La soga (revisada) - Capítulo IV de X

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IV

El resto del día transcurrió sin sobresaltos y Larry pudo iniciar por fin la rutina impuesta por su médico. Realizó ejercicio basado en trotes ligeros sin notar el menor síntoma de fatiga y tras el almuerzo, mantuvo la concentración suficiente para escribir sin que nada le distrajera.

Cuando el último rayo del sol se escabulló por el horizonte, Michaels recogió al escritor y descendieron por la colina, rumbo a la arboleda, un camino más discreto que el paso que la comunicaba con las afueras del condado. El carpintero recomendó prescindir del uso de linternas o antorchas; había que pasar desapercibidos. No había necesidad de preocuparse, porque se sabía el camino de memoria, le tranquilizó Michaels al notar cierta preocupación en sus rostro.

Y además, la noche venía con premio. Una luna llena iluminaba más de lo debido la senda escogida por Michaels, la cual, Larry pronto comprobó que tenía de todo menos de camino. Infinidad de troncos enroscados y gruesos le apretujaban hasta el punto de tener que contener la respiración para poder pasar entre ellos. De no ser por los hilos de luz que punteaban la tierra, el escritor hubiera jurado estar deambulando por el mismo abismo. Se detenía cada dos por tres, ante raíces que se alzaban por encima de sus rodillas, bien para evitar tropezar con ellas y romperse la crisma, bien para recuperar el resuello. Permanecer a la sombra de sus queridos y longevos anfitriones evitando el acceso principal al robledal estaba resultando una tarea ardua y complicada, y no dejaba de atosigar a Michaels preguntando una y otra vez cuánto faltaba por llegar, porque las estrecheces y las dichosas raíces ya le tenían comida la moral.

Michaels se detuvo finalmente en un sitio bloqueado por matorrales tan altos y espesos que impedían la visión de lo que había delante. Con cuidado, los fueron apartando. Estos descubrieron un pequeño claro dentro del enmarañado robledal, el lugar escogido por Marcel y los viejos para su función musical. El silencio parecía haberse aliado con aquella noche sigilosa hasta el punto de que el más sutil carraspeo podría hacer tambalear su frágil mutismo. La farándula fantasmal estaba a punto de comenzar y ambos la contemplarían desde el palco sin perder detalle. Una obra teatral sin precedentes, cuyos actores representaban a las mil maravillas el contacto más directo, genuino y exclusivo con el más allá, bromeaba Michaels. Larry no podía dejar de reír, y acto seguido, se dejaba llevar por una inquietud cada vez más preocupante: en su función particular, cuyo actor principal se reconocía únicamente por una sombra arrastrándose por las paredes, andaba escasa de comedia.

Una pequeña columna de linternas se asomaba por el claro desde el sendero principal. El sujeto a la vanguardia, que Larry identificó como Marcel, se situó en el centro, mientras que el resto de la comitiva le iba rodeando hasta completar un círculo. Todos mantenían la cabeza en alto, la mirada clavada en las alturas, esperando algo, sin moverse. La ceremonia apestaba tanto a siniestro y fingido que las linternas, más que alumbrar, parecían corromper la armonía tenebrosa de los robles. Transcurrió un minuto generoso de segundos y a nadie se le vio pestañear siquiera. Allí no se asomaban ni las ardillas.

En medio del regocijo que obligaba a Michaels a taparse la boca para que no le oyeran partirse de risa, Larry reconoció que el espectáculo merecía el precio: no se había escuchado un solo grito, una sola voz, ni tan siquiera el ruido de la hojarasca. Fuese como fuese, la fe de ese grupo de ancianos, esa especie de adoración a los secretos de los árboles, debía ser excepcionalmente intensa, ¿pero tanto como robarle el sonido a la noche? ¿tanto como para que solo ellos la sufrieran? Para Michaels, todo se reducía a un cuento para matar el aburrimiento; para la Sra. Woodstock, los viejos no eran conscientes de que habían perdido la cabeza. Pero el parecer de Larry se alejaba bastante. Quizá fuera el único, incluidos los colegas de Marcel, que se lo estaba tomando en serio.

Entonces, Marcel comenzó a cantar, desafinado, ronco. Al instante, el resto de los viejos se unieron a él.

Dejad de llorar, descansad en paz.

Que tan corta vida corta os llene de felicidad eterna.

¡¡¡Leeeejos del lago, leeeejos del lago

manteneos lejos del lago!!!

El agua pinta clara la sombra del engaño

y los pájaros se agitan

en lo más alto de los robles

que mueven sus raíces al vaivén del viento.

Dejad de llorar, descansad en paz.

Que tan corta vida corta os llene de felicidad eterna.

¡¡¡Leeeejos del lago, leeeejos del lago

manteneos lejos del lago!!!

Gritad, de alegría, pero lejos de la orilla

donde la piedra solo araña y la arena mancha.

En las aguas que brillan negras el engaño os espera

allí donde el mal sin reflejo se esconde.

Dejad de llorar, descansad en paz.

Que tan corta vida corta os llene de felicidad eterna.

¡¡¡Leeeejos del lago, leeeejos del lago

manteneos lejos del lago!!!

Porque al maestro privó de bondad a su alma,

que siendo pura, la ennegreció de maldad y locura,

y en el lago, el engaño aguarda

allí donde el mal sin reflejo se esconde.

Dejad de llorar, descansad en paz.

Que tan corta vida os llene de felicidad eterna.

¡¡¡Leeeejos del lago, leeeejos del lago

manteneos lejos del lago!!!

Dos estrofas enteras necesitaron recitarse para conseguir que Michaels se retorciera en el suelo muerto de risa, pero Larry estaba completamente absorto. Cada verso, cada fragmento, proponía una imagen más precisa de un suceso que exigía mucha imaginación para ser inventado. Un lago tan oscuro como la noche, niños gritando y un maestro corrompido…

De repente, la rama sobre la que descansaba su cuerpo cedió y terminó rompiéndose. El chasquido alertó a los viejos, y dejaron de cantar. Sobresaltados, escritor y carpintero se quedaron petrificados.

Pero la torpeza ya no podía remediarse. Marcel levantó el brazo lentamente y apuntó sin vacilar hacia el matorral donde se hallaban ocultos.

Larry miraba a Michaels por el rabillo del ojo; ni siquiera se atrevía a girar la cabeza, pero Michaels no reaccionaba… hasta que vio a los viejos encaminarse decididos hacia su posición. Entonces fue cuando comenzó a reaccionar de veras.

—¡Vámonos, rápido!

Y aprovechando la experiencia de la maraña de raíces y troncos que hacían prácticamente imposible el paso, Larry y Michaels lograron salir de la arboleda antes de que fueran alcanzados, y allí se separaron sin despedirse siquiera; uno a su casa en el condado; el otro, a la mansión.

En la segunda noche de sus forzosas vacaciones campestres, Larry no podía pegar ojo. Lo que al principio pretendía liberar tensiones y echar unas risas le había dejado totalmente desvelado, y para colmo, al menú de desasosiegos e impresiones del presente día, aún le faltaba el postre.

Las voces regresaron a la habitación, y tras ellas, los golpes.

La cuestión era, se decía Larry a sí mismo, que sus visitantes paranormales ya no le parecían tan aterradoras. Hasta se dio el lujo de sentarse tranquilamente sobre su almohada, esperando a la sombra aparecer por la ventana cual polilla a la madera, algo que, desde luego, efectuaría sin retrasos. Puntualidad y rectitud, ante todo.

Nada más verla, Larry entrecerró los ojos. Ya que no podía cerrarlos, tampoco estaba dispuesto a perderse la reacción de una fantasmagórica silueta oscura sin dueño cuya presencia no inspiraba el pánico previsto, suponiendo que fuera ese su propósito. Como si la cosa no fuera con ella, la sombra repitió el mismo itinerario de la noche pasada. Al esfumarse por el hueco de la puerta, Larry contó hasta cinco, se levantó raudo, abrió la puerta, y siguió viéndola, deslizándose por las paredes que seguían el descenso de las escaleras. La silueta tenebrosa estaba empezando a caerle simpática, pero no podía imaginar qué desenlace propondría a la obra iniciada por Marcel y los viejos. En cualquier caso, Larry aceptó encantado la invitación, y la siguió.

Semejante ejercicio de osadía no parecía preocuparle a la pendenciera sombra. Incluso a un extraño le parecería que era ella, y no Larry, la perseguida. No se detenía, ni mostraba signos violentos o cambios repentinos que advirtieran a su admirador de desistir en su empeño. Ya en la planta principal, se coló en la sala de estar. Desde la puerta, Larry observó, estupefacto, cómo la sombra se ocultaba tras el cuadro familiar.

Al hacerlo, las voces y los golpes, que no habían dejado de ambientar la escena, dejaron de oírse.

Entonces, Larry comenzó a experimentar un mareo pesado y molesto. Eran los primeros síntomas que demandaban su pronta medicación. Se olvidó de la sombra para lanzarse como un rayo hacia la cocina donde los guardaba, pero para su desgracia, encontró que el bote de pastillas estaba vacío.

No había tiempo que perder, ni siquiera para preguntarse si le recibirían en la botica del pueblo a altas horas de la madrugada. Alcanzó el abrigo, que se puso sobre el pijama, abrió la puerta y sin molestarse en cerrarla, corrió hacia el pueblo.

Pero la carrera le duró más bien poco; apenas hubo dado tres o cuatro pasos, se desplomó como un peso inerte.

El sonido del aire penetrando en los pulmones empezó a resonar en sus oídos. Larry desvió la cabeza a un lado, y luego a otro, casi de forma involuntaria, como si pretendiera con ello despertar los músculos de sus piernas agarrotadas para volver a levantarse, pero no fueron estos sino los párpados los que se despertaron, y al hacerlo, contemplaron a un hombre con el cuerpo sumergido en las aguas a la altura de la cintura. Parecía muy enfadado; más bien desesperado, por la forma como golpeaba el agua con sus puños. Un grupo de niños, casi pegados unos con otros, se encontraban en lo que parecía la menuda orilla que precedía a las aguas que el trastornado hombre sacudía, y delante de ellos, un cuerpo pequeño convulsionaba, como agitado por una fuerza invisible, un niño…

…continuará

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    10 julio, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Imagen de perfil de Siby

    Siby

    18 julio, 2017

    Wowww que barbaro mi amigo, nos dejas
    con el gusto de seguirte, tienes mi voto.

    besitos dulces
    Siby

  3. Esruza

    2 agosto, 2017

    ¡Hola Edhipo! Creo que no te había leído antes, Me encanta como escribes, me gustó mucho ésto.
    Te leeré más concienzudamente.

    Saludos y mi voto

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