Encontré el libro en un autobús. Un sujeto muy moreno y con sombrero de paja, había abandonado el asiento y se aprestaba a bajar del vehículo. Alcancé a gritarle que olvidaba el libro, pero él, con medio cuerpo fuera de la puerta, me contestó que me lo quedara. Es suyo, me gritó mientras bajaba y el autobús resumía su marcha.
Era un libro no muy grande pero sí muy usado. Se notaba que había sido leído muchas veces o por muchas personas. Curiosamente no tenía título. Una necesidad imperiosa de conocer su contenido me impulsó a iniciar su lectura.
Trataba de un individuo de la clase media, con una familia disfuncional y un trabajo mediocre que lo tenían muy frustrado. Un día decide suicidarse y se dirige a una playa, donde un muelle artificial, creado con rocas naturales, conduce hasta un faro lejano.
El sujeto empieza a caminar sobre aquel sendero de rocas disparejas, algunas chatas y la mayoría puntiagudas, que garantizan en una caída un severo golpe. A los lados del sendero rocoso las olas rompen agitadas, como si quisieran tragarse al muelle.
En aquel momento el suicida empieza a correr. Primero de forma lenta, pero a medida que avanza aumenta desquiciadamente la velocidad. Entonces siente que vuela: salta de roca en roca a una velocidad vertiginosa mientras el viento y la briza le azotan dolorosamente la cara. Como una exhalación recorre el pedregoso sendero y en un santiamén llega hasta el faro y regresa casi volando.
Siente una extraña alegría en el pecho y el corazón se le quiere salir, pero en el fondo persiste la frustración: no logró su propósito.
Se encamina entonces hacia el mar, donde gigantescas olas forman un enorme muro de agua antes de explotar sobre el océano. Ésto si puede dar resultado, piensa.
Despojándose de su ropa se lanza mar adentro, hasta el lugar donde las olas estallan. Una ola colosal se levanta varios metros y revienta de forma descomunal sobre el frágil cuerpo del pretendido suicida. El hombre es lanzado con gran fuerza hacia el fondo del mar, donde su cabeza queda semienterrada bajo la arena. Haciendo un gran esfuerzo logra zafarse y nada desesperado hacia arriba, donde la inmensa ola ha dejado toneladas de agua.
Cuando por fin logra sacar su cara a la superficie, ve con horror que una segunda ola, mayor que la primera, está a punto de estallar sobre él. Esta vez su cuerpo es arrojado hacia la playa, donde dando tumbos logra por fin ponerse de pié sobre la arena.
Aspira fuertemente y toma conciencia de que sigue vivo…
En ese momento el autobús frena de improviso, se siente un fuerte golpe y todos los pasajeros somos lanzados hacia adelante. Hemos chocado contra un enorme camión carguero y el autobús no camina más. Descendemos y nos damos cuenta de que estamos en una playa.
Semidesnudo y totalmente mojado, un hombre muy moreno y con sombrero de paja nos mira desde la arena con extrañeza…





Luis
Mágico! Un saludo afectuoso y mi voto claro!
Toti-Draco
Mi voto desde Argentina. Esos finales me encantan!.
Mabel
¡Maravilloso viaje! Como si traspasaras la línea entre lo que es real y la fantasía. Un abrazo Vicente y mi voto desde Andalucía
ANTONIO A
Mareante y sorprendente. .
Beto_Brom
Hace tiempo que no quedo enganchado desde un principio a un relato, como esta vez.
DISFRUTÉ!!!!
Gracias por compartir, amigazo, va mi VOTO
Shalom
YCAN
¡¡Magistral!! Un verdadero Ouroboros, VIMON. ¡¡Ma-gis-tral. De verdad!! Mi voto y un fuerte abrazo respetuoso para ti.
Hegoz
Surrealista este relato, que parece tomado de esas pesadillas que a ratos suelen sacudirnos. Me gustó, un abrazo y mi voto !!!
Pitus
Excelente ejercicio de realismo mágico. Me encantó, felicidades !
Sosias
Profesional cien por cien.
Felicidades y mi voto.
Lauper
He disfrutado leyéndolo, mi enhorabuena, saludos y mi voto.
Lourdes
Fantástico Vicente. Un abrazo y mi voto.
Ando muy dispersa últimamente, pero poco a poco iré intentando ponerme al día.