Terrores nocturnos

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Mi hija Angelina empezó con sus pesadillas recién cumplidos los siete años. Al principio fueron leves y esporádicas, pero con el tiempo se hicieron más frecuentes y más intensas. Una noche la escuchamos gritar de manera desaforada y la encontramos de pie, en el balcón de la casa, con los ojos abiertos como platos y la mirada perdida. Entonces su madre y yo decidimos llevarla con un especialista.

El médico nos explicó que el terror nocturno es un trastorno del sueño, una parasomnia, que se caracteriza por producir un pavor extremo y una incapacidad para recuperar la conciencia, además de que la víctima pierde totalmente el control de sus movimientos. La persona no puede ser despertada y casi nunca recuerda el episodio al dia siguiente. Por desgracia, los más afectados son los niños, nos dijo…

El especialista le recetó un tranquilizante ligero y recomendó que Angelina no se exitara mucho antes de irse a dormir. Los siguiente días procuramos que cenara temprano y que no viera televisión antes de acostarse.

Todo pareció marchar bien, pero diez días después volvimos a escuchar sus gritos, y al entrar a su recámara descubrimos que no estaba. Los gritos venían del techo y allá la encontramos encaramada, con la mirada perdida y los brazos extendidos. Había salido por una ventana. Yo me acerqué a tratar de bajarla, pero entonces me clavó un mirada fría y de profundo desprecio. Temeroso la tome con cuidado de las manos y poco a poco la fui llevando hasta que logré que entrara de nuevo en su cuarto. Al salir de aquel estado catatónico no recordaba nada.

La madre de mi mujer sugirió después una solución que me costaba mucho aceptar: llevar a la niña con un curandero. Me resistí todo lo que pude, ante lo que me parecía un exceso de ignorancia, pero las lágrimas insistentes de mi mujer y las miradas culpabilizantes de mi suegra me hicieron doblar la mano. La suegra tenía una amiga que era medio pariente de alguien que conocía a un curandero indígena. El siguiente sábado teníamos cita con un sujeto de nombre Masawa.

El curandero, un negro enorme de clara procedencia antillana, vivía en un barrio humilde a las afueras de la ciudad y nos recibió en una sala con las paredes llenas de motivos mágicos, una mesa con artículos extraños y el piso cubierto de velas encendidas. Noté que de su pecho pendía una cruz invertida de plata.

Sin permitir que le dijéramos nada, el gigante negro nos ordenó tomar asiento, cogió a mi niña de la mano y la sentó frente a él, al lado de un caldero encendido. El hombre vestía una larga túnica multicolor y sobre la frente lucía una especie de turbante rojo. En sus muñecas y tobillos resaltaban cadenas de pequeños huesos como pulseras y no usaba calzado.

Con una cruz de palma empezó a realizar pases sobre el cuerpo de mi hija Angelina, descendiendo desde su cabeza y recorriendo su cuerpecito, mientras recitaba una letanía en un lenguaje irreconocible. Terminando en los pies de mi pequeña, que mostraba temor en su rostro, tomó un jarro y vertió el líquido en la cacerola que ardía sobre la lumbre. Se produjo un sonido estridente y en ese instante el curandero llamó a mi hija por su nombre, diciendo con voz gutural: “Angelina ven”… ” Angelina ven”… “Angelina VEN”. La niña reaccionó con un alarido y un estremecimiento que se repitieron las tres veces del llamado, disminuyendo luego en cada ocasión la intensidad.

Entonces ella cayó en un breve desvanecimiento y ante nuestro asombro el curandero dijo: “Ya está curada”. Dudoso del resultado yo quise pagarle, pero él se negó. Me dijo que los trabajos del espíritu no se deben cobrar porque pierden efectividad. De todas maneras, al salir yo deposité sobre una mesa un billete de mil pesos, porque creo que todo trabajo merece ser pagado.

De manera increíble, a partir de esa fecha los terrores nocturnos de Angelina desaparecieron, sólo que los fantasmas no se fueron de la casa, porque ahora soy yo el que sueña pesadillas en las que siempre aparece el brujo negro…

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    28 junio, 2017

    Los sueños vienen seguidos de deformidades, cosas que no tienen cabida para nosotros y que realmente no apreciamos ni vemos. La oscuridad es el Terror de los castigos para quienes no la soportan y vienen acompañados de sufrimiento y dolor. La vida no es siempre fácil, tiene su lado claro y su lado oscuro que muchas veces nos confunde en la percepción. Toda la oscuridad tiene sus formas y es la que muchas veces nuestra visión distorsiona. Un abrazo Vicente y mi voto desde Andalucía.

  2. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    28 junio, 2017

    Excelente, Vimon, narrado con tu maestría habitual. El final me encanta.
    Un fuerte abrazo y mi voto, claro está.

  3. Imagen de perfil de Gian

    Gian

    4 agosto, 2017

    !Wow! Tu narración me ha impresionado. Tienes mi voto.

  4. Esruza

    4 agosto, 2017

    ¡Muy bueno Vimón! Felicidades y mi voto

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