En el restaurant de siempre él esperaba. Se sentó sin pedir nada, mirando a los transeúntes, el mesonero le llevó una copa de agua, por cortesía, él la miró sin mucho ánimo y siguió su curso visual. En cualquier momento llega, pensó, mientras repasaba los centenares de ensaladas que había compartido con su antigua amada en ese preciso lugar, siendo testigo de otros que también se juraban amor eterno con alianzas como representantes firmes de ese sentimiento. Una muy leve ansiedad recorrió sus hombros. Inhaló profusamente, repasó las palabras por decir, retocó su camisa para eliminar los rastros de caspa.
Él tenía la vista nublada. Le costaba recrear ese homenaje al amor, sabiendo que ya era smog en sus lentes, y más aún cuando era inevitable el deseo de perderse de esa “fuente de soda” de aeropuerto, hacer maletas para recorrer el mundo, comenzar desde cero, con la certeza de saber que otros continentes reclamaban su presencia. Es mejor hablar poco, se dice para sí, no dejar lagunas pero tampoco ser tan elocuente, dejar asuntos cerrados, el tema del dinero, siempre el dinero…
Entonces llega su antigua amada, engalanada de sublime negro, con un vestido hasta los muslos, acompañados sorpresivamente con unos lentes también negros para ocultar las lágrimas de la noche anterior. A él le sorprendió sobremanera verla así. Incluso pensó tomarle la mano e invitarla a olvidar. Pero recordó que a estas alturas, un gesto humano de ese calibre le saldría caro, conociéndola bien.
Invítame un café, pidió ella con una leve sonrisa, apenas visible, mientras su cabellera tapaba parte de sus gafas.
Digo estas frases, respondió él casi interrumpiendo
Antes de olvidarlas:
Por fin
Aunque yo estaba en suelo amargo
El amor comprendió
Lo que traté de decirle
Fue triste tener que convencerlo
En medio de tanta cafeína:
Comprendió de las flores regadas en el piso
Y las semillas a medio germinar
Entendió con las oraciones más duras: el sol inclemente de los domingos, el panorama extenuante de los lunes, el perro pasando la lengua por mi cansancio
Después de toneladas de historia, el amor se decidió a rendirse
A ponerse de mi lado
Sentarse a mi lado
Renunciando a la histeria
Y al calor del momento
Ya no hay almuerzos fríos ni suelos temblorosos, el fuego se extingue poco a poco y yo
Permanezco de pie, como debe ser
“Amando”, pensó ella con rabia, frustración, su cerebro casi la traiciona, a duras penas pudo contener las enormes ganas de replicarle su equivocación, “cómo puedes decir ‘amando’ si ambos sabemos que no me amas”, seguido de unos cuantos dardos directos al corazón, mientras más ofensas más rápido reaccionaría, según sus convicciones, pero él prosiguió:
Ya quisieras tú que yo te quisiera como antes
Cuando había más cielos detrás del cielo
Pétalos de rosas
Compañías los domingos
“Los domingos”, suspiró la amada, cuando todos iban al campo él se quedaba a su lado, abrazándola y besándola en los oídos, esperando simplemente que el día pasara, sin hacer nada, apretujados en pijamas, versiones nuevas de viejos silencios, llamadas a los ecos esperando otras melodías, dedos tocando sus dedos, las ventanas cerradas, el paisaje… Su amada no olvidaba, era imposible olvidar para ella, no sacaba de su mente esos momentos, que no son lo mismo que lugares, evitables, como rocas en el camino puestas para tropezar, ella no los sacó de su mente, los mantiene allí cual tesoro adolescente, solo que ya como adulta, así como tampoco olvida la poesía de él, suya también, lejana también… amarga también.
Cómo sueñas con paisajes otra vez
Atardeceres rojizos
Lluvias los viernes
Esos vientos que te limpian
Fechas arrancadas por el tiempo
Era justo frenarlo, pensó la amada, decirle que no era necesario llegar a ese punto, que bueno era luchar por los años juntos, por las metas en común, los gratos momentos que podrían multiplicarse, era justo decirle que lo amaba a pesar de saber que no había vuelta atrás, que la vida “ya la empujaba como un aullido interminable”
(o era justo decirle que lo amaba aunque ya no lo amara, solo para mantenerlo a su lado)
No puedes prohibirme seguir
Separar bienes
Separar sentimientos
Dividirme el alma pues tú eras como mi alma
Pienso en las madrugadas
No quiero que lleguen
Ya estuve en el antes y el después
Pensé que después de ese después
Habría otro después
Pero no hay nada
Son inevitables
Las soledades de los domingos
Las cotufas de los jueves
La monotonía de los miércoles
Hablas de esperanza
(Adicción de los ilusos)
Te hablo del Código Civil
Quédate con el (nuestro) apartamento
Con mis (nuestras) mascotas
La (tu) nevera
Yo me quedo con mi (nuestro) amor
(El hijo que traes en tu vientre)
Los nombres que pensaste
Y mi (nuestra) alma
Ella soltó una indeseable lágrima. No tuvo tiempo de decirle a su amado que no estaba en estado, que lo suyo era solo psicología, pequeñísimos bebés edulcorando su mente, pero irreales, “y los sueños, sueños son”, pobre de ella, arraigada en los lunares de su pecho, anhelando un puente inacabado, conteniendo las lágrimas que sin embargo salen una a una, a razón de un temperamento fortalecido con el dolor.
Yo sí;
Lloré anunciando esta partida,
Pájaros inquietos anticiparon tu ausencia,
Muchos seudónimos atravesaron esta puerta
Antes de tus pasos.
Solamente tú
Tenías un nombre real
Pero tú no eras real
El amado ya lo sabía si bien ella no se lo había informado. De hecho se sintió feliz de saber que ella no estaba esperando, así sería más sencillo para él marcharse, tomar el avión en unas cuatro horas, llegar y empezar a trabajar enseguida, volverse adicto al empleo para así finiquitar el olvido de los sentimientos
(o lo que queda de ellos, tercos como el temor)
La protagonista de mis almuerzos
La luz entre mis sombras
Tu silbido atravesando el aire
Y tu sonrisa
Se estacionan
Entre la soledad y el desenfreno de otro
Ahora quedan cenizas
Entran
Salen
Y sigue todo igual
-Jamás te fui infiel, si eso supones, se atrevió la amada a decir, aunque no me faltaron ganas, pero de todos modos aquí estoy por ti, dijo al cruzar los brazos.
Un día para la luz, siguió declarando él como si ella no hubiese hablado,
Una noche para las sombras
Y esta vez voy a decir que no
Aunque
No me gusta el camino por el que voy
No me gustan estas palabras
Ni saber que ya no estás
Ya solo pienso en mí
Cómo es el amor
Real
Cómo es volver a empezar
Dime
¿Dónde tengo que firmar?





Mabel
¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Akare
Gracias Mabel