-No encontraría mayor beneficencia que hallar placer en la presencia femenina como trémula figura asida a la figura del hombre, una figura tan difusa que se ejemplifica en sí misma como algo más poderoso que una estancia. Encontrar a la mujer carente de intelecto, cuyas deficiencias se mostrasen en un arte de seducción que a veces es el culpable al no serlo el exceso de pureza. Mas no puedo evitar ver aquellos ojos oscuros, casi rojizos, que todo lo observan tras esa mirada de apariencia honrosa y pasión sangrante; hallar en sus caderas la rosa más perdurable y más natural que el mismo hecho de perpetuar la especie, pero no sólo eso, también aquellos comentarios acertados que tienen entre labios: pronóstico de la admiración del arte en su sentido más pleno.- Ahora, sacude él la cabeza obnubilado por el ultimo vaso del whisky más agrio y depravado de todo el distrito. Sus piernas no cesan su movimiento, siempre se encaminar sobre el ritmo de un metrónomo invisible. Rápidamente, ejecutando tres movimientos enérgicos por batir de pestañas. Quizá he bebido mucho esta noche. Prosigue su reflexión, abordando las palabras con entusiasmo.- Aquella mujer de allí, ¿La ves? Podrías verla si quisieras. Adora el jazz, se estremece con el saxo. Lleva medias y lencería bajo aquella falda que la envuelve, como una manta de la que no puede deshacerse al amanecer, al comienzo de un nuevo día, para poder ir a realizar correctamente su empleo como mecanógrafa y disfrutar de los designios de su jefe. Aquella mujer, son todas. Tu madre, mi hermana, aquella mujer que sólo yo veo. Tal vez no haya ninguna mujer, pero Lilith ¿Qué haces aquí?
A lo que se le respondió:
-No es la forma de la mujer más que cualquier otra forma: el mar es una forma, la poesía es una forma, la literatura, el ideal del humano por excelencia inexistente, son formas que aún no han sido definidas, extrapoladas a una vida meramente interpretativa que merece el mismo respeto que guardar en cajas agónicas estas formas desenfocadas, sin usar lente ni llave, puesto es la llave parte del corazón que lleva asido una de esas somnolencias turbulentas. No es todo, ni nada la concepción de este mundo, acostarte con una mujer esta noche, amanecer mañana en otros mundos, en un infierno que no es ni tan si quiera el término que finalice con tus sorprendentes pensamientos, pues nada tendrá utilidad. Yo me río del principio categórico por tan solo ser un principio.-Le miraba los ojos, ardían sus párpados y el simple roce de sus manos. Chillaba, pero nadie lo escuchó.
La luz parpadeaba.
Se hizo la oscuridad en la famélica alma del lector atraído por las sombras que observa con los ojos del que escucha dos voces del olvido que son más pretenciosas que el artista infame y el requiebro de su alma frente al folio.
-¿Qué pretendes de la vida, odioso amigo? ¿No es la figura lo único eterno en este batir de pestañas del universo que es el tiempo? Necio eres y el polvo te llamará a su cauce, al contrario que las ideas que criticas mediante el estoicismo característico del espiritual desafiante a la libertad de los dogmas que albergan al mundo. Crees mostrar un avance, y no haces más que retroceder al no pretender disfrazar el sino de otras formas, al no acercarte a lo perdurable más que mediante tu presencia, no creyendo en las verdaderas divinidades petulantes en la miseria del aburrimiento: la mujer, el arte y el mar. Son verdaderos dioses, debemos acatar sus designios si pretendemos dejar de entrometernos en que nada es definible, puesto que nada es inefable en el alma del creador…
No hubo silencio. No hubo vida. Tal vez no hubo mujer, amigo. Pero aquí siempre la ha habido.
-¿Qué son entonces el alma, la divinidad, el arte de asir palabras entre tus dedos? Deseas huir de la muerte y de los designios de un mundo que para ti no fue creado, el reinado de los nacidos del corazón siempre es conquistado por el deseo de una república que de tregua a la vecindad que no se siente realizada sin observar el material de tu sombrero o el goteo de tus labios calcinados. ¡Oh, me llamas necio! Pero soy a quien comúnmente denominan el loco por su verborrea incesante, por su desprendimiento de los tirantes que protegen al mundo. Soy el terror de unos deseos temblorosos y unas ideas desmemoriadas que tuve que a volver a aprender para recitarte.
Soy tu reflejo en el espejo, el tajo agónico de tu incertidumbre y tu certeza despedazadas.
Tras el requiebro no hay telón.
La puerta del motel se encuentra encajada con brío para poder asirla a una habitación que ha quedado tan sucia y mugrienta como los suburbios del Londres predecesor a esta escena. El papel de las paredes descolorido, impregnado de tabaco y un tanto desprendido de su lugar de origen, ha presenciado a aquellas Venus sin vello ni mirada abducidas por el loco amor que rogaba su piel tersa. Ha presenciado el arte de lavar la sangre de sus cabellos al viento. Ha presenciado tinta, ríos de tinta de la que el papel se deshizo hasta autodenigrarse por inútil y enfermo.
Allí se encuentran aquellos dos hombres conversando en el cíclico huir del suicidio autoasistido teñido de sangre con sabor a Whisky. Escritor y espejo discuten hasta no quedar más esperanza que la del propio ente desfigurado y sin nombre que yace resignado a no ser entendido por ninguno de los dos.
Se entretienen hasta el amanecer: son noches de amor, suburbio y luna.
-Lovanna-





Mabel
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