agueon solo hecho una risa burlona y se quedó callado.

Después de 30 minutos, Agueon tomo su espada, y toco la ventana de la ducha, la elfa dio un grito de vergüenza, regateo un poco, insulto en idioma elfico. Agueon sonrío, y dio una leve carcajada.

– Irela dejare tu ropa encima de la cama, tienes 5 minutos para cambiarte estaré esperándote abajo, recuerda cinco minutos ni más, ni menos. – el cazarecompensas dio la vuelta la elfa pudo ver la silueta de Agueon alejándose.

–”Y me lo tiene que decir en este momento” – Pensó, mirando como Agueon salía de la habitación – “¿porque me habrá cortado el tema cuando mencione a los incas?” – se preguntó.

Afuera de la posada Agueon ya hacia guiando a los caballos fuera del corral la gente lo miraba con desprecio, el trabajo de cazarecompenzas era uno de los menos solicitados en los pueblos, puesto que su oficio era el de matar a sangre fría. Agueon dio la vuelta y miro el santuario de las sacerdotisas que se habían asentado en el centro de la ciudad de Rhudair, las mujeres desviaron la mirada y se introdujeron a su santuario, los cordeleros y los talabarteros abrían sus puertas y los comerciantes de piedras preciosas entraban lo más rápido posible para abrir sus negocios la llegada al nuevo continente había abierto muchas puertas para los negociantes de productos primos, y los campesinos del este de Valimar se habían beneficiado con la buena tierra en aquel lugar donde ya hacían asentados había tanto costa, sierra y selva. Por lo cual la abertura de comercios era inmensa.

Más allá vio a un grupo de sacerdotisas del santuario de la Diosa Nerta, murmurando entre ellas, mientras miraban al extraño. Aquel hombre tenía la espada en la espalda y la otra en la parte posterior de la cintura.
Agueon que tenía los sentidos abiertos escucho claramente los murmullos y dio la vuelta mirando nuevamente a las sacerdotisas, las mujeres debían de ser de 25 años para arriba, tenían la tez pálida al igual que Agueon, con la diferencia de los ojos, de este eran rojos.

–”Si supieran”. – Pensó Agueon mirando de reojo a las mujeres, que se murmuraban las unas a las otras y miraban al caza recompensa.

– No me miren con esos ojos sacerdotisas de otra cultura, se perfectamente lo que piensan, a través de estos ojos puedo verlo.

– ¿Y cómo podrías saberlo? – Pregunto una de ellas acercándose. – Si tu corazón está manchado de sangre.

Agueon dio una risa ligera pero pequeña, miro directamente a la sacerdotisa que le había formulado la pregunta, la analizo.

– Tú piensas que soy un asesino a sangre fría, pero solo soy un simple guerrero, vine aquí por el tema de la llorona, escuche por ahí que ya vinieron varios brujos tratando de confrontarla, y lo único que escuche solo son desgracias, por lo visto los intentos de los brujos del este de Valimar son solo el de atacar con señales y remedios brujeriles, son por así decirlo, más prácticos, y más escépticos ¿no es así? – Explico Agueon dando una larga pausa, miro a los alrededores, vio el cuerpo de otro brujo muerto, aquel hombre había sido reventado desde dentro y partido por la mitad, Agueon lo supo en el momento en el que vio el cuerpo tendido. Tanto las tripas como viseras del cuerpo entero habían reventado como carne molida, podía ver los ojos de terror del brujo a pesar de lo muerto que estaba. – Por lo visto han tenido más problemas con la llorona ¿no es así?
– De hecho tenemos problemas con todas las criaturas de esta tierra. – Respondió la sacerdotisa despectivamente. – Ni la plata y el acero meteórico les hacen daño, la verdad hacemos lo que podemos con los que sobreviven.

Agueon la miro, fijo sus ojos rojos en los ojos de la sacerdotisa, miro más allá de ella en lo profundo de su ser, y vio que sus palabras eran angustiosas, aunque las cubría con seriedad.

– Estas angustiada, por lo que veo hasta ahorita no han podido ayudar a nadie, ¿por qué no probáis con la ayahuasca o la hoja de coca?, son buenas plantas para los ataques etericos, y los ataques de seres dimensionales, por lo visto han estado usando las plantas de su tierra, pero aquí no funcionara, puesto que muchas criaturas son de planos de sistencia distintos al material, muchas de ellas están protegidas por esta tierra, como la llorona que tendré que confrontar.

La sacerdotisa lo miro, frunció el ceño con un aire de intriga, se aproximó al Cazarecompenzas y pregunto.

– ¿Que tanto conoces de esta tierra extranjero?

Agueon la miro, dio una sonrisa, escupió enérgicamente el suelo y respondió:

– Conozco esta tierra desde tiempo inmemorial mujer, incluso mucho antes de que tú nacieras sacerdotisa. Conozco las plantas y conozco los peligros de esta tierra, al igual que mis antecesores, antes que yo. – Respondió Agueon dándole una sonrisa afable.

– Agueon, perdón por la tardanza, tuve unos…. – Las palabras de la elfa se cortaron cuando vio a la sacerdotisa, Irela la miro con seriedad y luego se dirigió al lado de Agueon.

La sacerdotisa la miro extrañada.

–”¿Una elfa en esta tierra?”– se preguntó la sacerdotisa con ojos extraños.

Agueon la miro y dirigió su mirada en la sacerdotisa, la extrañes de la sacerdotisa no le era extraño, miro a la elfa y luego volvió su faz a la mujer.

– ¿Por qué esa mirada extraña sacerdotisa? – Pregunto Agueon seriamente.

– Nada, solo que se me hace extraño, que una elfa este tan lejos de su tierra. – Respondió la sacerdotisa.

– Yo la traje aquí. ¿Hay algún problema?

La sacerdotisa miro al extraño, este solo asintió tomo su espada curvilínea, aquella espada era distinta, la contemplo, aquella espada, tenía forma de una katana pero era más ancha en el cuerpo, había un grabado en un idioma desconocido, la empuñadura era morada, y en la tsuba estaba la cabeza de un lobo negro con cuernos, aquella criatura abría las fauces. La sacerdotisa se dio cuenta al instante que la energía guardada en la espada era distinta a la que emitían los brujos, era como si la espada tuviera vida propia, como si pensara.

– ¡No mires! – Advirtió Agueon – si eres sensible, devorara tu mente.
La sacerdotisa volteo su faz y luego hizo un ademan de asentimiento
– Lo mejor será que no lo mires a los ojos.

– ¿Que es esa criatura?

– Un Jarjacha, lo atrape, lo mate y contuve su energía en el interior de esta espada. – Respondió Agueon con tono sarcástico. – ¿Así? ¿No nos hemos presentado?

La sacerdotisa la miro con un aire de extrañes, era la primera vez que un caza recompensas hablaba de manera coloquial. Agueon la miro dándole una sonrisa sincera.

– Mi nombre es Imac Sumac Agueon. La elfa que está a mi lado se llama Irela. ¿El tuyo?

– Neneke.

La mujer tenía ojos verdes, su cabello era de color rojo tenía la cara acorazonada, su cuerpo era esbelto y elegante, y tenía los labios entrecortados y delgados.

– Neneke, fue un placer. – Agueon dio una sonrisa cerro los ojos, mientras le lanzaba la sonrisa a la sacerdotisa. – ¿¡ASÍ!? ¿Estoy buscando el palacio real? ¿Sabrá dónde puedo hallarlo?

– ¿Ve ese camino?

Agueon volteo y vio una carretera que separaba la ciudadela de Rhudair.

– Diríjase por esa carretera y encontrara el palacio real del rey.

Agueon asintió y agradeció, he insto a su montura, el caballo relincho y avanzo a paso ligero.

…………………………………….

Aquel encuentro fue en extremo fortuito, otra sacerdotisa se acercó mirándola a los ojos. Neneke miro a su compañera mientras esta le hacía un ademan de que se internara al santuario.
– ¿Y cómo fue tu conversación con el extranjero? – Pregunto Merytele.

– Digamos que fue interesante. – Respondió Neneke mirando al suelo con un aire de intriga. – Aquel hombre tenía los ojos rojos, me miro en el interior, era como si mirara a través de mí.

– ¡Tonterías! – Arguyo Merytelle. – Ha de ser una ilusión, no estamos acostumbradas al cambio de ambiente.

– ¿Es posible? ¿Pero lo que me dijo? – En ese momento Neneke recordó las palabras del extraño. “Por qué no probáis con la coca o la Aya-huasca”

– ¿Coca y ayahuasca? ¿Eh? tendré que hablar con la sacerdotisa superiora al respecto.

………………………………

– ¡¿Estupideces?! – Vocifero la sacerdotisa. – Nuestras medicinas siempre han funcionado, no cambiaremos nuestros métodos.

– ¿Pero?…..

– Es mi última palabra. ¿Neneke que te sucede, tú no eres así? has de reformarte nuevamente en tu sendero, que clase de sacerdotisa serias si solo te dejaras llevar por estupideces de un simple caza-recompensas. – Explico la sacerdotisa – ¿ahora si eso es todo? y no tienes algo mejor que decirme será mejor que te retires.

Neneke dio un ademan de respeto y se retiró del santuario a las afueras llovía y caía granizo del cielo, las calles comenzaron a vaciarse rápidamente, los comerciantes empezaron a meterse en las tabernas y posadas, fue ahí cuando lo vio, habían pasado dos horas desde que el extraño se había retirado, pero estaba ahí junto a él, estaba la elfa. Neneke desvió su mirada en la elfa y miro al caza recompensas, ambos bajaron de sus caballos y los guiaron rápidamente al establo.

– Tal parece que te agrada la lluvia, – dijo una vos entrecortada, se trataba de la amiga de Neneke, se había acercado silenciosamente.

– No es eso, solo quería memorizar el rostro del hombre del que te hable. – Dijo Neneke en vos baja.

Su compañera ladeo con la cabeza para mirar a aquel hombre de ojos rojos, y piel pálida como la nieve, aquel hombre no llevaba armadura, solo llevada sus dos espadas y una elfa al lado.

– No tiene pinta de caza recompensas.

– Es el hombre que sabe de las plantas de esta tierra ¿Te acuerdas? – Comento Neneke.

– ¿Oh? ¿Enserio?

Neneke había llegado recién al nuevo continente como practicante, y era una recién iniciada en el santuario de la diosa Nerta, aquellos días en el nuevo continente le habían mostrado que las criaturas que habitaban dicho continente eran distintas a las estriges o los grifis, y entre otras criaturas del este de Valimar, muchas de las criaturas se adaptaban y encontraban formas de volverse más letales en la batalla, hace cuatro semanas habían perdido ya al quince porciento de niños, que habían sido secuestrados por la llorona, y la situación se había vuelto cada vez más desesperante, a medida que pasaba el tiempo muchos niños morían, y otros desaparecían.

– Agnes, iré a la posada, quiero que me cubras. ¿Entendido?

– ¿Pero….?

– No te preocupes, solo platicare con el extranjero. ¿Algo me dice que él sabe algo que no sabemos?

Neneke salió corriendo, su vestido se empezó a mojar y sentía como el granizo le pegaba fuertemente la cabeza, abrió rápidamente la posada donde se encontraban el extraño y la elfa, se acercó al posadero y empezó a hacerle preguntas. El posadero era de estatura mediana, tenía el pelo blanco y corto su cabello era largo le tapaba las orejas y la redondez del cráneo.

– Es un buen tipo – le dijo el posadero a la sacerdotisa – Pero es un tipo muy callado, ahora último se ha estado comportando como si fuera el padre de aquella elfa.

Neneke asintió preguntando si podía ir a verlo. El anciano miro a la sacerdotisa y sonrió, se alejó por momentos y se acercó con un registro.

– Segundo piso cuarto final. – Indico el anciano. Neneke asintió y agradeció camino lentamente, mientras el resto de hombres la miraba con deseos de lujuria.

Neneke llego rápidamente al cuarto final sintió una sensación de nerviosismo pero lo supero, toco la puerta, la elfa le abrió rápidamente, delante de ella vio al hombre estaba sentado en el suelo como si estuviera meditando, el extraño la reconoció y sonrió.

– Lo siento pero en este momento estamos……

– No te preocupes Irela déjala entrar. – Le corto Agueon.

Agueon la miro como si supiera que haría la sacerdotisa, algo que él ya sabía. La miro como preguntándose qué iba a decir pero ella solo lo miraba, Neneke sonrió con timidez, el extraño la miro y sonrió, luego empezó a reír.

– No hay por qué alterarse, no se infecta uno por solo hablarme. – Dijo Agueon. – ¿Tienes dudas por lo que veo? ¿No es así?

Ella asintió le dio la mano en un gesto de saludo, se quedaron un buen rato sin hablar. Neneke rompió el silencio y le hablo sobre el problema en la ciudadela, especialmente sobre el tema de las plantas medicinales, hablo compulsivamente durante un buen tiempo, dándole a conocer todo lo que sabía sobre el tema de plantas medicinales de su pueblo en el este de Valimar. Pero Agueon no dijo nada, se limitó a escuchar. Luego asintió y la empezó a escudriñar. Neneke tenía la impresión de que Agueon estaba volviendo a mirar dentro de ella con aquellos ojos rojos sintió un peso enorme en su interior pero resistió. Agueon suspiro y miro a las afueras. Neneke tenía la certeza de que el sabia de que ella estaba diciendo tonterías. Agueon sonrió afablemente y luego se levantó.

– Bien – suspiro. – Ven mañana a esta posada a eso del mediodía. ¿Entendido?

Neneke no sabía que decir. Se sentía incomoda, tras un rato se levantó y asintió con la cabeza y se retiró. Agueon no le soltó la vista, aquellos ojos rojos la seguían mirando, su argolla empezó a vibrar de manera rauda y dejo de vibrar cuando salió de la habitación.

– “De nuevo esa sensación.” – Pensó ella mientras miraba para atrás y cerraba la puerta rápidamente.

Tras un rato se dirigió con su compañera y luego esta le pregunto cómo le había ido con el caza recompensas y ella respondió.

– Pensé que si presumía sobre mis conocimientos, hablaría conmigo, pero no dijo nada, solo me dijo que viniera mañana, escucho con paciencia luego asintió despacio y sentí la misma carga de energía cuando empecé a hablar. Sus ojos parecían brillar con luz propia, esquive su mirada y luego me levante y me retire.

Su amiga dio una risotada.

– Exageras. – Comento su compañera con una sonrisa.

Pero Neneke no le encontró la gracia.

– No te fue muy bien ¿Verdad?

– No.

– ¿Le preguntaste de las plantas?

– Si, pero creo que metí la pata.

– Te dije que sería en vano. Algunos aquí lo conocen, pero no hablan mucho de él. Y creo que eso es por algo.

–Pero me invito para mañana.

– Te tomo el pelo. Seguramente cuando vallas te volverá a tomar el pelo nuevamente. Conozco esa clase de gente Neneke, no deberías confiar en ellos. Fingen saber mucho pero al final no saben nada.

Agnes vociferaba convincentemente que ya conocía a esa clase de gente, de personas que presumían conocer mucho pero no sabían nada. En su opinión no valían la pena. Pero la mente de Neneke estaba concentrada en Agueon, tenía la certeza de que el individuo sabía algo. Recordó sus ojos, y habían brillado, literalmente.

………………………………..

A la mañana siguiente Neneke, regreso a la posada, las nubes tapaban el sol y se escuchó el retumbar de los relámpagos, señal de que volvería a llover, toco la puerta he Irela le volvió a abrir la puerta, la elfa le saludaba con una sonrisa forzada y bien fingida. Agueon dio una sonrisa cuando la reconoció, Neneke le devolvió la sonrisa.

– ¿¡Valla, así que decidiste venir!? – Pregunto con tono sarcástico. – Únetenos, estaba enseñando a Irela lo mismo que te iba a enseñar a ti. Ayer me puse a pensar en todo lo que me dijiste.

– Justo de eso quería hablar. – Neneke se mostró severa.

Quería saber que implicaba aquella mirada se había vuelto en una obsesión, y mientras más se ponía a pensar en ella más insólita le parecía, a lo largo de muchas horas Agueon empezó a hablarles, tanto a sacerdotisa como a la elfa de plantas de poder, de la hoja de coca, de la uña de gato, de la muña. Su actitud daba confianza y su sentido del humor les pareció a ambas excelente en ocasiones, sobre todo ambas sentían esa actitud un tanto desconcertante y callada. Neneke experimentaba en su presencia un deleite y al mismo tiempo una desazón extraña. La sola compañía de Agueon le forzaba a efectuar una tremenda revaluación de su modelo de conducta. La habían educado de otro modo a partir de una rueda sagrada, y Agueon hablaba de la Rueda del tiempo, de guardianes, de Dimensiones, donde los Dioses no eran Dioses sino entidades tan poderosas que habían evolucionado con el paso del tiempo. A Neneke le habían enseñado la disposición de aceptar al hombre como un ser débil y falible, y lo que Agueon destacaba era al hombre como una entidad llena de energía, el cazarrecompensas daba una acertación desfavorable entre su forma de ser.

Hablaban de su interés sobre el conocimiento, pero como costumbre Agueon, Irela y Neneke iban en sendas distintas.

– ¿Crees que conoces el mundo que te rodea?

–Conozco de todo. – contesto la sacerdotisa con tono seco.

–A lo que me refiero es ¿Si sientes el mundo que te rodea?

– Siento el mundo que me rodea tanto como puedo.

Irela se dio cuenta que Agueon le estaba haciendo la misma jugada a Neneke, miro a Agueon frunció el ceño, y luego dio una mueca un tanto burlona.

– No es suficiente. Tienes que sentirlo todo. De otra manera el mundo pierde su sentido.

La sacerdotisa formulo el argumento de que no era necesario probar la sopa para conocer la receta, ni recibir un golpe para saber lo que es el dolor. Agueon meneo la cabeza negativamente, dándole una sonrisa burlona.

– Ya transformaste todo en una estupidez, –dijo Agueon – Ya veo que quieres agarrarte de tu religión a pesar de que no te da nada; quieres seguir siendo la misma, a pesar de tu bien estar.

– ¿No sé de qué me estás hablando?

– Hablo del hecho de que no estas completa. – Respondió el caza recompensas con tono serio – estas vacía, hueca. No tienes paz.
Aquellas palabras la molestaron, se sintió ofendida, lo miro con odio, sintió que Agueon la estaba calificando de manera injusta. De algún modo Agueon comenzó a juzgar sus actos de personalidad.

– Estas llena de problemas y me miras con odio – dijo – ¿Porque?
– Soy solo una mujer. – Repuso la sacerdotisa malhumorada.

Neneke hizo la afirmación de la misma forma que solía hacerlo con todas sus amigas, pero Agueon solo la miro y la escucho con paciencia. Suspiro y luego dijo:

– Estas llena de preocupaciones y problemas, piensas demasiado en ti misma. – Agueon la escudriño como el primer día en que se conocieron. – Y eso te da una fatiga extraña, que provoca que te cierres con el mundo, agarrándote así de tus razones, por eso tienes problemas. Yo también los tengo, pero los dejo atrás, y no los digo como tú los dices.
– ¿Y tú como los dices?
– Yo hace mucho tiempo que me salí de mis problemas, – susurro con un halo siniestro. – Pero eso no es un problema. Ni punto de discusión. Es solo lastima.
A la sacerdotisa le gustaban sus frases, no había desesperación, ni compasión por sí mismo.

– ¿Bueno y me contaras de las plantas?

– Por supuesto, pero antes tengo que encargarme de la llorona, y aun no me fue tan bien muchos de los hombres me dan por muerto, más el rey no quiso hablar conmigo. ¿Sabes que sucedió antes del tema de la llorona? ¿Por qué el rey y los corregidores están tan desanimados? – Pregunto Agueon frunciendo el ceño.

– La verdad escuche por ahí que la reina estaba acostándose con distintos hombres a espaldas del rey.
Agueon abrió los ojos, meneo la cabeza preocupado.
– Así que fue así como sucedió. ¿Eh?
– ¿Como a que te refieres?
– Las llorónas son llamadas por los actos de infidelidad, en muchos casos este llamamiento la presentan las mujeres, y como la reina se acostó con distintos hombres es posible que la haya sido poseída. – Explico. – Ahora la reina ha de estar en el interior de la llorona.

– ¿Qué quieres decir que la reina fue devorada y está muerta?

– No. – Respondió Agueon dando una negativa con la cabeza. – Con esto quiero decir que la llorona está encima de la reina, como si de una armadura se tratase, el cuerpo etéreo de la llorona esta materializado en este plano gracias a la reina. – Agueon se llevó la mano al mentón y luego miro a Irela. – Elfa, mañana iremos nuevamente al palacio real si el corregidor Boran no nos deja ingresar tendré que verme en la obligación y en la pena de retirarme de la ciudad, no estoy para suplicas ni para riñas.

La sacerdotisa los miro extrañada.

– Vaya pareja estáis hechos, ¿Disculpa que sea curiosa pero como fue que llegaste a estar con este hombre? –Pregunto la sacerdotisa frunciendo el ceño.

– Pues…

– ¡Irelia! – Agueon miro a la elfa meneando la cabeza negativamente y después miro a la sacerdotisa – eso no es de tu incumbencia sacerdotisa, viniste aquí para saber de plantas. ¿No es así?

–Si.

– Pues entonces abre los oídos y escucha. ¿Así? ¿Lo mejor será que anotes? puesto que la cantidad de plantas es enorme en esta tierra. – Comento Agueon mientras posaba su mirada gélida en ella.
La sacerdotisa busco pluma y papel y luego comenzó a anotar, las recomendaciones de Agueon.

………………………….

Al día siguiente Agueon he Irelia se dirigieron al palacio del rey Arpharagon.

— ¿¡Que!? ¿¡Otra vez tú!?

— Si, otra vez yo. — Respondió Agueon con vos seca pero segura.

— Creo que ya te han dicho que no queremos hacer negocios con un caza recompensas. ¿Que no lo entiendes? — Gargajeo uno de los guardias apuntándole con la espada.

— A no ser que quieras darnos algo a cambio. — Dijo Bojan, mientras le lanzaba una sonrisa y se acercaba a la elfa.

Agueon miro al soldado, y luego desenvaino la espada, esta no emitió ningún chillido.

— Un paso más y tu cabeza volara por los aires. — Advirtió Agueon con vos amenazadora y firme. Uno de los guerreros que se encontraba detrás de Agueon preparo el puño. Agueon se revolvió de su sitio, giro, hizo un espectacular movimiento rápido, clavo su espada en el suelo y tomo por el cuello al guerrero. Brillaron nuevamente las numerosas runas de su brazo, mientras Agueon levantaba el cuerpo de aquel hombre gordo y granujiento.

— Suéltalo. — Vocifero otro guardia, mientras sacaba la espada, Agueon lo miro y lo paralizo con su mirada. El resto de guerreros sacaron las espadas, Irela retrocedió, los caballos relincharon de miedo, mientras Agueon tomaba la espada analizando la situación.

— Bogdan ve por refuerzos,

El hombre flacucho corrió al interior del palacio.

— No hará falta — dijo el corregidor, mientras abría la puerta. — Te recuerdo, tú eres el de ayer ¿no es así?

— Sí.

— Bien, quieres hacerte cargo de la llorona ¿cierto?

— En efecto.

— Entonces ingresa, y ustedes pedazo de idiotas, bajen las armas, me ponen nervioso, y tu suelta al hombre que ya se está poniendo morado. — Arguyo el corregidor. — Salid de mi camino.

— Soy Boris corregidor de Rhudair, que tienes que decir en tu defensa mercenario, antes de que a tu elfa y a ti los lleve a la mejor mazmorra de este nuestro palacio, y después me ponga a bailar con ustedes, de modo que nunca lo olvidéis.

— Habéis clavado esto en cruces del camino real ¿no es así?— dijo el ojos rojos — ¿Es verdad lo que pone en esta proclama o todo es una farsa?

El corregidor lo miro, dio una leve sonrisa y luego respondió:

— Creo que ayer se te dijo que no vinieras, pero ya que tanto buscas la muerte se te cederá de buen grado, si, nosotros pusimos aquel cartel hace tres meses.

—Perfecto, ahora me permitiréis hablar con el rey, será rápido, no tardare mucho tiempo. — Dijo Agueon con vos queda.

— ¿¡Mírenlo ahí!? Viene, amenaza crea problemas y quiere ver al rey. ¿Tienes la divisa de mercenario?

— Por supuesto — Agueon mostró la marca en el pecho aquella marca llevaba la cruz de la inquisición de Valimar.

El corregidor suspiro, cerró los ojos aliviado de no ver un muerto.

— ¡Mira yo soy el que guarda de la ley en Rhudair!, no voy a consentir que estén armando un griterío en las puertas del palacio. Y mucho menos que corra sangre. ¿Entendido?

Agueon asintió, pero no dijo nada.

— ¿Tienes algún nombre? —Pregunto.

— Me llamo Agueon.

— Sea pues Agueon, ¿Y la elfa que viene a tu lado?

— Ella es mi esclava.

— ¿¡Oh, entiendo!? Ahora estas probando la carne más selecta ¿eh?

Agueon guardo su espada, y luego miro a la elfa, dio una sonrisa, un tanto burlona.

— ¡Va! como sea, entren rápido, no es bueno rondar de noche por estas calles, se escuchan y se oyen cosas poco buenas.

– Salid – Increpo el corregidor, mientras ingresaban por las compuertas. Irela se mostraba regia, firme y segura de sí misma, había vivido toda su vida entre hombres en Valimar, y estaba acostumbrada las miradas lujuriosas de las personas. – Y ustedes dos, vengan siéntense aquí. – El corregidor señalo a las dos sillas y luego pidió cervezas.

Agueon solo se sentó y se limitó a mirar. Irela solo miraba a los costados alarmante, expectante.

– Vivimos tiempos de mierda ¿Sabes? – Dijo Boran que estaba al lado del corregidor – Desde que llegamos a este continente nos hemos encontrado con toda clase de porquerías. Allá por los cerros se ven mierdas que en el Este de Europa nunca se nos hubiera ocurrido encontrar, “condenados”, tipos desnudos que se la pasan masturbándose y si los miras te persiguen y te devoran. ¿Sabes Agueon? tómatelo tranquilamente, esto no es como rebanarle la cabeza a un lobizome o desencantar a una estrige, esto es una “llorona”, un ser que no conocemos y los niños se nos mueren y desaparecen. Nada de lo que hemos hecho hasta el momento nos ha ayudado a comprender a estas criaturas, allá en los cerros hace cuatro años se veían vicuñas, ahora solo se encuentran chupacabras, Mukis, y espectros de todo tipo.

Agueon solo se limitó a mirar con seriedad a Boran mientras este solo se empezaba a quejar de las criaturas que jodían los pueblos campesinos.

– No es extraño que hayan venido tantos brujos desde nuestras tierras hasta aquí, pero aun así no ayudan para nada ya la semana pasada murió otro brujo que pensó que podía vencer a la “llorona” y miren como termino partido por la mitad con las vísceras reventadas. ¿Lo viste, no es así?
Agueon solo asintió, mientras miraba por ratos que la elfa cerciorándose de que no se perdiera.

–Miras esto, es una proclama, por 5000 ducados – Comento Boris. – Desde que tuvimos el problema con la llorona el rey ha solicitado los servicios de los brujos, pero todos y cada uno de ellos han terminado muertos por la llorona. ¿Conoces los detalles no?

– Los he escuchado por ahí.

Boris miro a Agueon, le paso la cerveza.

– ¿Tu bebes?

– No bebo, enturbia la mente, minimiza los sentidos.

Boris tomo la pinta y luego se lo llevo para sí.

– Tú sí que eres aburrido. Bueno en lo que estaba, nuestro rey desde hace cuatro semanas que ha estado consternado, por la desaparición de los niños, los pobladores todos los días vienen a reclamar por la desaparición de sus hijos, hijas, incluso bebes, te lo imaginas, bebes, la llorona se ha estado dando una buena racha con los niños del pueblo. Después de unos días los niños aparecen sin ojos sin riñón o aparecen muertos en algún despoblado, u otros aparecen transformados en criaturas rarísimas que eme es imposible describir. – Contaba Boris mientras se daba grandes sorbos de su jarra de pinta. – Ahora atento porque aquí viene la cosa, aquello que salió del castillo muy pocos lo vieron pero los que la presenciaron dijeron que tenía dientes tan grandes como las de una estrige, y era delgada como una mujer, con grandes pechos y pálida como la nieve, aquella criatura o lo que sea que fuere, salió dando gritos de rabia, blasfemaba en un idioma que no entendí, algunos especulan que pudo haber sido una maldición, o un encanto, porque la reina siempre salía del pueblo y se acostaba con los burgueses. Te lo imaginas Agueon infidelidad, cuando el rey se enteró enloqueció, mando a colgar a todos los nobles, seguramente ya los viste de camino al palacio real.

– Si, los vi –afirmo Agueon.

– No eres de muchas palabras, ¿cierto? – Dijo el corregidor.

Agueon asintió, pero no dijo nada.

– Como sea, escucha – Boran dio un trago rápido a la cerveza y bajo la vos. – En este momento si quieres puedes ir al palacio real, pero yo te sugiero, que seas cuidadoso. Desde hace mucho que el rey se ha vuelto loco.

Agueon alzo la ceja extrañado.

– Desde que perdió a la esposa, y desde que se enteró que era engañado ni las vírgenes más selectas han podido satisfacerlo, esto se debe a que nuestro amado rey amaba a la reina, cuando se enteró de que esta lo engañaba con los nobles, fue un golpe fuerte para nuestro rey. Así que te sugiero que si vas a presencia del rey no menciones a la Reyna, podrías encontrarte con alguna desgracia de poca monta.

– Entiendo.

– Hubo intentos de confrontar a la “llorona”, muchos pobladores se reunieron pero todos salían escapando, incluso el último brujo que estuvo aquí, salió corriendo al galope al saber que no podía con la hija de perra. La “llorona” sin embargo se regocija llevándose a los niños y arrastrándolos a yo no sé dónde. Pero solo te doy esta advertencia no menciones a la reina eso es todo.

Agueon volvió a asentir con la cabeza.

– Iré al palacio de todas maneras.

– Bueno. Conste que te lo avise.

– ¿Durante 12 años no hubo nadie que haga frente a la “llorona”? – Pregunto Agueon mirando fijamente al corregidor Boran y a su primo Boris. Ambos hombres se miraron. Boran se rasco la cabeza duditativo.

– Como te lo dije hace años que convocamos a brujos de todos los lugares del mundo y nada, todos terminaron muertos.

Agueon suspiro miro a las afueras.

– Bien, en ese caso creo que me haré cargo.

– Enserio quieres acerté cargo de semejante mierda. – Comento Boris.
– Si, ahora por favor llevadme ante el rey quiero hablar de los términos del contrato con él.

– Sabes Agueon aquí en Rhudair hay unos chiflados que nos recomendaron largarnos, una moza fea y un tío eremita que habrían venido de allá, por el culo del mundo.

– ¿Y qué paso?

– ¿Y qué paso?, el rey palideció, se amargo y los mando a colgar, en cuanto al eremita lo decapito sin vuelta de hoja – Comento Boran mientras se terminaba la última jarra de cerveza.

– Pero ahora último el rey se volvió más loco. – Comento Boris. – Quiere a la reina viva, dijo que quería que la misma reina en persona, sienta la justicia por mano del rey, se ha hablado de duplicar el precio de la “llorona”.

– Ya veo – Agueon se llevó la mano al mentón. – Bien, ya sé que hacer, pero será muy riesgoso, ahora….Quiero que me lleven ante el rey en persona. Irela alista las cosas rápidamente.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Celeste

    Celeste

    25 junio, 2017

    La has catalogado de microrrelato, pero de eso no tiene mucho por la extensión, ja, ja, ja…
    Lo que llevo leído me gusta. Un abrazo y mi voto.

    • Imagen de perfil de Elayha

      Elayha

      26 junio, 2017

      Ya ´pronto subiré el siguiente 😉 😉 😉

  2. Imagen de perfil de eleachege

    eleachege

    25 junio, 2017

    Interesante parte de una leyenda quechuas. Un saludo Elayha y recibe mi voto.

  3. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    25 junio, 2017

    ¡Qué hermoso! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  4. Imagen de perfil de Fiz Portugal

    Fiz Portugal

    3 julio, 2017

    Es una clase de literatura que nunca he practicado, pero me gusta la historia y el modo en que la cuentas. Saludos cordiales, tienes mi voto y te sigo, esperando la continuación.

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