Podríamos haber llegado a la conclusión de que este rastro que dejan nuestras ganas se confunde con un destino que desarma nuestro instinto, que rompemos la línea de tiempo a deshora entre lo incómodo de unos gemidos que se encuentran después de tanto, después de tantos y todas, que la vida nos quiso un momento, donde nos aliviamos del camino y nos vencimos de apetecernos. Pero ahora es lejos y vuelvo a contar uno más.
Erodora




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Erodora y mi voto desde Andalucía