Hace tres meses que se fue para siempre, no pude despedirme de él, ni dedicarle unas últimas palabras antes de que su imagen se desvaneciera para siempre, desapareció de la nada sin que pudiera hacer nada para evitarlo, así es la muerte.
Me dirigí hacia nuestra habitación haciendo frente a la cruel realidad y abrí el armario, los recuerdos chocaron en mi memoria como una jarra de agua fría, rápidos y fulminantes. Observé toda su ropa colocada de una forma un tanto desordenada, era el momento de almacenarla en cajas y buscar un nuevo lugar donde guardarlas. Me sentía incapaz de tirarlas a la basura o de regalarselas a alguien. Me sentía totalmente incapaz.
Me ahogaba con tan solo pensar en todo lo que nos quedaba por vivir juntos, todos nuestros planes de futuro, nuestras aventuras por Europa, nuestras discusiones y reconciliaciones. Me torturaba de una manera injusta, preguntándome una y otra vez porque le tocó a él morir de aquella forma.
Pero lo peor de todo fue recordar la manera en que se fue por última vez de casa. Aquel día habíamos tenido una fortísima discusión, él se fue realmente cabreado del hogar, desde entonces, jamás podré volver a verle, jamás podré pedirle perdón por aquella bronca tan estúpida, jamás podré decirle que le quiero.
Rompí a llorar desconsoladamente en mitad de la minúscula habitación que estaba impregnada de recuerdos y solté un chillido espantoso, lleno de rabia y dolor. Solo necesitaba despertar de aquella fatídica pesadilla, volver a mirarle a los ojos y abrazarle hasta que el aire dejase de correr entre nuestros cuerpos.
Me acordé de las palabras que me dedicaba cuando estaba deprimida, “Llora todo lo que necesites, pero cuando dejes de hacerlo levántate con más fuerza que nunca y da un pisotón al suelo para demostrar lo fuerte que eres”. Y es lo que hice. Me levanté del suelo, dolorida, y con todas mis fuerzas pisoteé el suelo de la habitación con vigor. Apuesto a que, si en esos momentos me estaba observando desde donde quiera que se encontraba, habría esbozado una enorme sonrisa.
De pronto, algo logró llamar mi atención. Era una pequeña nota encima del escritorio. Lentamente me aproximé a ella, con curiosidad alarmante, la abrí cuidadosamente y empezé a leerla atónita.
“Enfádate todo lo que necesites, pero cuando dejes de hacerlo recuerda que te quiero más que a nada en este mundo”.
Había logrado despedirse por última vez.
Había sido un efímero adiós.





Bartu
Ains. Que triste… te voto conmovido
AlmaRebellisch
Te lo agradezco, de veras, un cordial saludo.
Mabel
El adiós siempre es muy triste pero la vida sigue su curso y hay que mirar hacia delante, aunque cueste. Porque la soledad y ese hueco que queda vacío siempre estará hagas lo que hagas. Un abrazo Alma y mi voto desde Andalucía
AlmaRebellisch
Muchísimas gracias, Mabel. Un saludo desde Madrid
GermánLage
Toda muerte es dolorosa y deja un vacío, que difícilmente llenan los recuerdos.
Aunque triste, un hermoso relato, Almarebelich.
Mi cordial saludo y mi voto.
AlmaRebellisch
Muchas gracias por tu voto, un saludo!