Algo no va bien. Es más, parece que va rematadamente mal. El comandante acaba de pasar a nuestro lado, hacha en mano, camino de la portezuela que aísla a los pilotos del resto del avión. Comienza a golpearla con todas sus fuerzas, incrustando la afilada hoja en el metal, pero no parece que vaya a abrirse camino a tiempo. Cualquiera diría que tiene diez metros de espesor de puro acero. Se encuentra desesperado, mientras grita al copiloto que abra la puerta, por el amor de Dios.
El avión parece dirigirse hacia las montañas, en línea recta descendente, hacia el final de todo esto, pero yo estoy tranquilo. Después de todo, hace mucho tiempo que buscaba mi propia liberación y no sabía cómo llevarla a cabo, me faltaba valor para hacerlo. Y ahora que parece que por fin lo voy a lograr, deseo seguir vivo. Maldito Lubitz.




GermánLage
Interesante recreación de un hecho trágico, Icorre; muy tuya.
Mi cordial saludo y mi voto
icorre
Gracias Germán por tus comentarios. Es el único hecho del que he escrito dos relatos diferentes. El otro es un relato bastante más largo. Saludos cordiales,
Mabel
Muy bueno. Un abrazo Ignacio y mi voto desde Andalucía
icorre
Gracias Mabel por tu comentario. Quisiera escribir algo más, pero últimamente debo tener la crisis de la hoja en blanco….
Bren
Muy interesante, te hace reflexionar sobre tu propia existencia, mi voto.
icorre
Vaya, no pensé que pudiera impactar tanto. Muchas gracias por tu tiempo Bren!
Lourdes
Dejando a parte la tragedia, me resulta original el punto de vista del narrador.
Un beso con mi voto incluido.
P/D, esto del síndrome de la hoja en blanco está extendiéndose últimamente. Estoy igual que tú.
icorre
Gracias Lourdes! Espero que tu hoja en blanco no te dure mucho… yo por ahora sigo igual. Un abrazo,