“Uno de los significados atribuidos a la palabra á·bys·sos en el Greek-English Lexicon, de Liddell y Scott, pág. 4, es “el vacío infinito”.”
Una vela se consume,
hojas vuelan,
alguien ríe incesante.
Un padre pierde a su hijo,
una mujer gime.
Son escasas las ocasiones en que, por veleidad fortuita, o simple condescendencia, el tiempo nos permite acceder a él, apoderarnos de uno de los infinitos puntos que lo conforman y aprehenderlo en su totalidad.
Quizá los mecanismos arcanos del tiempo fallan de vez en cuando.
Quizá no existe el tiempo,
Como diría Bergson, solo hay duración.
El tiempo es la experiencia que tenemos de él,
Es nuestro esclavo; y no al revés.
Lo podemos estirar y contraer en nuestra dimensión subjetiva,
Que es la única donde existimos,
¿Quién está seguro de lo allende?
Certezas, certezas
Ingenuidad pura,
¿O es la desesperación?
La misma que nos hace movernos,
Que hace girar el mundo,
Día tras día,
Gira que gira,
Sin mirar el vasto desierto blanco bajo nuestros pies,
Solo hay que seguir,
Un poco más.
¡No mires atrás!
¿Atrás?
Aquí no hay direcciones, hay nada,
Nada y algunos consensos,
Para no angustiarnos tanto.
Histeria colectiva:
Algo de temple,
Uno que otro cuento de hadas camuflado en la grandilocuencia del axioma,
Y una sonrisa paciente,
de ser racional.
Nada se mueve en sí,
Porque no hay delante sin definir un atrás,
Y eso no lo hacen las cosas,
Lo hacemos nosotros,
¿Por qué nos angustia la infinitud?
¿Porque nos angustia la quietud?
Es lo mismo.
Es la muerte.
Pero no la física, sino la que nunca dejamos atrás,
De la que nunca hemos nacido,
Nada transcurre en sí,
Porque para ello debe haber un antes,
Y nada en el universo instantáneo de cada momento,
Nos asegura el verismo del anterior,
Las memorias están en nosotros,
Actos de fe,
Ilusiones,
Nadas ocultas bajo el manto despótico de nuestro dios:
De nosotros mismos.
Oh vieja amiga,
Razón, que nos arrebataste de la inconsciencia,
Razón, que nos mandaste a volar por los cielos de la evolución,
Cúbreme en tu regazo,
He tenido una pesadilla,
Día tras noche, noche tras día.
Bailaba. Bailaba en un gran puente colgante,
Todos estaban allí, mis amigos, mi familia,
Nos reíamos y cantábamos sin parar,
Pero entonces…
Miré abajo y lo vi,
El abismo.





Luis
Muy hermoso cántico espiritual, de una aspereza terrible, me parece, un saludo junto a mi voto!
Kalula
Gracias Luis, me alegra que te guste
Mabel
Muy buen texto, me encanta. Un abrazo Cristobal y mi voto desde Andalucía
Magali.Barletta
Fantástico. Tan terrible y hermoso. Mi voto y un beso.
Kalula
Gracias!
María Florencia Sassella
Intenso. Como debe ser la literatura.
Kalula
Gracias por la apreciación
saludos!