Arrancar corazones

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En estos días donde toda la vida es “social” en donde una foto no es foto si no fue publicada en alguna de las miles de redes sociales disponibles, la pregunta que se le imponía a Pablo era si todas esas fotos que acumulaba en privado eran realmente fotos al carecer de esta particular condición de ser públicas.

Estos registros al ser parte de colección privada le pertenecían en su totalidad, pero al mismo tiempo se habían transformado en un peso difícil de llevar, eran material recurrente de sus paseos digitales y siempre terminaban llevándolo al mismo lugar.

A veces pensaba en eliminarlas, como si eso las borrase de su pasado, y otras en publicarlas, ya que más allá del “que dirán” de sus miles de amigos digitales, esa era una forma también de liberar la presión que las fotos tenían sobre él.

Publicarlas era liberarlas de su prisión privada, era hacerlas de dominio público y por ende liberar su memoria de esos paseos. Obvio consideraba las consecuencias, alguna nueva compañera de momentos que las vería y diría “que hace publicando esto ahora, quien es ella, y porque subís esas fotos”. Sin embargo para Pablo el peso de esas fotos no radicaba en ella, sino en los momentos que representaban. Todos y cada uno de ellos momentos de felicidad.

De todas las fotos que acumulaba, había una de su anteúltimo cumpleaños donde Pablo posaba abrazado a ella en el balcón de su casa con la ciudad de fondo ambos sonriendo y mirando a la cámara, si todas las fotos tienen como objetivo de inmortalizar un momento finito, esa foto lo había logrado de una forma tan perfecta que no solo inmortalizo un momento, sino que inmortalizo un sentimiento que fue extremadamente finito. Pablo sabía que esa era la única foto que mostraba el único momento de esa “relación” en donde las voluntades y expectativas de ambos se habían alineado, era el momento donde realmente habían sido sinceros ambos, esa foto era amor, amor de ese puro sin fingir nada, sin caretas. Ese fue el momento donde ambos estaban enamorados y duro lo que tardo esa foto en ser obtenida, 1 milisegundo.

Esa foto le sacaba una sonrisa y muchas otras veces una lágrima, pero después de todo hay quienes viven toda una vida sin un momento así. El no solo lo había vivido, sino que tenía una foto para recordarlo, al carajo con compartirla el momento era suyo y así permanecería suyo.

Porque si ella no quería volver a ese momento, él lo atesoraría hasta el día donde lo encuentre nuevamente con ella o sin ella.

Pablo coleccionaba momentos para sí, era para estos tiempos que corren un ser tan extraño como aquel que acude a un recital o un espectáculo y se dedica a disfrutarlo en vez de grabarlo con su celular para nunca más volver a verlo ni una sola vez.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    13 julio, 2017

    Es difícil arrancar esos momentos tan maravillosos, haciendo ver algo que va a suceder pero que nunca llegará. Un abrazo Beto y mi voto desde Andalucía

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