Aaron Scott

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Era una noche fría cuando llegamos al festival.

El instituto de ciencias de New Rotherham había organizado aquella singular celebración, que tomaba lugar como cada año en el patio principal de la facultad de Historia y Literatura.

Gustaba de ir a aquel sitio en ambientes menos fiesteros, siempre en compañía de mis buenos compañeros Hayden Tyler y Aaron Scott.

Ambos eran estudiantes de arqueología, ambiciosos aventureros, quienes estaban embarcados en un proyecto conjunto en las lejanas tierras de Egipto.

Con motivo de su regreso, los tres amigos habíamos quedado en acudir a la celebración del festival de primavera, organizado por los generosos físicos y químicos de New Rotherham, quienes ofrecían con gran placer el ansiado alcohol a los estresados estudiantes de último año.

Me encontré en el lugar concertado (frente a la estatua de Christopher Dawson) con mi buen amigo Tyler, quien apareció con una avinagrada expresión en el rostro.

Me propuso dirigirnos directamente al festejo, sin esperar a nuestro compañero Scott, quien me comunicó que ya estaría allí.

Sin duda, había discutido hace poco, temiendo que dicho problema estuviese relacionado con su familia, le deje tranquilo, pues bien conocía sus conflictos familiares que aquejaban al pobre muchacho constantemente.

Llegamos al lugar, acompañados por el creciente murmullo y el creciente ambiente musical.

Finalmente, y agenciándonos de sendas jarras de cerveza, comenzamos la caótica (y divertida) búsqueda de nuestro perdido compañero, aunque mi buen amigo Tyler (sin duda con la mente embotada debido a la previa discusión) no se empeñó con el usual esfuerzo.

Una modesta banda de música tocaba animadamente entre la multitud, subida a un escenario de pequeño tamaño, abundaban las jóvenes chicas de jovial aspecto e incluso atisbamos a un par de conocidos profesores (que gozaban de gran popularidad entre los alumnos) compartiendo bebidas y animadas charlas con estos.

Entonces, y de improviso, unas caóticas palabras inundaron mis oídos, un suave murmullo, consiguió de alguna forma traspasar todo aquel jaleo y violar la tranquilidad de mis oídos.

Las palabras (desconocidas para mí) transmitían un extraño lenguaje que atenazaban el corazón y oprimían el alma en un instante.

Obviamente no fui el único en oír lenguaje tan profano, pues la multitud allí congregada se quedó petrificada durante unos instantes de terror absoluto.

Una extraña humareda de niebla se materializó sobre el escenario, y de improviso, la locura nos acuchilló a todos por igual.

Una extraña criatura, de escamosa apariencia, apareció junto a los músicos, poseía grandes y redondos ojos y unas extrañas garras terminales sobre unas extremidades superiores.

Aquella visión me sobrecogió enormemente, sentí como el razonamiento lógico decaía por instantes, mientras que aquella aterradora figura de imposible naturaleza empezó a verse acompañada de más iguales, que surgían de la aterradora niebla.

De improviso, y antes de que ninguno de los allí presentes pudiera reaccionar. Aquellas criaturas de pesadillas comenzaron a atacar a los asistentes.

El patio al completo se vio envuelto en el caos más completo.

Algunos estudiantes cayeron de rodillas, con las manos a la cabeza, gritando incoherencias al aire mientras que la locura estallaba en sus débiles mentes.

Muchos trataron de huir, sin éxito, pues aquellas dantescas figuras poseían una inusitada velocidad, o quizás de alguna inexplicable manera conseguían materializarse frente a sus víctimas, mis recuerdos en torno a esa parte son bastantes difusos.

Lo que si recuerdo con perfecta claridad, fue el rostro de mi buen amigo Tyler.

Esperaba que alguien como él estuviera asustado o aterrado, tratando de buscar una salida, o un lugar adonde huir.

Sin embargo, tenía el gesto firme, serio, yo diría que incluso enfadado.

No pareció en absoluto sorprendido por la aparición de aquellas extrañas criaturas.

Simplemente se volvió hacia mí para pedirme prestado mi bolígrafo.

Atendiendo más a un gesto nervioso que a su petición, le pasé el utensilio con rapidez.

Entonces, y con gran meditación, sacó su cuaderno de apuntes (que como todo estudiante aplicado, siempre llevaba encima) y comenzó a garabatear con furia un extraño garabato en su hoja.

Como apasionado de la simbología y la iconografía, me resultó imposible tratar de descifrar o encontrar algún sentido a aquel extraño dibujo.

Arrancó aquella hoja de su cuaderno, y la levantó hacia el frente, enarbolándola como si fuese un poderoso escudo protector.

Las palabras de su boca salieron disparadas de momento.

-NEW’G TNAK EK’F GHALA.

Aquel sonido tan familiar me produjo un enorme escalofrío en lo más hondo de mi ser. La extraña similitud con las palabras pronunciadas anteriormente era indudable.

Entonces aquel extraño dibujo se prendió, y comenzó a arder, al instante que una de las figuras más cercanas, escamada, comenzó a arder irremediablemente, hasta quedar reducida a cenizas en cuestión de simples segundos.

Sin demora, mi buen amigo Hayden Tyler, comenzó a repetir el proceso una y otra vez, reduciendo aquellos extraños seres a simple polvo oscuro.

Al poco, conseguí ver un rostro que miraba desde la distancia con gran ira hacia donde nos encontrábamos.

Aaron Scott, se dirigía hacia nosotros.

Sus dedos dibujaban extraños glifos en el aire. Al momento, Tyler fue objetivo de extraños ataques, que actuaban sobre su pobre cuerpo como si invisibles cuchillas le atacasen desde imposibles direcciones.

Tyler dibujó apresurado otro símbolo de profano aspecto, y lanzó la hoja de papel hacía su antaño amigo.

El pequeño fragmento voló hasta Scott, quien esquivó la hoja, que explotó en mil esquirlas de ardiente fuego, que envolvieron a dos pobres profesores que trataban de huir.

Este lanzó otro ataque hacia el bueno de Hayden Tyler, quien se contrajo de dolor, y cayó de rodillas al suelo.

Pude ver una sonrisa lobuna que asomaba a su rostro.

Tyler se desnudó de cintura para arriba, arrojando la malograda chaqueta y la ensangrentada camisa a un lado.

Su mano se posó en un cadáver cercano, de un chico rubio cuyos ojos azules estaban petrificados de puro terror, mirando al vacío. Sus dedos profanaron la sangre de aquel pobre desgraciado.

Sin eliminar esa burlona sonrisa, mi compañero comenzó a dibujarse un extraño y grotesco símbolo en el pecho, que casi me hizo vomitar de puro pánico.

Scott, quien estaba acercándose a nosotros, pareció reconocer dicho símbolo, y se lanzó a la carrera contra nosotros.

Ahora pienso en las posibles razones por las cuales Scott no trató de detener a Tyler desde la distancia, pero sigo sin encontrar una posible respuesta.

Lo que sí sé, es que el arqueólogo completó su dibujo, y sonriendo, pronunció unas abominables palabras que provocaron que su cuerpo se incendiase como el de una tea empapada en aceite.

El efecto fue inmediato, y Scott, sin poder evitarlo, echó a arder como si su cuerpo estuviese hecho de simple paja y no de carne y sangre.

Desde aquel fatídico día, me despierto todas las noches. No son los terribles recuerdos ni las constantes pesadillas las que me privan del sueño. Ni siquiera los extraños sortilegios que tuve ocasión de ver en primera línea o las espantosas criaturas procedentes de otra realidad.

Lo que me roba el descanso, es la risa de Scott.

Como sus tremendas carcajadas resonaron en mi cabeza mientras que su cuerpo ardía, hasta caer desmadejado de toda vida.

Tras su muerte, aquellas pesadillas recubiertas de escamas desaparecieron, no así como el destrozo y los asesinatos producidos aquella noche.

Muchos murieron víctimas del asalto de aquellas criaturas, que no son de este mundo.

Los restantes fueron encarcelados en este manicomio, todos perdieron la razón. De los cuales, muchos encontraron su fin tras un espantoso episodio de carcajadas, cuyo diagnóstico fue un extraño y tajante ataque al corazón.

Yo soy el único testigo, aquel que lo vio absolutamente todo desde un primer momento.

Sé que ustedes, agentes, han hecho todo lo posible por buscar alguna relación, entre el proyecto de mis amigos en Egipto, y los hechos acontecidos el pasado 27 de abril.

También sé, que no van a encontrar ningún nexo de nada de lo que yo les haya contado, ya que no conozco la información relevante para resolver este misterio.

Y también sé, que esta noche moriré, víctima de un infarto posterior a un incontenible ataque de locura.

¿Qué cómo lo sé?

Fácil.

Scott me lo ha dicho.

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    17 julio, 2017

    ¡Impresionante! Un abrazo Abel y mi voto desde Puente Genil

    • Imagen de perfil de Abel

      Abel

      18 julio, 2017

      ¡Muchísimas gracias Mabel! Siempre es de agradecer tus aportaciones y tus comentarios, ¡mil gracias!

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