Un jefe de familia descubre que en el jardín de su casa hay alguien merodeando. Asustado, llama a la policia, intenta relatar el problema –a tres diferentes receptores del auxilio– y pide la ayuda de una patrulla. Le contestan que –por la Tromba que cae sobre el llano– no hay ninguna patrulla disponible, pero que llame nuevamente cuando haya atrapado al delincuente (¿!). Cinco minutos después vuelve a llamar al 911 el mismo vecino para decirle al agente policiaco. “¡Es que acabo de matar al malandrín de un escopetazo!”
En un instante llegan tres patrullas con sus torretas flashando, una ambulancia y los reporteros de la fuente. Pasan al domicilio y encuentran al intruso escondido entre las matas, no al occiso, y lo apresan. El Comandante, furioso, increpa al dueño de la casa: “¿No que lo había matado? Tendrá que venir a declarar al Ministerio Público este fallido desaguisado.
El dueño, con aplomo, le responde al comandante: “¿No que la tromba agotó las patrullas disponibles?”
Aunque no puedo dar fe de la veracidad de la anécdota (solo sé que ante un evento criminal, si no es en flagrancia, no acude la autoridad policiaca). O sea, atrápelo o disuádalo usted, y entonces nosotros averiguamos (a tiempo y costa del agraviado). Lo anterior sirve de base para entender la desesperación en que nos encontramos los ciudadanos frente a las autoridades policiaco-judiciales y señala también los extremos a los que estamos dispuestos para que nos escuchen y atiendan nuestros servidores públicos.
La afirmación no se restringe a los servicios, cuidados y cortesías que están obligados a brindarnos todos los mandos que participan del jugoso presupuesto del gobierno. Pretende llegar al espíritu de cooperación, a la ayuda que podriamos prestarnos todos los vecinos entre sí, y que nadie quiere dar o recibir en caso de catástrofes reales como la Tromba o el peligro inminente de un asalto, un robo o una agresión vecinal (el enemigo está dentro).
Y es que dias atrás, al salir de una charla con padres de familia, en la que había incitado al auditorio a incrementar su participación vecinal y a entender que de muchas maneras somos responsables de lo que nos está pasando, al no gestionar unidos nuestro bienestar comunitario, me abordó una mujer joven para decirme que quería hacer algo por la comunidad. “Soy psicóloga, me dijo, y tengo un consultorio aquí en la colonia. Un día a la semana atiendo a gente que no puede pagar, pero no es suficiente: las adicciones, el bullying, la incomunicación familiar y los hogares desarticulados, son fuente de agresión, violencia y valemadrismo social.
No quiero meterme a los clubes de barrio o evangélicos ni a las asociaciones de colonos, pues están mediatizadas por los partidos y el propio gobierno para su control. No quiero hacerle el juego a la asistencia social, porque a ellos les pagan para auxiliar y a mi no. No quiero hacer política proselitista ni ser diputada, ni jefa de colonos, ni nada de eso, que es pura servidumbre electorera. Pero si me gustaría hacer algo por mi comunidad, mi ciudad y mi país.
¿Qué puedo hacer para promover su tésis de la “Acción Comunitaria”?
Confieso que me quedé sin habla.
Continuará.
CORTEX





Mabel
Muy buen texto, me encanta el estilo tan bien estructurado que tiene y la forma de manejar ese diálogo. Un abrazo Alfonso y mi voto desde Andalucía
VIMON
Interesante planteamiento. Saludos con mi voto.
cortex
Mil gracias, querida Mabel, por tu comento.
Y a mi paisano VIMON, muy agradecido.
Cortex