La reencarnación

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Creo en la reencarnación, por eso me hice veterinario. En todos los animales hay una vida anterior tratando de limpiar su alma. ¿Volveré a la tierra como un caballo, como un conejo o como una cucaracha?.

Siempre pienso que pude haber conocido a esa persona que estoy tratando y que ahora es un perro, un gato o un conejo blanco, por eso soy sumamente cuidadoso. Siempre converso con ellos y les cuento sobre mis sueños, como el de irme a Miami y tener un spa para animales de lujo.

La gente del barrio comenta por ahí que soy un solitario, y que ando en malos pasos, pero son puras copuchas de gente sin vida, creen que tienen el derecho de opinar sobre mí porque me conocen desde chico y tenían una buena relación con mis padres, claro que sólo cuando estaban sanos, cuando se enfermaron, ya nadie más los visitó.

Pero hoy estoy muy contento, porque ellos volvieron a mí. Lo sé porque esa pareja de perritos que amaneció en la entrada de mi consulta tienen un lazo conmigo, lo sé por sus miradas, por sus gestos y forma de mover la cola. Lo sé, son ellos, son mi papá y mi mamá.

Los bañé y curé de heridas que sufrieron en la calle, quizás cuánto tiempo les tomó llegar hasta acá. Hacen gruñidos amistosos, se nota que están felices porque los reconocí. Pero pronto comenzaron a rodearme, a ladrar y aullar sin motivo. Comencé a confundirme, a sentirme mareado y no entendía nada. Cerré los ojos y dejé caer mi rostro al suelo.

Sólo recuerdo el sueño, eran mis padres en su forma humana. Me hablaron sobre mis deseos, que debía cumplirlos pronto, ya que se me agotaba el tiempo, debía vivir de la forma que quisiera, antes de que pasara a otra vida.

Desperté asombrado, pronto entendí el significado de su visita. Ellos me miraron indiferentes mientras se rascaban las pulgas, pero yo ya tenía claro cuál era su mensaje, así es que tomé el dinero que tenía en la caja fuerte de la consulta, agarré las llaves de mi auto y conduje hasta el casino.

Sin pensar dos veces comencé a apostar en todos los juegos, y tuve buena racha, tanta, que llegué a tener más de 18 millones en mis manos. Entonces comencé a sudar y mi corazón latió cada vez más fuerte. Tuve ganas de pararme y salir corriendo gritando de felicidad, pero no puedo, porque perdería.

Seguí ahí hasta las 12.20, toda la noche y toda la mañana jugando sin parar. Mis ojos comenzaron a dilatarse y mis manos se pusieron temblorosas al dejar las fichas, todas, en un sólo número, el 25, el día en que nací, la fecha en que murieron mis padres, el día en que Chile saldría campeón de la Copa Confederaciones. Rodó la bolita, cayendo en el interminable remolino de rojos y negros, pares e impares, en el abismo de la suerte, mientras la ruleta baja poco a poco la velocidad, pero sube la intensidad de mi sangre, junto a mis sueños, que se concentran en una posibilidad.

La bolita se detiene. Escucho el sonido del click cuando cae en la casilla y el crupier grita 26 negro. Luego escuché dos estruendos que me ensordecieron y no recuerdo más que las luces y el sonido repetitivo de las máquinas.

Ahora como siempre temí, camino por los basurales y las suciedades de la ciudad. Reencarné en cucaracha.

 

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    21 agosto, 2017

    La reencarnación es una vuelta a través de una época ya vivida. Un abrazo Akira y mi voto desde Andalucía

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