El purificador
La historia que he de narrar a continuación, juro por dios que es real, algún día serán leídas por miles de personas, todos conocerán mis hazañas, mis proezas, los hombres jamás olvidaran mi nombre, seré inmortal como el ave fénix, resucitaré una y otra vez de mis propias cenizas, pues el recuerdo tiene mas impacto en las personas que la vida misma…y yo me encargaré de que mi recuerdo nunca sea borrado de esta inmunda sociedad.
La educación es primordial y no seria un caballero si no me presento ante ustedes como es debido, no soy mas que el producto de esta sociedad a la que pertenezco ( o me hacían creer que pertenecía) crecí a imagen y semejanza de todas las personas de las que me vi rodeado, mi madre una puta que se ganaba la vida en el burdel mas rancio de la ciudad en el que solo la clase proletaria podía pagar para acostarse con una mujer que, o contaba con todas las enfermedades de transmisión sexual de la época o ya rebasaba los cuarenta, demacradas y acabadas por el peso de su “cruz”, mi padre era un borracho cualquiera como los que abundan en la ciudad, robaba para poder mantenerse su vicio, su pasatiempo favorito era azotarnos a mi madre y a mi y no paraba de decirle a mi madre lo fea y gorda que estaba, a pesar de eso era un visitante frecuente de la casa de citas donde trabajaba su “linda” mujer.
A la edad de 6 años vi la escena más grotesca de toda mi vida, estaba en el patio despellejando a dos pollos, cuando mi padre llegó, como siempre, venia borracho, al ver lo que su “hijito” estaba haciendo con los indefensos animales se puso furioso, gritando y pateando todo lo que encontraba en su camino me gritó:
– ¡chamaco del demonio que estas haciendo! ¡Escuincle baboso, mira lo que has hecho con los pollos, que tienes en la cabeza, mierda o que!
– Papá solo estoy jugando- le dije como para calmarlo, aunque mis intensiones eran mucho mas que las de un simple juego.- no me pegues por favor.
– ¿Qué no te pegue? ¿Quieres que no te pegue?
Y agarrando un tronco-el mismo que yo había utilizado para matar a los pollos- me empezó a golpear sin compasión, con cada golpe dado, sentía como si mis huesos se desprendieran de su lugar, sin embargo, acostumbrado a sus golpes y al orgullo que siempre me ha caracterizado no salió ni un sonido de mi boca.
– ¡eres un enfermo! – Me dijo, mientras me seguía golpeando- ¡estas loco! ¡¿Qué te pasa!?
Me siguió azotando durante un rato más, hasta que al fin se detuvo;
– ¿Así que te sientes muy valientito verdad?- dijo, mientras resoplaba enérgicamente, tal vez por cansancio, o por el hecho de ver que sus golpes no producían ninguna reacción en mí- eres una basura, sí eso es lo que eres, una basura igual que tu madre.
– ¡cállate! Mi mamá no es eso.
– ¿a no? ¿Sabes a lo que se dedica tu santa madre? ¿Sabes lo que hace todos los días? ¿Por qué nunca esta en casa? ¡¡Tu madre es una piruja, una vil y despreciable puta que tiene sexo con el hombre que mejor le pague!!
– cállate, no digas eso de mi mamá- le respondí con la rabia crispándome la cara.
De repente la cara de rabia de mi padre se convirtió en una mueca horrible de burla y dijo:
– ¡ahora mismo conocerás el verdadero oficio de tu madre!- y jalándome de la oreja me subió al carro.
Durante todo el trayecto no me dijo nada, yo estaba sentado en el asiento de copiloto asustado, mi papá miraba fijamente la carretera, casi sin parpadear, murmuraba algo como para si mismo, pues solo veía como movía levemente su labio inferior, después de unos 20 minutos aproximadamente, paró el carro frente a una casucha vieja, era grande pero daba la impresión de que en cualquier momento se podía venir abajo. Mi padre bajo del carro, me abrió la puerta y tomándome del antebrazo me saco del auto de forma agresiva, sin mencionarme nada me metió a la casucha, por dentro era aun mas deplorable que por fuera, primero esperamos en una especie de vestíbulo donde había unos sillones y mesitas con decenas de revistas pornográficas, había dos hombres borrachos, al parecer esperando turno. Mi padre me aventó en uno de los sillones y se dirigió hacia una mujer de aproximadamente 40 años que estaba detrás de un escritorio:
– hola Rubí- le dijo mi padre
– Señor López, que rápido regresó ¿quiere otra de mis muchachas?
-no, en este momento no, vengo a ver a mi esposa ¿Dónde se encuentra?
– está en el 25, pero se encuentra ocupada ¿y ese niño?
– es mi hijo…
Y al decir esto se encamino hacia donde me encontraba, me tomó una vez mas del brazo y se dirigió hacia el pasillo mientras la mujer gritaba “¡¡¡señor López adonde va, Espere no puede pasar!!!” mi padre ignorando a la mujer me arrastro por todo el pasillo, pasamos varias puertas, en algunas se oían gritos de mujeres, alaridos de placer tan fingidos que ahora me da risa de solo acordarme, por fin nos detuvimos en el cuarto con el numero 25 pegado en la puerta, mi padre se detuvo delante de ella un rato, dentro se oían los clásicos “sonidos de placer” que también escuche en los anteriores cuartos, mi padre me regreso a ver con un gesto cruel, yo estaba asustado y deseoso de que todo aquello solo fuera una pesadilla…de repente abrió la puerta de un solo golpe, las personas que estaban dentro se quedaron paralizadas del susto, el tiempo pareció detenerse, y en tan solo una fracción de segundo observe la escena que cambio mi vida para siempre…
Segunda parte
Ana regresaba ese día a su casa alrededor de la una de la mañana después de haber salido a pasear con algunos amigos, entró a la casa lo mas silenciosa que pudo, sabia que al otro día le esperaba un regaño, pero quería retrasar ese momento lo mas que se pudiera, abrió la puerta con suma delicadeza, al entrar todo estaba oscuro, al parecer estaban todos dormidos, cruzo la sala de puntitas, haciendo el menor ruido posible, estaba apunto de subir las escaleras que conducían a su cuarto cuando una voz a su espalada la hizo brincar del susto.
– ¿Sabes que horas son Ana? – preguntó la voz de un hombre
– Perdón papá, se me hizo un poco tarde.
– quedamos que a mas tardar a las 10 estarías aquí ¡Por dios es la una de la mañana!
-perdón papá, no lo vuelvo a hacer.- dijo Ana afligida.
– claro que no lo vas a volver a hacer, desde hoy se acabaron los permisos.
-pero papá…
-¡nada!, no te atrevas a contradecirme, sabes la situación terrible por la que estamos pasando, ya han matado a 5 chicas. ¡Yo no quiero que te pase algo a ti! ¿Sabes lo preocupado que me quedo cuando andas fuera de casa? Y más a estas horas, así que desde hoy solo saldrás para ir al colegio y nada mas ¿entendiste?
– ¡no me puedes hacer esto, soy mayor de edad!- gritó Ana desesperada, todo estaba oscuro, los dos hablaban sin poder mirarse.
– ¡todavía vives en esta casa, y mientras sigas aquí vas a respetar las reglas!
– ¡pues cualquier día de estos me largo, no te soporto papá, eres odioso!
– ¡no me grites, soy tu padre!
– ¡pues desearía que no lo fueras…ahora entiendo porque se fue mi mamá, eres insoportable, te odio!
Y diciendo esto salio corriendo hacia su cuarto, mientras el padre se quedaba helado, parado al pie de las escaleras, en completa oscuridad.
Al otro día la familia se sentó a desayunar antes de irse a sus ocupaciones diarias, Vivian allí Gonzalo, junto con sus dos hijos Miguel de 15 años y Ana de 20, su mamá hace mas de un año los había abandonado sin causa aparente, desde ese día se evitaba tocar el tema y a los que les preguntaban sobre ella les decían que estaba muerta. Ana fue la ultima en sentarse ese día.
-Ya es tardísimo hija- dijo Gonzalo- apúrate o llegaras tarde a la escuela, y yo al trabajo.
-Vete papá, yo me voy sola.
-de ninguna manera, Miguel ¿ya estas listo?
– si papá- dijo el joven.
Veinte minutos después salían los tres de la casa, primero dejaron a Miguel en su escuela, después se dirigieron hacia la facultad de Psicología donde estudiaba Ana, iban en silencio hasta que por fin Gonzalo habló.
-hija, espero que ya no estés enojada. Pero es que…
-no te preocupes papá, discúlpame por haberte gritado- le dijo Ana fríamente.
Gonzalo observo un instante a su hija y después agregó:
– tienes que entender que vivimos una situación difícil y no podemos…
– ya lo se papá, a cada instante me lo repites, ya te pedí disculpas, y no te preocupes no te voy a desobedecer.
Completaron el trayecto en silencio, dejó a su hija en la escuela y él se dirigió hacia su trabajo. Un extraño gesto se formo en su rostro.
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-¿ya te enteraste de la ultima victima del purificador?
-sí, fue terrible.
– ¿quién puede ser el monstruo que hace eso? Parece ser que cada vez lo tenemos más cerca, no puede ser que en una ciudad tan pequeña como esta no puedan detener al culpable, la ultima era vecina de Sofi, ¿tú qué piensas Gonzalo, quien puede ser el asesino?
-créeme, si yo supiera quien es el culpable ya lo hubieran detenido.
-¡menos platica y mas trabajo señor Medina!, srita.Maritza necesito ese informe para hoy- era el jefe.
-si señor ahora mismo.-respondió la mujer.
– mas vale que te apures Maritza, de ahí puede depender tu próximo ascenso…-le dijo Gonzalo.
El purificador era el sobre nombre que se le había otorgado a un asesino en serie que estaba causando pánico en la ciudad, había aparecido un mes antes, su primera victima, una mujer de aproximadamente 25 años, había sido encontrada dentro de una bolsa en un basurero, totalmente desnuda y con el cuerpo completamente quemado por algún químico que al parecer era acido, 15 días después apareció la segunda victima frente a la residencia de un hombre que inmediatamente aviso a las autoridades, igual estaba dentro de una bolsa, desnuda y con quemaduras en todo el cuerpo, la policía ya estaba relacionando este asesinato con el primero debido a la similitud de los casos, antes de que se cumpliera la semana de la segunda victima apareció la tercera, esta estaba en el patio trasero de una vecindad humilde, sobra decir las condiciones en que fue hallado el cuerpo, el pánico se apodero de toda la ciudad, ya no había duda, los asesinatos estaban relacionados, un asesino en serie estaba suelto. Menos de una semana después apareció la cuarta victima, una compañera de escuela de Ana, increíblemente su cuerpo fue encontrado en uno de los salones de la escuela, este no estaba dentro de una bolsa pero tenia todas las demás marcas ya sabidas, la ultima había aparecido tres días antes, fue encontrada sin vida por su marido, estaba tendida en la cama de su cuarto con la “marca registrada” del “purificador”.
¿Pero por qué le llamaban el purificador? Junto a todas sus victimas el asesino colocaba una nota que decía: esta mujer estaba manchada, yo me he encargado de limpiarla, de purificar su cuerpo, para que encuentre la salvación eterna”
Eran alrededor de las 5 de la tarde cuando Gonzalo regresaba a su casa, iba tan agotado que solo pensaba en llegar, tirarse en el sofá y ver la televisión un rato, al entrar a su casa vio a Miguel jugando con la consola de videojuego, tiró el saco en un silla y se sentó en el sofá a observar como jugaba su hijo, mientras su mente vagaba muy lejos de ahí.
-¿y tu hermana se encuentra en su cuarto?- preguntó al muchacho.
-No, en cuanto llegó de la escuela se salio de nuevo, dijo que no se tardaba, que era importante.
Al oír esto la rabia se apodero de Gonzalo, su hija lo había desobedecido, a pesar de que le había prometido lo contrario, empezó a patear y tirar cosas, el joven se asustó, jamás había visto así a su padre, después de un rato se calmó, se volvió a sentar en el sillón y ahí se quedó mirando el televisor fijamente, con el rostro desencajado pero sin hacer nada más…
Cuando el reloj marcaba las ocho de la noche la puerta de la casa se abrió de golpe y entró corriendo Ana muy asustada, Miguel se encontraba aún jugando con la consola y Gonzalo permanecía todavía en el sofá, al oír la puerta volteó a ver quién era, al observar que era su hija se levanto para regañarla, pero la actitud de ella se lo impidió.
-¡papá me viene siguiendo el asesino! ¡Papá protégeme por favor!- entro gritando Ana al mismo tiempo que se tiraba a los brazos de su padre.
-¿Qué dices? -Dijo su padre- tranquila Ana, cuéntame que te pasó. Tranquila, ya estas conmigo, no te va a pasar nada, ¿Quién dices que te venia siguiendo?
– el asesino, el purificador…
El semblante de Gonzalo se puso serio, como un gesto de preocupación y asombro. Ana continúo.
-Venia de camino hacia acá cuando un hombre me empezó a seguir, yo lo note y camine mas rápido, pero el hombre también acelero el paso, entonces yo me eche a correr hasta que llegue acá, fue horrible papá, pensé que me iba a alcanzar, ya no vuelo a desobedecerte, perdóname.
Gonzalo fue hacia la ventana y observo hacia fuera, no había nadie, aseguró la puerta y se dirigió hacia su hija.
-esta bien, no pasa nada, solo recuerda que todo lo que hago es por tu bien, vete a acostar, te hará bien descansar.
– si papá, pero quiero pedirte un favor.
-dime hija.
-quisiera dormir contigo esta noche, si no te molesta.
– esta bien. Vámonos, Miguel tú también a la cama.
– Papá pero si a penas son las ocho.
-dije a la cama- y a regañadientes el joven se fue a su cuarto.
La noche pasó de lo mas tranquila, Ana se durmió casi al instante, afuera solo se oía el leve murmullo de las copas de los árboles mecidas por el viento, todo estaba tranquilo, solo había una persona en ese lugar que no podía dormir, Gonzalo pasó una mala noche, no podía dejar de pensar en lo que le dijo su hija, el asesino la había seguido, ¿era eso posible? Se revolvió en la cama una y otra vez, preocupado y consternado, algo tenía que hacer…
Al otro día se levanto temprano, tenia que entregar unos documentos a las 9 de la mañana y no los había terminado, así que tenía que ir al computador de su oficina a terminar el trabajo, despertó a su hija y le dijo que se debía ir al trabajo, que faltara al colegio para que descansara, él se encargaría de avisar “despiertas a tu hermano para que no se le haga tarde” fue lo último que le dijo antes de salir.
Eran las 6:30 am cuando llegó a la empresa, le sorprendió ver el convertible blanco de su jefe estacionado en la calle, ¿seria posible que ya estuviera dentro? Quiso abrir la puerta principal pero estaba cerrada con llave, tal vez el carro no era el de su jefe, pero no era muy común ver esos tipos de autos en cualquier lugar, abrió la puerta con sus llaves, el jefe se las había dado para los casos donde tenía que llegar temprano como ese día, se dirigió hacia su oficina, todo estaba en silencio, cruzó el pasillo y al acercarse a su oficina oyó ruidos que le hicieron sobresaltarse, eran especies de murmullos y parecía que venían de la oficina del jefe, se acercó en silencio, a cada paso que daba las voces se hacían mas claras, llegó a la puerta de la oficina y pego la oreja lo más posible para oír lo que pasaba dentro…
-asíiii papi!, muy bien haaaaaaa….hoooooo! siiiii
-¿te gusta?
-¡me encanta!
– eres espectacular Maritza, desde hoy vas a ser la jefa de recursos humanos, yo se que ese tonto de Medina quería este puesto, pero la verdad es que tu me has dado mucho más, tu mereces este puesto mami, y va hacer para ti.
– gracias cariño, sabia que podía contar contigo.
Los alaridos de placer continuaron, Gonzalo se quedo atónito, con la boca abierta, y de repente una incontrolable ira se apodero de él…
Eran las 11 de la mañana cuando las ambulancias salían con el cuerpo de Maritza de la empresa, el pánico se apodero de todo el personal, había sido asesinada en su propia oficina, pero no había sido un asesinato normal, tenia las huellas que tanto miedo habían provocado a ultimas fechas, había sido asesinada por el purificador, la empresa se cerro y empezaron las investigaciones, la policía no permitió que se fuera nadie, Gonzalo estaba siendo interrogado por un policía en ese momento.
-Entonces ¿Dónde dice que se encontraba en el momento del asesinato?
– ya le dije que estaba en mi oficina.
-¿Y no oyó nada? Algún grito o algo
– no, nada, parecía un día normal como cualquier otro
En ese momento Gonzalo vio a lo lejos como su hija Ana se acercaba, venia con los ojos vidriosos y la cara desencajada, se fue directo hacia su padre y le arrojó unos papeles en la cara, para inmediatamente propinarle una bofetada, Gonzalo se quedo atónito, no sabia cómo reaccionar ante tal situación.
-eres un desgraciado, un maldito asesino-le gritó su hija.
-¿que te pasa hija, porque me dices eso?
-¡lo se todo! ¡Descubrí estas hojas en tu cuarto, tu eres el asesino…tu mataste a todas estas mujeres, eres un asesino!
– tranquilícese señorita-le dijo el agente- dígame que es lo que quiere decir.
Ana miró al policía, respiró hondo y pasado un rato, le dijo:
-Señor oficial, mire, encontré estas hojas en la recamara de mi papá, cuando las vi no lo podía creer, aquí cuenta todo, como las mataba, que les hacía, ¡es horrible!
– el policía tomo las hojas, leyó un poco, miro a Ana y después a Gonzalo, hasta que por fin dijo:
-Señor me tiene que acompañar, esta metido en serios problemas.
El juicio duró poco, pues las pruebas eran contundentes, aparte de las hojas se le encontró una daga en su maletín que contenía sangre fresca de Maritza, además encontraron en su recamara ropa suya manchada de sangre de las victimas, fue condenado a cadena perpetua y el caso se cerró, por fin la ciudad dormía tranquila, el asesino había sido detenido, la pesadilla había terminado.
Un mes después de dictada la sentencia Gonzalo se encontraba sentado en un rincón de su celda cuando el guardia le dio una noticia:
-¡Hey tu, tienes visita!
Quién podría ser, pensó Gonzalo, la incertidumbre le duró poco, su hija apareció de repente, traía un puñado de hojas en su mano derecha.
-Hija que bueno que viniste, ¿como estás, y tu hermano?
– bien Papá- dijo Ana fríamente.
-tienes que creer en mi, yo no soy un asesino, no me apellido López, soy Medina, es estúpido que crean que me cambie el apellido yo no…
-vine a entregarte esto, por fin lo ha terminado, quiere regalártelo, dice que es lo menos que puede hacer por ti después de que estas pagando la culpa por él- dijo interrumpiéndolo.
– ¿de qué estas hablando hija, que es eso que traes?
– Tómalo, es para ti
Con mano temblorosa Gonzalo agarró las hojas eran como treinta aproximadamente, en silencio empezó a leer:
“La historia que he de narrar a continuación, juro por dios que es real, algún día serán leídas por miles de personas” “yo me encargaré de que mi recuerdo nunca sea borrado de esta inmunda sociedad.” “mi madre una puta que se ganaba la vida en el burdel mas rancio de la ciudad en el que solo la clase proletaria podía pagar para acostarse con una mujer que, o contaba con todas las enfermedades de transmisión sexual de la época o ya rebasaba los cuarenta, demacradas y acabadas por el peso de su “cruz”, mi padre era un borracho cualquiera como los que abundan en la ciudad, robaba para poder mantenerse su vicio”
Gonzalo continúo leyendo, a cada palabra sentía unas terribles punzadas en el corazón:
-¡que es esto! Que diablos significa esto.
– es su historia papá, por fin la terminó.
-¿de qué hablas?
-estas hojas jamás las saque de tu recamara papá, fue solo una trampa, el cuchillo te lo puso el propio asesino en tu maletín, eres tan despistado que yo sabia que lo dejabas en tu oficina cuando salías, tu ropa yo la manche con la sangre de las victimas, todo fue un plan perfecto ¿no crees papá? Ahora él y yo podremos ser felices.
-Pero que estas diciendo Ana, no lo puedo creer, ¿por qué? ¡¡¡Eres un monstruo!!!
-No papá esas mujeres se merecían eso, eran unas mujeres indignas, tenían amantes o eran chicas que tenían relaciones antes del matrimonio, como mi compañera ¡eran unas pecadoras!
Gonzalo no podía creer lo que oía, su propia hija era una asesina, su “angelito” estaba relacionada con el purificador, por un momento no dijo nada, se sentía mareado por tremenda noticia, por fin Ana rompió el silencio:
– me tengo que ir papá espero que encuentres la paz en este lugar…
Ana dio media vuelta y se dispuso a salir, de repente se detuvo y giró la cabeza:
– ha, por cierto ni se te ocurra mencionar esto a la policía, no te van a creer, de eso me encargo yo, además seguro que estas mejor aquí adentro que afuera, puede ser que después de un tiempo el purificador vuelva a aparecer, no se ha quedado satisfecho, adiós papá, te quiero.
Gonzalo se quedó noqueado, ni en sus peores pesadillas habría creído esto que le pasaba, observo marchar a su hija, tenía la boca seca, miró las hojas que tenía en las manos y se dijo que jamás sabrían que las tenia, mientras tanto, afuera, un convertible blanco esperaba la salida de Ana.
FIN………




Mabel
Un relato impactante, de película. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido
Efrén Yair
muchísimas gracias, saludos!