“Con las primeras luces del amanecer, agobiante por la falta de rocío, el pimpollo se desprendió del tallo, y en lugar de caer al suelo reseco salió volando, convertido en colibrí.
Zumbando se dirigió a la cordillera. Pasó sobre la laguna de Wacracocha mirando sediento la superficie de las aguas, pero no se detuvo a beber ni una gota. Siguió volando, cada vez más alto, cada vez más lejos, con sus alas diminutas.”
Leyenda de Amaru, Dios de los Dragones.
– Irelia.
– ¿Ahora qué quieres que haga? ¿Qué me ponga a bailar sobre el caballo? – Pregunto la elfa iracunda.
– No, aunque sería interesante verte hacer eso. – Respondió Agueon con tono burlón.
– Maldito seas.
La elfa se irguió y trato de levantarse en los lomos del caballo.
– ¿Espera, que haces? – Pregunto Agueon extrañado. – No te pedí que hicieras eso, bájate rápidamente, antes de que te rompas la crisma.
– ¿Entonces qué quieres? ¿Qué me ponga a cantar?
– Eso suena bien, ¿Sabes cantar? – Inquirió Agueon, mientras buscaba algo en sus bolsillos.
– Claro que sí, no te hagas el loco, ya me viste cantando una vez en el reino de Arnorhel. – Comento la elfa.
– Por supuesto, pero no quiero que cantes ahora, seria lindo que guardaras esa vos para callar a los bardos, quizás crees una composición mucho más hermosa y que sea capaz de hacer llorar a la gente. – Dijo Agueon mientras sacaba un collar de color azul como el cielo, y se lo entregaba a Irela.
– Espera, ese es mi collar. – Dijo la elfa sorprendida. – Creí que ya lo había perdido.
– Finarin te lo dio, ¿no es así?
– Es el único recuerdo que tengo de él, tengo que ser más cuidadosa. – Dijo la elfa con tristeza.
– Tienes que ser más prudente, eso es todo. – Comento Agueon mientras sacaba el cartel de un árbol.
– ¿Agueon, que es eso?
– Esto es una proclama, bueno hasta donde se los brujos hacían esta clase de trabajos en los reinos Meridionales, hasta que llegaron a esta tierra y se dieron cuenta que las criaturas de esta tierra eran inmunes a la plata y a sus encantamientos, y remedios brujeriles, la llegada esta tierra cambio las reglas de cacería de criaturas, ya que estas no se adaptaban a sus estilos de combate. – Explico Agueon mirando directamente a la elfa. – Por ejemplo la plata que tienen muchos brujos funcionan con las estriges, lobizomes, plañideras y entre otras porquerías, pero aquí dicha aleación no funciona contra una llorona, un chullachaqui o un señor jaguar, si atacas con plata o acero a un señor jaguar, lo único que conseguirás es quedar en ridículo antes de que la fiera te reduzca y esparza tus tripas por el suelo, lo digo porque una vez recuerdo que un brujo que había llegado desde más allá, por el este del otro lado del mundo, trato de hacerle frente a un “Señor Jaguar”, lo último que vi fue que el Señor jaguar enfureció, el brujo le lanzo una señal, lo derribo por segunda vez, arqueo su espada de plata y trato de hundirlo en el pecho del jaguar.
– ¿Y qué ocurrió? – Pregunto la elfa intrigada.
– ¿En verdad quieres saber? – Pregunto Agueon lanzándole una sonrisa un tanto siniestra, y la elfa asintió, dando una señal de afirmación.
– Bien el señor jaguar giro rápidamente esquivando el ataque de la espada, se tiro en sentido curvilíneo, el brujo trato de hacerlo tropezar nuevamente con otra señal, pero ya era tarde, la agilidad del señor jaguar y su fuerza aumentada derribaron al brujo y después de eso la criatura disperso sus tripas por los aires, hubo una mujer que vómito y se desmayó de miedo, trate de intervenir pero el visir me retuvo, diciendo que no era de mi incumbencia. – Conto Agueon mientras posaba su mirada en el cartel de recompensas. – Desde ese entonces vinieron brujos de varios lugares del mundo, y trataban de ayudar como podían a las buenas gentes que se establecieron en este continente pero mientras más lo intentaban peor era el resultado, pronto se dieron cuenta que las criaturas de esta tierra no se acoplaban a sus estilos de pelea, más bien se adaptaban y conocían nuevas formas de joder a los brujos, pobres idiotas, al final los cazadores terminaron cazados.
– ¿No sabía nada de eso? Había escuchado que los brujos, según se decía que eran hombres a quienes desde niños se les daba unas hierbas y ellos mismos se transformaban en brujos, adquirían habilidades sobrenaturales, y eran resistentes a la magia. – Explico la elfa.
– ¿Uhm? ¿Cómo lo sabes? – Pregunto Agueon.
– Lo leí en algunos libros. – Respondió la elfa.
Agueon sonrió de manera repentina y luego se empezó a reír, se detuvo con el caballo y luego miro directamente a su aprendiz
– Irelia, realmente me sorprendes. – Dijo Agueon. – Sin embargo ya sabes que la magia no existe, y no es magia tal cual, tu solo mira y quizás aprendas algo con el paso del tiempo.
– ¿Está bien, y cuando empezaremos con el entrenamiento? – Pregunto la elfa, mientras tranquilizaba al caballo y lo acariciaba del cuello.
– No seas tan impaciente, primero necesitas entrenarte físicamente, tus músculos no están adaptados a tal carga de energía, ya viste lo que paso la última vez que usaste tu energía eterica. – Explico Agueon mientras, le pasaba el cartel a la elfa.
– ¿Qué es una llorona? – Pregunto la elfa mirando el cartel de recompensas.
– Una llorona es una entidad de otra dimensión, de otra densidad que es atraída por la infidelidad de una persona, en este caso, la llorona se ve obligada a secuestrar niños, donde los devora o los transforma en íncubos o en súcubos, que terminan sirviéndola o sirviendo a otros propósitos mucho más perversos. – Explico Agueon, mientras bajaba del caballo, sacando su espada, aquella espada tenía el color negro como el carbón y la punta tenía el color morado, en el cuerpo de la espada ya hacían grabados en un idioma que la elfa trataba de descifrar, pero que no podía entender, en la cruceta estaba dibujada la figura de un demonio con cuernos y con cabeza de lobo. – Ven Irelia quiero mostrarte algo. – Dijo Agueon, mientras clavaba la espada en la dura tierra y esta se hundía con facilidad.
– ¿Que haremos ahora? – Pregunto Irelia mientras contemplaba la espada negra.
– Este filo está hecho de un material más viejo que el “Horgon”, seguramente ya abras escuchado de aquel componente meteórico que cayo hace milenios en los Reinos Meridionales. – La elfa lo miro y asintió. – Perfecto, al igual que el Horgon, hace mucho aquí cayo también un componente llamado Supayrrunay (espada demonio), me lo dio mi maestro hace mucho, pero es el único componente que puede matar a seres de planos astrales distintos, como la que tendré que matar cuando lleguemos a Rhudair, aún nos falta dos días cuanto mucho para llegar ahí, tres días cuanto menos.
– ¿Y qué es lo que quieres hacer en este momento? – Pregunto la elfa extrañada.
– Hoy te enseñare como usar la energía de vibración. – El poder para maximizar tus sentidos a niveles distintos, ¿Dime elfa, sabes por qué tu gente tiene las orejas puntiagudas? – Pregunto Agueon, mientras sacaba la hoja de coca y las ponía en el suelo, y la elfa lo miraba desconcertada. – Veo que no lo sabes. Bien sus orejas son así, porque sus sentidos auditivos son muchos más agudos, por lo cual pueden sentir la energía de vibración mucho más rápido que ningún ser humano, pero eso no los hace mejores o peores. Ya viste lo que los Draconianos le hicieron a tu pueblo.
– Y que tiene que ver eso con lo otro. – Dijo Irela extrañada.
– Tiene mucho que ver, el campo donde ustedes vivían era un plano dimensional, en otras palabras otro mundo, pero que estaba conectado con la tierra, tu gente podía hacer largos viajes y comunicarse con este mundo mediante el campo vibracional, y ahora te enseñare a controlar eso; bien la energía de vibración es la resonancia de todas las cosas, es el poder de comunicarte con los elementos o mejor conocidos como los espíritus elementales. – Explico Agueon, mientras ordenaba las hojas de coca. – La energía de vibración es la capacidad de comunicarte con las partículas del mismo universo, y comunicarte con sus frecuencias, aunque tienes que tener cuidado al hacerlo, muchos que lo han intentado de la forma en la que te estoy enseñando se han perdido en los senderos vacíos del espacio-tiempo y sus almas nunca regresaron.
– Entonces por qué quieres enseñarme algo tan peligroso. – Dijo Irela consternada.
– Irela escucha, tu controlas una energía distinta al éter, pero para llegar a controlar esa energía se requiere del control de los campos de vibración, si nos saltamos directamente a los campos de energía que están suspendidos en tu interior, morirás, puesto que tu cuerpo no está acostumbrado a soportar mucha carga enérgica, y si te sobrepasas como en aquella ocasión no solo te romperás los huesos, sino que tu propio cerebro se destrozara, te dará un derrame y morirás en el acto. – Explico Agueon mientras, miraba como el sol se ocultaba y la oscuridad lo abrazaba todo.
– Entiendo. ¿Pero porque es tan necesaria esta energía de vibración, que beneficios tiene? – Pregunto la elfa mientras miraba las hojas de coca extrañada.
– Porque, quiero que aprendas a comunicarte con los 4 espíritus elementales, no quiero por nada del mundo que aprisiones a un elemental, puesto que si lo haces lo único que ocasionaras es que se enfade contigo y te mate, no me imagino viéndote hacer lo que hacen las hechiceras con los elementales, manipulándolos como si fueran marionetas y objetos de poder, para recargar su insaciable apetito de energía. – Dijo Agueon mientras tomaba una hoja de coca y se lo pasaba a la elfa. – Irelia, quiero que te lo comas.
Irelia tomo la hoja de coca, y luego se lo metió a la boca.
– ¿Dime? ¿A que sabe?
– Sabe extraño. ¿Qué hoja es?
– Se llama coca, esa hoja sirve para relajar músculos, y tiene componentes que con el paso del tiempo ayudan al cuerpo, hay plantas en esta tierra que son letales, muchas de ellas sirven para contactarte con el plano astral, como con el plano dimensional, tienes mucho que aprender, esta tierra ayudara mucho con el entrenamiento, hoy solo te acabo de dar una teoría, pero mañana empezara la verdadera prueba, espero estés lista para ese entonces, ¿entendido? – Agueon tomo las tres hojas y las levanto diciendo. – Es costumbre en mi cultura ofrecer una hoja de coca a los iniciados en este sendero.
– ¿Para qué?
– Para que así aprendas, esta hoja de coca, es la única hoja que no se muere a pesar de estar lejos de su planta sigue verde y persevera a pesar de las adversidades, así serás tú cuando aprendas a dominar tus sentidos. – Explico Agueon. – Bueno, fue mucha teoría por hoy ya es momento de descansar, mañana iniciaremos con el primer campo de vibración.
– ¿Uhm? Yo me encargare de la fogata.
– No, si prendes fuego en esta zona, nos mataran, vendrá un Karisiri o un Pistaco, y lo último que quiero es armar un rescate. – Comento Agueon mientras se acercaba a la elfa.
– Irela, hay un pueblo de campesinos cerca de aquí, podemos ir ahí, y buscar pasar la noche. – La elfa asintió y luego montaron sus caballos galoparon hasta llegar a un riachuelo, en el camino la elfa sintió la sensación de ser perseguidos, y trato de avisarle a Agueon.
– Irela no te preocupes, nada pasara mientras estés conmigo, es un Pistaco, lleva siguiéndote desde que llegamos. – Dijo Agueon, mientras veía como aquel hombre corría a la misma velocidad que el caballo. – Detente, Balaron. – Ordeno Agueon, el caballo relincho y luego Agueon volteo hacia la espesura de los matorrales.
Desde la espesura emergió un hombre de color moreno, con nariz aguileña, que miro a la elfa, mientras babeaba y vociferaba palabras en un idioma que solo Agueon entendía.
– Realmente estas siendo una molestia. – Dijo el pistaco. – Yo te propongo que me entregues a la elfa en este instante y te retires, no sabes con quien te metes.
– ¿Valla? Yo pensaba decir lo mismo.
Aquel hombre se lanzó iracundo al ataque sacando un cuchillo oxidado, Agueon, se hizo para atrás, dio media vuelta, tomo del cuello al Pistaco acumulo parte de la energía de vibración y quemo en el instante al hombre.
– Ahora puedes morirte.
– Bien vámonos, – decía Agueon mientras aquel hombre se retorcía de dolor en las brasas del fuego y su cuerpo se deshacía como cenizas. – Vámonos Irela, no lo mires.
– E… E… está bien. ¿Quién era?– Inquirió la elfa conmocionada.
– Ese era un sicario, un asesino que solo vive de la grasa humana. – Respondió el cazarecompenzas.
– ¿Cómo lo quemaste?
– Usando energía de vibración, aplaque la energía en mi brazo izquierdo me comunique con el espíritu elemental de fuego y el hizo lo demás. – Explico Agueon mientras miraba como el cuerpo se quemaba. – Nuestros cuerpos están hechos de elementos, lo mismo pasa con tu cuerpo Irela, cuando aprendas a controlar la vibración, pasaremos al siguiente nivel que son los campos de energía, ¿Entendido?
La elfa asintió mientras el cazarecompenzas emitía su psique para acabar con la vida del Pistaco, mientras el cuerpo de este se reducía a cenizas.
– ¿Porque te ataco?
– No me quería a mí, te quería a ti. – Agueon tomo su espada curva y la puso en la cintura. – Ruego porque no aparezca otro cuando estés sola, son tipos demasiado fuertes si les haces frente en una batalla de cuerpo a cuerpo, no tendrás posibilidades de vencerlo.
– ¿Que quería de mí?
– Tú grasa, eres una especie nueva para su colección, por lo tanto es normal que se halla mostrado muy emocionado. – Agueon, uso su psique para tratar de detectar a más criaturas a las afueras del camino real, pero no detecto nada. – Irela ya no falta mucho para llegar al pueblo de Rhun, tenemos que apresurarnos, por la noche no es bueno rondar por estas zonas y mucho menos en estos tiempos.
– Si maestro. – Dijo Irela, Agueon volteo dando una sonrisa que apenas pudo notarse en la oscuridad de la noche, y mientras la noche se hacía más oscura, la luna daba su luz alumbrando el camino real con su máximo esplendor. Agueon tuvo una sensación de melancolía al ver la luna quizás porque un recuerdo muy trágico atisbaba su mente y lo turbaba, pero hizo a un lado esos pensamientos y se centró en la elfa y en la siguiente misión que desempeñarían en Rhudair.
Agueon y la elfa habían llegado a una de las cabañas, tocaron la puerta, un hombre viejo, con la barba blanca y con la tez morena les abrió la puerta, Agueon se acercó hablándole en el idioma aymara el idioma de los pueblos antiguos, aquel hombre le respondía con pocas palabras, al final el anciano los había dejado ingresar.
– ¿Qué le dijiste? – Pregunto Irela.
– Lo necesario, mañana nos retiramos a primera hora.
– ¿Qué quieres decir?
– Que nos retiramos en la madrugada. – Afirmó Agueon mientras le llevaba una manta y la cubría en el cuerpo de la elfa.
– Agueon no tienes por qué hacer eso sabes que mi cuerpo no siente…. – Sus palabras se cortaron cuando Agueon solo la miro dándole una sonrisa.
– Solo acéptalo, no cuestiones y agradece. ¿Entendido?
– Entendido.
– Bien, en ese caso, hasta mañana, descansa. – Se despidió de Irelia mientras se recostaba en el montón de mantas superpuestas las unas con las otras y se ponía a dormir. La luna hendía el ambiente y se escuchaba los rugidos de los “Jarjachas” que rondaban el pueblo, el anciano que había permitido la entrada a su casa empezó a manchar su puerta con sangre de oveja, mientras recitaba unas palabras que ella no entendía.
– Irelia descansa, no te preocupes por el anciano sabe lo que hace, ha vivido más tiempo de lo que te puedes imaginar en esta tierra.
– Si Agueon. – La elfa se agacho y después descanso, mientras sus sueños se hacían más confusos, sueños que le hubieran valido no recordar.





Mabel
Me encanta esta historia, es muy envolvente. Un abrazo Joaquín Esteban y mi voto desde Andalucía