Duermo en cada instante de la noche apagada
por sonrisas recónditas en ninguna parte
miro a lo lejos y el lirio blanco de mi niñez mantiene firme sus raíces al suelo,
llega el temperamento de la noche y lo agita, me agita, con ímpetu y crueldad;
pierde sus pétalos.
Prefiere desflorarse a arrancarse de la tierra.
Yo no soy como el lirio:
duermo en cada instante que las manos de la muerte han palpado
y no despierto.



Luis
Hermososísimo poema! Un saludo y mi voto-.
Leire
¡Muchas gracias Luis! Un saludo
Mabel
Muy buen poema. Un abrazo Leire y mi voto desde Andalucía
Leire
Muchas gracias mabel ¡Un abrazo!