Llevaba varios días pensándolo, varios días sin sus noches intentado encontrar la forma de plasmar aquel pensamiento en papel, pues ningún hombre que no duerma de once a siete encontrará nunca respuesta a cuestiones semejantes.
Sigue dándole vueltas con las manos apoyadas sobre el teclado, inmóviles los dedos. Son varias horas en el estudio de su casa, sentado con la espalda bien recta frente a su escritorio, con la mirada perdida por la ventana hacia la fuente del parque. Ella se lo había repetido miles de veces, “no lo pienses más, el único tiempo en ambos lados es ahora”, y escapando de un pasado gris, él terminó por creerla.
Pronto la vería aparecer entre los bancos de piedra, el bolso mal colgado del hombro derecho, tal vez el pelo tapándole la cara porque sopla el nordeste. Es un día soleado pero no muy caluroso. “Podrías guardar cada instante, congelarlo”. Recordó el cuento que había escrito años atrás sobre una pestaña, una pestaña que caía en un lavabo y el largo descenso hasta su final inevitable. La madera cruje bajo el sillón, mirando a contraluz puede verse flotar el polvo aunque ya hace rato que no estornuda. “Escríbelo y verás que es cierto”. Si fuese capaz… Si consiguiera dejarlo por escrito demostraría que el cuento y la vida no hacen prisioneros ni distinciones, que el mismo instante se encuentra en realidades distintas que solo existen enlazadas. Detendría el tiempo. Diría que hay un pájaro negro sobre el borde de la fuente, parado, vino volando desde un árbol pero ya no se mueve. Ella lo mira, quieta también, mientras una hoja que caía a su lado aguanta a la altura de su hombro y la brisa, fría como en todo principio de verano, se ha apagado. Puede verse a través del polvo tendido y sobre el crujir de la madera, mientras las manos siguen aquí, heladas, en este instante eterno en que la miro como una fotografía, pensando en lo que daría por poder escribir lo que veo y que fuese así para siempre, por no llegar nunca al punto final y escucharla cerrar la puerta a mi espalda, entender que me mentía.





Mabel
¡Me encanta! Un abrazo Guillermo y mi voto desde Andalucía