Ambición

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“¿Qué quieres ser de mayor?”

“¡Escritora! Yo voy a ser escritora, voy a escribir un libro.”

“¿Y te piensas ganar la vida con eso? Eso es muy sacrificado hija, y la mitad se mueren de hambre. Para eso hay que valer. Mejor búscate un trabajo de verdad y empieza a sacar mejores notas, que con un 6 no vas a ningún lado.”

Señoras y señores, les presento al gran problema que sufre actualmente mi país. Se llama hipocresía y se propaga muy deprisa. Puede ser hereditaria y afecta a una gran cantidad de personas. Los síntomas son miedo, cansancio, desilusión, falta de motivación y un interés excesivo en contagiarla a los demás.

Hablando en serio, estoy harta. ¿Qué puede saber alguien sin ambición de lo que te ha costado llegar a tu meta?

Yo escribo. Desde muy pequeña invento historias y me encanta. Se convirtió en un motivo excelente por el que luchar desde niña y a día de hoy sigue siendo así.

Pero al parecer si no ganas dinero, si no tienes una profesión “decente” con su correspondiente graduado y diploma, no eres nadie.

Conozco una persona. Un hombre de unos treinta y largos que a las cinco de la tarde siempre viene a tomarse un café y un croissant en el bar donde yo escribo. Lleva traje, ósea que es importante. O al menos tiene que parecerlo: una gestoría requiere parecer importante.

Mientras remueve el café, ojea una revista de fauna exótica. Cada semana hay un número nuevo con diferentes temáticas, y con ello un brillo fugaz en sus ojos al ver el Amazonas o la Fosa de las Marianas.

Cuando paga y deja la propina, se oyen los comentarios de Carmen y Luisa.

“Ese si que ha tenido suerte en la vida, tiene un buen sueldo.” “Sí, oí que cada año se va de vacaciones al extranjero.” “Normal, fue el primero de su promoción, ya era un 10 desde pequeño.”

Y todos se quedan tan tranquilos. Sin preguntarse porque alguien quiere ir al extranjero. ¿De verdad alguien hace algo por qué puede? ¿Hay alguien tan inocente como para pensar que las cosas suceden solo porque sí?

Quizá no puedan o quizá no quieran verlo. Ver un brillo apagarse así de rápido es lo mas triste que puedes ver.

¿Qué diferencia hay entre un 10 y un 0 si no tienes ambición? ¿De que te sirve ser un 10 si al final no vas al Amazonas? ¿Qué importa tener un 0 si al final consigues tener un libro publicado?

Hay mucha gente que opina y divulga ideas sobre lo que es y no es el éxito. El éxito es llegar a donde quieres, y llegar o no depende de ti.

Así que perdón por no ser como vosotros, pero a mi nunca me podréis contagiar porque ante vosotros hay una verdad como un templo: alguien que no tiene sueños no puede destruir los sueños de los demás. Porque no los va a entender.

Yo vivo en un sitio pequeño. Si te resfrías mañana lo sabrá la carnicera, la de la frutería y Luisa la de la panadería. Cuando vives en un sitio así aprendes a querer a su gente. A crecer con ellos.

Lo más especial de un pueblo es que creces con la misma gente, y muy difícilmente pierdes el contacto. Sabes que fue de los de tu clase, te los encuentras por la calle y en los bares. Sabes quien son y que les ha llevado a serlo.

Al principio piensas que en un sitio tan pequeño no hay lugar para ti. Que tu destino es más grande. Pero después de saber que cada esquina esconde una risa, un beso y un llanto, cuando sabes de quien son y por que pasaron…

Es una conexión especial. Pasado, presente y futuro juntos. Aprendes a querer a la gente con la que creciste, a conocerlos a ellos y a sus metas y sueños, lo que fueron, lo que son y lo que querían ser.

Aquí he conocido a pintores que no pintan, a tenistas que no entrenan, a actrices con miedo escénico y a un biólogo marino que prefirió ser gestor.

Contar la gran cantidad de sueños que nunca llegaron a cumplirse es aterrador. Yo misma me asusté.

Pero me di cuenta de algo: eran solo sueños. No tenían un objetivo. No tenían mí misma ambición.

Desde muy pequeña pude comprobar el poder de las palabras. A día de hoy soy consciente de lo que pudo haber evitado una simple palabra como “Ayuda”, de lo que callé y no dije, y de lo que dijeron y me hizo daño. Las palabras son un arte y ya me hicieron suficiente daño como para seguir usándolas mal.

Por mucho que me pese, la gente que tanto he querido no usa bien las palabras.

Un “Es que es un trabajo que no tiene salida” no es lo mismo que “Tengo miedo de intentarlo”. Decir “No se lo suficiente” no es lo mismo que “no me atrevo a dar el paso”.

Y desde luego que decir “es mejor ser realista y no arriesgar” no es lo mismo que “no me importa tanto como para arriesgarme”.

La verdad es esta. A quien le importa suficiente su sueño, no tiene miedo. Y si no lo persigues debe ser que no era tan importante. Igual te has equivocado de meta, quizá no era allí a donde querías llegar.

Después de muchos enfados, he entendido porqué tan poca gente de la que conozco ha ido a perseguir sus metas.

Mi boli siempre ha pesado mucho mas que cualquier pincel, raqueta, balón o coreografía que haya conocido. Esa es la diferencia entre ellos y yo.

Aún no he conocido a nadie al que se le saltaran las lágrimas solo porque tenía delante una cosa maravillosa. No han llorado de felicidad simplemente porque existe un folio en blanco, algo que te ofrece una inmensidad de posibilidades y sabes que son tuyas si las quieres tomar.

Yo hice una promesa. Una en la cual tarde o temprano escribiría un libro, usando bien las palabras. Usándolas como a mi me pareciera y no como me mandaran.

Y sin nada más en lo que creer, creí en mí. En mis posibilidades y en mi futuro.

Yo soy escritora. Y cuando domine completamente las palabras seré artista. Tendré un libro publicado. Uno que ilumine los ojos tristes de la gente igual que un folio en blanco iluminó los míos.

Esto no es marketing, es una declaración de intenciones: hay cientos de personas como yo, con un puno de vista diferente y unas ideas diferentes. No tenemos ningún miedo a arriesgarnos, porque la verdadera pérdida seria no luchar. Afrontamos los problemas, de cara, a pecho descubierto y con el corazón en un puño. Hemos llegado, y lo hacemos pisando fuerte.

Bienvenidos a la cruel rueda del destino. Bienvenidos a vuestro Perpetuum Mobile.

 

Comentarios

  1. Esruza

    10 julio, 2017

    Tienes razón, quien persigue sus sueños es más fácil que los logre, o tal vez no, pero tendrá la satisfacción de haberlo intentado. ¡Felicidades y lo lograrás!

    Mi voto lo tienes

  2. GermánLage

    10 julio, 2017

    Excelente, Belén, por esa claridad de ideas. Yo también, «sin nada más en que creer, decidí creer en mí».
    Un furte abrazo y mi voto.

  3. Mabel

    10 julio, 2017

    Muy buen relato. Un abrazo Belén y mi voto desde Andalucía

  4. Siby

    11 julio, 2017

    Bravo Belen, los suenos se hacen realidad,
    tienes mi voto.

    besitos dulces
    Siby

  5. Salvador Molins Escudé

    19 julio, 2017

    M’agrada. Gràcies.

    Il·lusió més voluntat i compromís.

    Tens un lleguatge agradable.

    Salvador

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