El pronóstico había advertido sobre la tormenta que se avecinaba, ya había comenzado con un viento leve y una cortina de pequeños copos que bajaban suspendidos en el aire y luego alimentaban la gruesa alfombra blanca que iba subiendo su espesor.
Se frotó las manos en busca de calor y agregó algunos leños en la chimenea, que alumbraron con su llama el living. La pequeña cabaña en Cantabria había sido la única opción cuando al fin había decidido tomarse una semana antes de se abriera la temporada de caza.
La cabaña estaba situada en un pequeño promontorio a veinte kilómetros del pueblo de Navamuel y bastante cerca de la autovía que seguramente ya estaba cerrada con motivo de la tormenta. No le preocupaba en absoluto, se había equipado bien tal como había explicado en el primer capítulo del “Manual del cazador principiante” que deseaba escribir. Tenía suficiente comida, whiskey y baterías. También una radio de onda corta porque la señal de celular era casi nula en aquel lugar.
Tomó los prismáticos y examinó el panorama. Era inútil encontrar rastro de aquel jabalí que había visto merodeando más temprano, la oscuridad se elevaba cada ver más intensa e iba desdibujando el paisaje invernal, si no hubiera sido por esa estúpida, estúpida veda…
Dejó los prismáticos y observó por un instante el living; vasos con restos de whiskey, gaseosa, vino, platos con restos de comida, realmente era un chiquero. Enjuagó uno de los vasos, puso dos cubitos y se sirvió lo que quedaba de la botella de Old smuggler. Le gustaba ese whiskey no tanto por el sabor sino por el nombre, le recordaba viejas épocas en “El hoyo” cuando contrabandeaba cigarrillos y otras cosas para las muchachas que pasaban alguna temporada por allí a cambio de otros favores. Que buenos tiempos aquellos, realmente era una buena vida, tenía el turno de la noche y todo el día libre para lo que en ese entonces era su hobbie, las armas. Quien hubiera dicho que tiempo después sería su modo de vida.
Hacía ya diez años que había comenzado como guía de cazadores inexpertos. Para un total de nueve mil cazadores practicantes en era un buen negocio. Los recibía, les daba algunas clases de prueba y después partían a alguno de los cotos del cantábrico donde se alojaban en algún lodge de lujo con chimenea y jacuzzi. Disfrutaba secretamente verlos sufrir el frío o resbalarse en la montaña, esos ricachones pensaban que con dinero todo era posible, pues no. No era así. Para cazar había que tener un afilado instinto, y estar dispuesto a sufrir. No todo son billetes en la vida, no señor.
Se sirvió otro trago, la noche sería larga. No podía dormir durante las tormentas y tampoco se distraía con la radio, prefería la compañía del viento y el rumiar de sus propios recuerdos.
De pronto le pareció escuchar unos golpes en la puerta, pero eso era imposible, de seguro habría sido alguna mata de ramas secas llevadas por el viento. Eructó con fuerza, se rascó la entrepierna y pensó en comer algo, pero el sillón junto al fuego y el whiskey dificultaban la decisión.
Cerró los ojos pero los abrió de golpe, aguzó el oído. Escuchó un ruido débil , fuera de lo común, eso era seguro, conocía bien la el tono agudo del viento, la frecuencia con que el pino golpeaba la ventana, la intensidad de la ráfaga que de pronto se elevaba para volver nuevamente a resumirse en un breve murmullo. Esto era algo parecido a un quejido. Tomó la magnum, verificó la carga y abrió de a poco la puerta. Un bulto cayó a sus pies, un cuerpo. Lo arrastró adentro de la cabaña y cerró con llave.
Guardó la magnum en su cintura y abrió la frazada con la que el cuerpo estaba envuelto. Una mujer a medias congelada y con un buen golpe en la cabeza que sangraba se hallaba inconsciente.
La llevó junto al fuego y comenzó a sacarle la ropa mojada. Frotó su cuerpo helado con alcohol para darle calor y reanimarla. Sus labios se curvaron en una sonrisa apreciativa al ver la curva de la nalga que se insinuaba a través de la bombacha húmeda.
La mujer se quejó y comenzó a volver en sí. La envolvió rápidamente con una manta seca.
—Calma —la tranquilizó ayudándola a incorporarse—está a salvo, tome un poco de esto.
Le llevó el vaso de whiskey a los labios. La mujer tomó unos sorbos y tosió.
— ¡Dios! Esto sabe como el traste.
—Seguramente para quien no sabe tomar.
Transcurrido unos instantes la mujer se fue incorporando de a poco y se sentó con dificultad en el sillón más cercano al fuego.
—Casi me congelo tratando de llegar aquí —explicó— me salí de la autovía para descansar un poco pero al cambiar de camino el auto se me fue de control. Choqué contra unas rocas y me hice este corte en la frente…estuve caminando un rato y menos mal que vi el humo de su chimenea a lo lejos.
—Qué raro, pensé que ya habrían cerrado la autovía…
—No, todavía no lo habían hecho cuando yo la tomé. Es que yo tengo una suerte…—dejó la frase sin finalizar y sonrió abatida.
Pauli se levantó a buscar el botiquín de primeros auxilios y puso la pava al fuego. Se sentó frente a ella en una banqueta y se dispuso a limpiarle la herida de la frente.
—Le ofrecería mi celular pero…
—Sí, lo sé, la señal es un fiasco en estas montañas —interrumpió ella.
Pauli no hizo mención sobre la radio que tenía en el cuarto y procedió a pasarle agua oxigenada.
La mujer hizo un gesto de dolor. Tenía el cabello oscuro por el hombro, los ojos castaños y vivaces y una pequeña cicatriz en la barbilla.
—Puse el agua para un té, bonita, ya que tiene el estómago delicado y no le gusta mi whiskey.
—No era mi intensión ofenderle, es que no estoy acostumbrada a tomar ninguna bebida alcohólica. No suelo ser yo cuando lo hago.
—Algunas ocasiones ameritan hacerlo —pegó una pequeña venda a la herida—los accidentes son una de ellas.
La pava comenzó a silbar y Pauli fue en busca del té.
— ¿Nombre? —gritó desde la cocina.
—Disculpe, con toda esta confusión lo olvide… Soy Ana, Ana Shefer.
Pauli volvió de la cocina con una taza.
—Mucho gusto, Pauli Rivera —se la tendió— Beba con cuidado, está caliente. Es una café irlandés, el té se me terminó, pero esto le calentará el cuerpo más que el fuego.
Se sentó frente a ella, se quitó el arma que todavía llevaba en la cintura y la dejó sobre la mesita junto a su sillón.
—Es mi bebé—explicó viendo la mirada de ella—Una magnum 44, de gran calibre. Cuando se carga al máximo y con un proyectil de gran peso, es ideal para la caza de todas las especies. La tengo porque es cómoda. Me suele sacar de aprietos cuando algún novato deja a la presa herida, le apunto entre los ojos y Bang.
—Ah, veo que es guía de caza.
— Así es madame —asintió con orgullo dando un cabeceo— Una de las pocas mujeres que se dedican a ésto, sino la única. Ahora estamos en esta estúpida, estúpida veda, pero en unos días ya se termina. Llevo ya diez años en esto y debo decirle que no me arrepiento. La paga es buena, hago lo que me gusta y en época de veda me dedico a descansar ¿Qué más se puede pedir? —tomó la botella y se sirvió otro trago.
—Se me ocurren varias cosas.
— ¿Cómo dice?
—Nada, solo es un chiste—Ella terminó el café y lo dejó sobre la mesita junto al arma.
Pauli se quedó mirándola unos instantes, esa pequeña cicatriz en la mandíbula le recordaba…
— ¿Cuánto tiempo cree que estaremos aquí?
— ¿Cómo?
—Que cuanto tiempo piensa que vamos a estar aquí varados con la tormenta.
— No lo sé, supongo que toda la noche. ¿Cómo se hizo eso?
— ¿Esto? —ella se señaló la frente—Le acabo de decir…en el accidente.
—No, no eso, la otra cicatriz, la de la barbilla…
Ella dudo un instante —Ah, ¡ésta! —exclamó riendo—me caí patinando sobre hielo… pensé que ya no se vería después de tantos años—sonrió y se sacó la manta de los hombros— De verdad que ese café me hizo entrar en calor —dijo desperezándose.
Pauli vio que debajo de la remera no llevaba corpiño — ¿Se quiere cambiar?, ¿quiere algo de ropa seca? Le va a quedar bien grande pero…
—No, no se moleste, estoy bien así, y en un rato el pantalón y el sweater se van a secar con este fuego…Lo que quisiera pedirle es algo de comer, estoy hambrienta.
—Por supuesto, soy una bestia, disculpe, pero va a tener que beber vino, me temo que no tengo otra cosa.
Fue hasta la cocina y volvió unos instantes después con un cuchillo, una horma de queso y unos pedazos de pavo que dejó sobre una silla que ella había puesto a modo de mesa. Ana cortó un pedazo de queso y se lo ofreció, pero Pauli negó con la cabeza. La observó comer con fruición mientras colocaba la pierna sobre el apoyabrazos de su sillón.
— ¿Qué coche tiene?
— ¿Qué? —preguntó Ana con la boca llena.
—Que que automóvil tiene.
— ¿Por qué? ¿Es importante? —dijo tomando unos tragos de vino.
—Solo me preguntaba qué clase de auto no tiene cinturón o air bag para haberse golpeado con el volante.
Ana sonrió — ¡Que mente deductiva! —dijo, y Pauli no supo si se burlaba o le hablaba en serio—Lo sé, hago mal en no usar cinturón y supongo que el impacto no fue lo suficientemente fuerte como para que se abriera el airbag.
— ¿Y para donde iba?
Ana se limpió la boca con el dorso de la mano, se sacó la manta, la dejó a un lado y apoyó el pié en el borde de la silla.
—Soy psicóloga. Me contrataron de San Andrés, el centro de menores que esta a pocos kilómetros de aquí, algunos lo conocen como “el hoyo”, habrá escuchado hablar de él.
Pauli contempló la larga pierna desnuda, tenía las uñas del pie pintadas de dorado— Yo trabajé en ese reformatorio hace muchos años— comentó.
— ¿Y no tiene miedo? —preguntó ella casi al unísono.
— ¿Miedo?
—Sí, miedo de cazar…de que alguna presa lo ataque.
Pauli rió. — ¡En absoluto!, es un deporte que me apasiona…buscar las huellas, escuchar la rama que se quiebra, sentir el olor a la presa, acorralarla…es un disparo de adrenalina, me produce un placer casi sexual.
—Mmm, interesante si el animal conociera las reglas de dicho deporte, digo.
—No se va a poner de abogada del diablo bonita, ¿no?— Veamos, todos los animales se cazan unos a otros, el león al ciervo, el gato al ratón… Cargarse el rifle al hombro e internarse en un medio completamente hostil nos quita un poco de humanidad y nos convierte en animales a nosotros mismos, la caza es la única manera de tomar un contacto real con el animal.
— ¿Fue por eso que dejó su trabajo anterior?, ¿por la pasión por la caza?
Pauli se quedó en blanco —No, no fue por eso…
— ¿Y por qué fue entonces?
—Bueno, hubo un accidente, yo estaba a cargo de uno de los pabellones. Una de las chicas cayó de una ventana y se mató.
— ¿De qué edad eran las niñas que estaban a su cuidado?
—Bueno, niñas no me parece la palabra adecuada, eran adolescentes con variada experiencia en robos, otras con maltrato a los padres. Yo le aconsejo que no se deje engañar. Parecen niñitas inocentes, pero necesitan un escarmiento.
— ¿Pero usted por qué se fue?, ¿se sintió tal vez responsable?
Pauli rió con una carcajada grave— No, bonita, pero siempre alguien es el chivo expiatorio. Alguna cabeza tenía que rodar y bue… fue la mía.
Fue hasta la cocina y volvió con una botella de vino, volvió a llenar los vasos. Se quedaron escuchando el viento, un lobo aulló en la distancia.
—Hoy vi un jabalí, andaba por acá, tal vez sintiendo aroma a comida, tienen un olfato muy desarrollado… si no hubiera sido por esta estúpida veda —se la quedó observando— sabe, usted me hace acordar a alguien, pero no puedo recordar a quien…
—Eso es típico, debo tener un rostro muy común, siempre me dicen lo mismo —rió cruzando las piernas.
—Hace mucho que no veo unas piernas tan largas, se lo digo con todo respeto…
Ella rió burlona —Si, lo imagino.
—Supongo que fue una suerte que encontrara la cabaña, hubiera sido una terrible tragedia encontrar ese cuerpo congelado…
—Supongo que le debo una, me pregunto cómo podré hacer para pagarle el favor.
Pauli rió con anticipación —Eso no será problema, se me ocurren muchas maneras…
—Sabe que algo me quedó rondando en la cabeza —interrumpió ella— Esas chicas, a las que voy a enfrentarme mañana, ¿serán peligrosas?
— ¡No lo dude ni un momento!, lo primero que van a ver en usted va a ser a una principiante, van a querer escapar a toda costa y van a buscar el momento justo para hacerlo, son capaces de cualquier cosa, no dude en darles un escarmiento, un buen escarmiento.
—Un escarmiento—repitió ella descruzando las piernas — ¿Y qué me aconsejarías Pauli, o porque mejor no te digo Paulina?, me harté ya de usar de tu diminutivo.
Por un ínfimo instante Pauli quedó extática, pero luego rápida como un rayo estiró la mano para tomar su arma pero había desaparecido.
—No tan rápido —dijo Ana apuntándole—Cuénteme, señorita Paulina, como querías que te llamáramos en el hoyo… ¿te parece un buen escarmiento el jueguito de la caza?, aquel en que nosotras éramos el ciervo y corríamos a escondernos porque cuando nos encontraras seríamos sometidas tanto física como mentalmente, o mejor aún, aquel otro, ese de dejarnos pasar hambre para poder cambiar sexo por comida…
— ¿Quién eres? —masculló Paulina.
—Una de tus presas, pero pensé que me reconocerías a pesar de la tintura de mi cabello, por la cicatriz que me hiciste cuando me golpeaste la mandíbula contra la ventana la primera vez que no quise ceder. Me hice un corte que me sangró cada vez que te divertiste abriéndome la herida.
—Mónica Alcázar —susurró.
— ¿Que pensaste?, ¿que no te iba a buscar? —Ana se paró y la enfrentó— Cada uno de estos diez años recordé todas las noches en que tu repulsivo cuerpo tocó el mío, eran tantas las ganas de vomitar que…
Con un grito Paulina se lanzó contra ella, pero Ana fue más rápida y disparó. Paulina cayó de espaldas.
—Que hiciste, hija de puta —dijo tomándose del hombro.
—Veo que te queda ánimo para insultarme, no debe ser muy grave —dijo mirando a su presa que se tomaba el brazo derecho en el piso— Sería tan fácil —musitó Ana haciendo la mímica de dispararle— Pero no, yo necesito… ¿cómo era? sentir el olor de la presa, acorralarla, percibir el disparo de adrenalina..es casi un placer sexual —citó Ana— Levántate.
Paulina se paró con dificultad, el brazo le quemaba. Ana le abrió la puerta que el viento golpeó contra la pared.
—Vete.
—Pero estás loca…
—Póngase contenta, señorita Paulina, la estúpida veda ha terminado y la temporada de caza está a punto de comenzar.





gmarcelo
Me gustó mucho. Acompaño con mi voto!
Sosias
Una revancha muy bien trabajada.
Saludos y mi voto.
Mabel
¡Excelente! Un abrazo Carmen y mi voto desde Andalucía