Una sobra nubla la visión del retrovisor.
Todo permanece indefinido:
Un pasajero silencioso detras.
Las manos aferradas al volante.
Un cosquilleo en el pecho.
El taximetro corriendo hace horas.
El insomnio y la ciudad.
Nada nuevo…
Termina un turno y comienza otro. La tranquilidad de mi asiento de cuero,
simulando una cama en movimiento. Una voz me despierta, y ahi lo veo o creo verlo.
Mezcla de bruja piadosa y caballero imperturbable, sube y arroja una dirección al azar.
Su mirada en el espejo es infinia. Me asombra, pero no me asombra nada.
La ciudad recorre mi cuerpo. El 504 viaja en el olvido de la inercia y la nostalgia.
La radio y el Sol caen aletargados sobre el cielo, y no existen palabras capaces de atravesarlos.
No hay “Buen día” que raje el espacio.
El café, la plaza, los mates, el amor, las brasas.
Cada personita volando hacia la nada, deseando mi compañía y yo la de ellos.
Tantos pensamientos juntos.
El cielo para la arpía de la rutina. El cielo para el pasajero y su mirada.
Para los pibes del colegio, para el bastardo.
El cielo para mí: Algo parecido a esto.
Sonrío, y no me causa nada.
Un bache y esos ojos tan como los míos.
Una imagen en la retina me encandila.
Son los recuerdos en la chispa del iris.
Es ese mundo creciendo en velocidad.
Doblo en el colegio de mi infancia.
La pelota hecha con medias, latas, papel, cuero, cualquier cosa.
Los besos a escondidas, un pequeña eternidad.
Nosotros y nadie más,
¡Nosotros! ¡Todos!
Ya casi hemos llegado.
El barrio me recibe alegre. Los adoquines rotos se asoman en lo azul, mientras
la figurita atraviesa el Hall del edificio. Una luz se refleja en mi alma de coche.
La tele, la heladera, la cama desecha, los zapatos rotos y la virgen en la niebla.
Ya
Casi
Hemos
Llegado





Mabel
¡Me encanta! Un abrazo Mariano y mi voto desde Andalucía