—¿Qué cómo la conocí? Pues hay te va…
—¡Espera, Espera! No te… Mira Sé que es muy extraño que te hable así sin más, pero ya te vas y no te volveré a ver jamás y aunque no me conozca, por cierto mi nombre es Dylan, solo quiero pedirte que me escuches por cinco minutos y nada más.
—Uhmm.
—Vamos, ¿Ya qué?
—Está bien solo cinco minutos ¿Y qué me dirás?
—¡Genial! Primero voy a resumirte como ha sido mi día, al despertar esta mañana tenía una enorme sonrisa, pues estaba muy contento porque después de meses y meses encerrado en mi habitación, solo, porque mi ex-novia me había dejado, según ella porque no aguanta más verme escribir y escribir sin hacer nada más e ignorando por completo mi vida… en fin lo que quiero decir es que hoy era el día más esperado de mi vida, hoy, aquella editorial que se encuentra detrás de mí, me daría la oportunidad de reunirme con ellos y demostrar porque mi novela debería ser publicada, pero sin añadir detalles de los horrendos días que tuve, al salir con dirección hacia acá, en pleno camino, se le pincho una rueda a mi vehículo, no es nada pensé, pero al abrir el baúl del coche note que no llevaba una rueda de repuesto. No tenía más remedio que esperar el autobús mientras los minutos seguían corriendo, debía llegar a tiempo porque yo era la primera cita, pero al bajar de autobús, como si la lluvia me estuviera esperando, empezó a llover, y desde luego no encontré un lugar en donde taparme y termine todo empapado. Al llegar a la editorial, no me creerás, no me dejaron entrar porque estaba todo mojado y, por obvias reglas políticas del edificio, estar mojado era informar. Esperé y esperé sin saber que hacer hasta que un seguridad que había notado la desesperanza plasmada en mi rostro, me llevo hacia la lavandería para que pudiera secar mi ropa. Y ya contento me dije a mi mismo que de una forma u otro tendría esa entrevista, pero cuando entre a la editorial ya había pasado mi turno, y por más que suplique no me dieron el turno de otro, así que camine hacia aquí, de seguro, con la misma idea que tú, pero al verte ahí arriba, me percate de lo hermosa que eres y sentí que todo lo malo que me había pasado en todos estos años solo fue para guiarme hasta aquí y conocerte. No Miento diciéndote que en este mismo instante mi mente ha olvidado todo lo malo que me trajo hasta aquí y solo me pide a gritos que te invite a tomar un café.
—Es que mi vida es…
Solo es un café, ¿Qué más da? La lluvia no quiere cesar, estamos mojados, y creo que ya no tenemos a donde ir… Vale y si no surge química entre nosotros pues no habrás pedido nada y te iras a terminar lo que estabas haciendo, si aún lo deseas, pero de lo contrario si las cosas me salen bien, te prometo que te haré reír todos los días por el resto de tu vida. Y no quiero sonar muy iluso pero sería genial conocernos porque ahora que estamos aquí tratando de ponerle fin a nuestras vidas sabemos que para que funcione, por arriba de lo que sea, tendremos que darnos cariño y apoyo uno al otro siempre ¿Qué dices?
—Está bien, estoy convencida.
—¡Perfecto! ¿Y cuál es tu nombre?
—Es Fiona vale pero solo será un café.
—¡Yes! No es mucho tiempo pero será suficiente, ahora baja de esa barandilla, y deja por unos minutos, encima de ella las ganas de suicidarte desde un puente o de cualquier otra parte. Ven te ayudare a bajar… Con cuidado estos tubos están mojados y puedes resbalar… ¡NOOOO!… te tengo, agárrate fuerte de mi mano.
—Oh por Dios, no me sueltes Dylan…
—Descuida preciosa no te soltare. A la cuenta de tres te subiré, uno, dos tres, ¡Haa! Ya está.
—No lo puedo creer casi muero.
—Descuida estas a salvo, no tienes que seguir llorando.
—Gracias Dylan.
—¿Gracias? No, no, no claro que no, ahora me debes un doble café y tú pagas.
—Gagagaga, está bien, estaré complacida.
—Tu risa es, es…
—¿Ridícula?
—¡NO! Jajaja es extraña. ¡Oh! Perdón es que no quería soltar tus manos.
—Pues no lo hagas Dylan.
—No lo hare entonces. Oye ¿Por qué ibas a suicidarte si no querías hacerlo? Cuando estabas colgando de mi mano, a pesar de la fuerte lluvia que rebotaba en tu cara, vi unas lágrimas que rodaban sobre tu rostro, y tu rostro reflejaba el miedo a morir y de no ser amada.
—Y así fue como conocí a mi esposa y madre de mis hijos, joven presentador. Desde entonces me preocupo por hacerla sonreír cada mañana al despertar, y hasta ahora no he comprobado que lo deje de hacer. Por eso creo que mi historia ganará en este concurso de ¿Cómo conociste a tu pareja? Gracias.
—Wau, sí que es muy buena. ¡Espere! Pero si usted es el famoso escritor Dylan, un gusto en conocerle señor.





Celeste
Genial! Abrazote y voto!
Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Joan y mi voto desde Andalucía
Fiz Portugal
El ritmo es endiabladamente rápido y atrapa. Me gusta, saludos cordiales. Tienes mi voto.