Recuerdos de sangre (Parte 1)

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–Aquí nos volvemos a encontrar.

–De nuevo.

– ¿Estás sorprendido?

–Mucho más de lo usual.

– ¿Quieres dejar la historia por donde quedamos o quieres volver a iniciar?

–Empecemos de nuevo, alguna cosas no me quedaron claras.

–Está bien mi señor, pero sabes mi precio, deja unas monedas y empezaremos nuevamente la travesía.

El hombre muy joven de gran parecido físico, piel dorada de las regiones del sur de Italia y ojos color esmeralda llevaba una semana visitándome, quería una historia para un tipo de periódico, pero jamás se dignó a mencionarlo. Yo, ya un hombre viejo necesitaba sus monedas, eran mi desayuno y almuerzo, y para él joven era una propina para prostitutas. El joven las tiró y llovieron encima del sombrero que estaba por encima del piso casi como un adorno, cayeron en el medio del mismo, chocaron un par de veces haciendo el típico sonido al golpear acero contra acero, y esto sólo significaba que estaba listo para que yo, ese hombre decrepito que pedía monedas por historias limpiara su garganta y empezara su historia.

–Habían pasado 15 años cuando el último dictador cayó. Una gran lluvia de sangre salía de su pecho después que unas cuantas balas perforaran, comieran, destrozaran y escupieran su pobre piel. Yo fui uno de los que disparó, el gatillo se sentía muy suave ese día y hacía un buen clima como para contemplar la otra cara de la ciudad.

– ¿Por qué lo hiciste?

–La pregunta no debería ser esa, la pregunta es ¿por qué no lo hiciste antes?

– ¿Por qué no lo hiciste antes entonces?

–Porque una cosa es vivir en libertad mientras oprimes a otros, y otra cosa es que te tú seas oprimido para quitarle la libertad a alguien más. ¿Quieres que siga o quieres seguir preguntando?

– ¿Te molesta?

– ¿Te enseñaron a no interrumpir a los mayores? Sigamos, el día apenas inicia y quiero comprar algo de comida para poder salir un rato de este asqueroso callejón.

–Hablas muy bonito para ser un pordiosero.

–Y tu eres muy bonito para aquellos hombres que están allá, no te preocupes, con un poquito de vaselina no lo sentirás demasiado –el joven, desbordado de furia, pero sólo se calló y se le quedó mirando-. ¿Ahora si respetas? Qué bueno.

»Antes de contar porque le clavé las balas a ese cerdo infeliz deberíamos hablar un poco de historia. Era el final del siglo XX, muy pocas dictaduras habían durado tanto, íbamos para 20 años, mi General Jones era quién comandaba a un país completo hacia su destrucción desde hace 20 años, pero a él no le importaba, el vivía el momento, era así desde que derrocó al presidente Sanders clavándole una puñalada en pleno corazón mientras las cámaras lo seguían, Sanders había sido presidente sólo hace 2 meses y ese día iba a recibir el puesto formalmente, se habían preparado todos los preparativos para ese día, “San” tenía un espíritu indomable, lo que quería lo obtenía, pero grábate esto en la mente muchachito idiota, quién convive con serpientes está destinado a que su muerte sea por causa del veneno.

–Mira quién lo dice.

–Es verdad no te mentiré, yo era una serpiente, una de las peores, pero creo que a veces el destino prepara a la muerte para agarrar a los buenos y dejarnos a nosotros hacer lo que queramos. Como decía, “San” estuvo despierto desde la mañana del sábado 23, yo era uno de los agentes de su guardia personal, apenas tenía 25 años, era muy guapo no te mentiré, más de una vez la zorra que el presidente había tomado por esposa se me ofreció, pero como un hombre honorable que soy la rechacé–el viejo narrador se empezó a reír–.

–“San” estaba despierto, sigue.

–Se había despertado con el brillo en los ojos de un vencedor, algo que sólo obtiene cuando sabes que tienes el mundo a tus pies, y así era hijo, lo tenía todo a sus pies, a la gente, a los medios, a los otros políticos y a las fuerzas armadas, o eso creía el pobre inepto de Sanders.

»Entramos por la puerta del anfiteatro de la ciudad principal, el no quiso mucho menos, un espacio para 25.000 personas que le gritaban y lo aplaudían como perros bien adiestrados. Sanders se puso el traje nuevo que tenía detalles en metal, un traje negro y a la medida, un traje sumamente bello.

–No sé porque siempre te vas a otros lugares que no son la historia –dijo el joven.

–Hay otros cientos de personas que te pueden contar esta historia, pero si quieres oír lo que realmente pasó detrás de los telones cállate, siéntate en el piso, se que está mojado pero qué más da, me escuchas y te guardas tus comentarios idiotas en el único lugar donde no entra la luz del sol.

»Eran las 4 de la tarde, el sol aún relucía como lo que era, un Dios, Sanders se puso su mejor pulsera y su reloj de la suerte, un regalo estúpido que le había hecho su mujer y que lo denomino así porque con él había ganado las elecciones presidenciales. Entró a las 5 menos 15 al auditorio y entre gritos y estallidos de euforia se veía el amor que ese hombre había cosechado. Después de dar un discurso magistral que había escrito un poeta mal pagado se dio vuelta y llamó a todo el equipo de preparación y a todo su futuro gabinete.

– ¿Te llamaron a ti también?

–Fui el primero en entrar después de la “Primera Zorra”, entré yo y Yoren, Anne, Louis, José, Jones y una cantidad de nombres que no me acuerdo. Bueno, después de que me llamaron y nos acercaron al micrófono para que cada uno de nosotros diéramos un mini discurso, escrito por nosotros mismos claro, nos afilamos ponente tras ponente; cada ponente nuevo decía la increíble historia del presidente Samuel Sanders, un ángel, algunos lo llamaron un segundo padre o hermano, me acuerdo que Louis lo denominó lo más cercano a Dios, francés estúpido.

– ¿Y los apellidos?

–Eso serían 10 monedas más.

–No te las daré maldito tacaño, sigue.

–El último hombre cerca del micrófono fue Jones, exhausto de escuchar patrañas dijo una frase que aún recuerdo hasta el día de hoy: “La muerte es lo más cercano que tendremos a la vida”. Me acuerdo porque era la señal de que entraran los agentes armados al convento y empezaran a asesinar a cada persona no reconocida. No sé si te lo dije, pero Jones era uno de los altos militares del ejército y dijo que prefería pegarse un tiro a ver otro civil como Sanders gobernar, había planeado un plan por más de un año para poder poner a Sanders como presidente y luego a la fuerza tomar el gobierno gracias a las armas, en mi opinión si Jones solo hubiera hecho un golpe de Estado hubiera sido más fácil, pero a él le gustaba exagerar siempre.

»Puso a que todas las fuerzas armadas atacaran a los edificios gubernamentales y buscaran a los políticos, a todos, no importaba si eran de derecha o izquierda, los quería muertos. Así empezó a subir poco a poco hasta que se consolidó presidente y los otros 15 años son para cuando haya más monedas y menos hambre.

– ¿Mañana quizás? 5 monedas y un sándwich.

–Trato hecho –dijo el viejo relator, se paró y sacó al joven de su callejón a la fuerza para que lo dejara de molestar.

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